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Hace dos días, en el otro lado del continente surgió una denuncia, que traspasó las fronteras de Inglaterra, la madre de un niño con autismo ha demandado a un colegio por ponerle un chaleco reflectante en el recreo, para que todo el centro escolar supiera que el menor padecía este trastorno del neurodesarrollo. La progenitora tachó este accionar de la maestra y del colegio como una “discriminación brutal”.

Es una madre que se ha metido en esta contienda legal por los niños con autismo, y el caso se ventila en tribunales de justicia.

Esa es también la realidad de las personas con capacidades diferentes (Síndrome de Down, autismo, Asperger, trastornos visuales, motores y auditivos), en nuestra región. Por esto, los padres luchan por la inclusión en el sistema educativo regular, lo que, según ley nacional, es un derecho inalienable. Asimismo, abogan por el cambio de actitudes, comportamientos y prácticas de los demás.

Cifras

Según una investigación de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (Jica), en el país existen 113 centros de educación especial a los que asisten 8.644 niños con necesidades educativas especiales; cifra que representa solamente el 3% de los 291.081 niños con discapacidad calculados por el Ministerio de Educación.

Sin embargo, estos niños, de ninguna manera deben ser solo cifras, son seres humanos, son personas, son ciudadanos con derechos, como todos los demás y, la educación es un derecho y constituye una obligación incluir a las personas con discapacidad en el sistema educativo regular.

Imparables

Al ser éste un grupo de personas de los más invisibilizados en nuestras sociedades, “el desafío de los padres comienza en el momento en que el niño soñado y esperado llega con una condición diferente. Una vez asimilado el hecho irreversible, comienza un largo peregrinaje de especialista en especialista, viendo cómo es posible ayudar a que esa criatura progrese. Sin embargo, cuando las cosas parecen ir bien dentro de casa, es hora de integrarlo a la sociedad; ahí comienza otra dura batalla, cuando las personas miran al niño (a) con lástima, asombro y no falta quien también trate de disimular e ignorar para no incomodar”, remarca la coach de vida y pedagoga, Valeria Nazer de Parada.

Lamentablemente, tanto los colegios particulares como los fiscales tienen dificultades al momento de aplicar la Ley Educativa que establece la inclusión de las personas con discapacidad en la educación regular. Por ello, los padres de niños con capacidades diferentes, no descansan en su cruzada. Y esa debe ser tarea de todos, enseñar inclusión en el hogar y en las escuelas.

¿Cómo expresarse?

Wilma Khon de Sánchez, abogada, madre y directora de la Fundación de Niños con Síndrome de Down (Fusindo), aclara que lo correcto es decir personas o niños con capacidades diferentes, aunque si se trata de aclarar la situación se puede colocar cuál es el tipo de discapacidad.

Es importante usar los términos correctos. En todos los casos, siempre hay que hablar primero de la persona y luego se puede decir la discapacidad, como el caso de persona con discapacidad auditiva, persona con discapacidad motora, persona con discapacidad visual, persona con discapacidad sicosocial o persona con discapacidad intelectual.

Sobre ello, la Convención Internacional por los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas (ONU), dispuso que el término adecuado para referirnos a las personas que tienen una o más discapacidades es: personas con discapacidad o personas en situación de discapacidad.

Normativa legal

A propósito del 12 de abril, hay que recordar que el gobierno boliviano, mediante Decreto Supremo 04017 de 11 de abril de 1955, instituyó como Día del niño el 12 de abril, atendiendo la propuesta de la OEA y la Unicef.

En 2013, mediante ley 357 de 13 de abril, se abrogó el Decreto Supremo No. 04017 y se reinstituyó el 12 de abril como Día de la Niña y del Niño en el Estado Plurinacional de Bolivia. Este cambio surgió a iniciativa de la Red Parlamentaria por la Niñez y Adolescencia con el objetivo visibilizar la situación de las niñas bolivianas, sus necesidades y cuidados específicos que requieren para alcanzar su derecho a la igualdad y equidad de género.

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