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A varias cuadras se percibe el olor a pan recién horneao. El local continúa en la casa familiar de los padres de Ana María Méndez Hurtado de Cronenbold, en la esquina de la calle Nicolás Suárez y la avenida Charcas. El olor se transforma en una gran variedad de panes y masas típicas de Santa Cruz... y los sentidos se atiborran de aromas, formas y sabores. Nadie se resiste a esas delicias, al pasar por aquella casa azul pastel, con un letrero de grandes letras blancas.


La Panatteria y sus horneados

¿Se te antoja un cuñapé, un sonso, una empanada de maíz, un masaco de yuca o de plátano, un pan de arroz, tamales, panes caseros, integrales, el pan francés más rico de la ciudad? Todo eso encontrarás en La Panettería, un local muy acogedor con los aromas que remiten al buen trabajo con la masa, a las mixturas precisas con queso, charque u otros ingredientes bien cruceños.

Este surtido de horneaos caseros son la habilidad de Ana María, ella heredó la pasión por hacer pan, le gusta el oficio artesanal y tiene todo el tesón, la fuerza y la voluntad de madrugar todos los días, salir adelante en situaciones complejas, entender el negocio, reconocer los buenos productos, elaborar y crear; ese es su talento.

Ana María cuenta que el principal motivo para aprender el oficio de hacer pan, es el “amor por el buen comer”, le gusta la cocina, experimentar sabores, descubrir y hacer sus propias recetas. “Mi madre, Gladys Hurtado comenzó hace más de 25 años un pequeño negocio de minimercado de barrio y comenzó haciendo dos o tres kilos de pan para sus clientes más asiduos, y se convirtió en el pan casero más solicitado. Muchos años después nace una inquietud por volver a abrir un negocio con la receta exitosa de mi madre, así nace mi panadería en el mismo lugar de hace 25 años”, aclara.


Herencia emprendedora

La motivación era tener un propio negocio. Así fue y es. Este emprendimiento la llenó no solo de satisfacciones personales y económicas, sino que ya es una pequeña empresa donde da trabajo directo a cerca de una decena de personas y apoya a muchos más indirectamente, como proveedores de insumos y pequeños productores.


El trabajo en tiempos difíciles

La pandemia paralizó su horno, pero fue por poco tiempo, luego su hija menor le puso el hombro y juntas se reinventaron, sin temor a la competencia, ni al virus, estos desafíos sirvieron para que continúen creando nuevas recetas.

La pandemia que inició en marzo de 2020 hizo que se replantearan los términos en que debía continuar la panadería. El primer impulso fue cerrar por completo el negocio que le había dado tanto y despedir al personal que la acompañaba por tanto tiempo.

Luego vieron una luz al final del túnel, la pandemia y las cuarentenas dieron una tregua, entonces, la menor de los Cronenbold Méndez, Alejandra, fue quien comenzó a elaborar un nuevo proyecto, con una visión más moderna, pero siempre en base a la fabricación artesanal con miras de expansión a más sucursales.

“Somos socias con Alejandra, en este renacido emprendimiento y hoy tenemos ocho colaboradores, que se han puesto la camiseta en estos tiempos tan complicados. Creo que este negocio será de herencia para mis hijos, la ciudad ha crecido bastante y cada vez es más difícil encontrar panaderías como ‘las de antes’ que nos transporten a los sabores de la abuela que nos hacia ese pan casero que tanto nos gustaba”.

Esto es lo que le ofrece La Panetteria, sabor casero con muchos panes y masitas de óptima calidad.

Cuidados con la bioseguridad “Es obligatorio el uso del barbijo, el lavado de manos constante y las pruebas aleatorias al personal para resguardar la salud de todos los que trabajamos dentro y para la atención más segura de nuestros clientes”, remarca Ana María.

De cerquita

Ana María Méndez, es cruceña y cumplió 60 abriles. Se crió en Montero, estudió en el colegio e internado María Auxiliadora. Se formó como secretaria ejecutiva en el Instituto María Goretti de nuestra ciudad y muy joven se unió en matrimonio con Jorge Cronembold Justiniano, con quien formó muy orgullosos a sus cuatro hijos, Bárbara, Johany, Jorge y Alejandra.

Recomendado

Entre los atentos vendedores detrás de los mostradores, las bolsas ecológicas para entregar las compras, las coquetas canastas llenas de panes, y la gente ansiosa por adquirir esos manjares, salimos de La Panetteria con los sentidos emocionados por los aromas y sabores que nos regresaron a los horneaos de abuelita.Dejamos la esquina de la tradición, frente a la plazuela Humbolt, con la promesa de volver a saborear el sano gusto de los panes y masas de Ana María y Alejandra.


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