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El horno se fue calentando poco a poco con las ideas y luego con la práctica de esta valiente emprendedora. De pronto, un día de marzo de 1988 nació el Horno Caliente, en la esquina tradicional de las calles Moldes y Chuquisaca. Los horneaos típicos cruceños eran muy cotizados por los vecinos y visitantes de otros barrios, provincias y departamentos del país. Siguen siéndolo, la tradición del café de la siesta es solo nuestra y Cinthia la preserva celosamente.


Cinthia Amelunge Paz, es cruceña, está casada con ‘Julico’ Cronembold, tienen cinco hijos, Silvia, Cinthia, Eduardo, Julio César y Mariana, y siete hermosos nietos que la rodean.


Ella es la promotora del emprendimiento familiar que se fue cimentando con harina, queso, yuca, plátano, charque, almidón, arroz, huevo y mucho tesón, mezcladitos con amor. Ese amor que se prodiga de madre a hija, de suegra a nuera querida, y así han pasado los años.


Pero el sabor de los horneaos del Horno Caliente se mantiene intacto, las recetas sufrieron pequeñas transformaciones hasta dar en el clavo con la medida exacta. De eso se encargó Cinthia con sus asistentes, siempre mujeres, por cierto. “Porque entre nosotras nos tenemos que dar la mano”, indica orgullosa de su legado impecable.


¿Cuál es su horneao preferido y con qué lo acompaña?

Mi favorito es el cuñapé y lo como con un rico café, bien caliente.

¿Con cuál de sus delicias conquistó a su esposo?

La empanada de pollo, definitivamente, es su pedido de todos los días, sobre todo que siempre esté bien caliente y jugosa, así le gusta.

¿Tiene hijas o nietas que estén siguiendo sus pasos?

Si, una hija y un hijo, que me están colaborando con el proyecto de expansión de la empresa.

¿Ha pensado en poner sucursales y salir del Casco Viejo de la ciudad?

Si, pensamos expandirnos, tenemos la mirada enfocada en la zona norte.

Se puede decir que todos los horneaos típicos no tienen secreto en la elaboración, pero los del Horno Caliente, ¿qué tienen de particular y qué los diferencia de los demás?

Nunca hemos cambiado las recetas, los procesos y las herramientas son las típicas de Santa Cruz de antaño, como el tacú para moler la yuca y la cazuela para amasar el cuñapé.

¿Sabe cocinar platos típicos, le gusta hacerlos? ¿Cuál es su favorito?

Me gusta mucho el majadito con su huevo frito y su plátano. Completo y bien servido.

¿Tiene alguna anécdota sobre las masas o preparaciones?

En una ocasión, a la masa del cuñapé, una nueva trabajadora, puso harina de arroz en vez de almidón y tuvimos que botar toda la masa. Suele pasar, hasta que aprenden. Yo les enseño con paciencia y humor.

¿Ha tenido clientes famosos, que visitaron su salón de té?

Si, hemos recibido presidentes del Comité Cívico de cada gestión y alcaldes; pero tengo varios clientes fieles, que se convirtieron en amigos con el pasar de los años, que acuden todos los días, de lunes a sábado a tomarse su cafecito con su masaco. Todos son importantes, los encorbataos, como los que no usan traje.

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