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En medio de un panorama devastador en el que se ve arder la Chiquitania boliviana desde hace más de un mes, se percibe en el municipio de Concepción la llegada de voluntarios organizados de diferentes regiones, profesiones y edades. Todos con el mismo anhelo de aminorar las dificultades que se viven en estas zonas.

Hasta la fecha, el fuego arrasó gran parte de la Chiquitania, un bosque seco considerado único en el mundo. En las calles de Concepción, se ve la gran ayuda que llega de todos lados. Nadie quiere quedar indiferente. Los profesores en las puertas de los colegios invitan a los voluntarios a servirse un plato de comida; ofrecen ropa, hidratantes y duchas. Por otro lado, los padres de familia cocinan, mientras que los jóvenes hacen una cadena humana para descargar las donaciones que llegan en camiones.

Ellas en el incendio.

Celia Capobianco es paceña y estudió ingeniería comercial. Llegó a Santa Cruz para servir y contribuir al medioambiente apagando incendios en distintas misiones designadas, en este caso, en la Chiquitania. Para ella, es difícil terminar la misión sin ver muchos cambios del desastre; sin embargo, se siente agradecida por el apoyo de la gente: “De esta misión, siento mucha rabia, nos vamos desolados; realmente te rompe el alma ver cómo se ha destruido todo. Lo que me llevo es la solidaridad de toda la gente, eso creo que ha sido muy reconfortante, muy bonito a pesar de la calamidad”.

Mildred Meneces, es estudiante de último año de Medicina. Ayuda a los voluntarios que sofocan el fuego brindando colirios, sueros fisiológicos, rehidratantes orales e inyectables, a quienes padecen dolores musculares.

Llegó a la zona del desastre luego de ver el problema en los medios de comunicación: “Es esa impotencia de no saber qué hacer y también de ver la realidad para entrar en consciencia porque te cuentan muchas cosas, pero no puedes hacer mucho sentándote en casa. Espero que nunca se vayan los corazones voluntarios de cada persona y que siempre haya amor hacia la naturaleza”.

Wara Orosco, es estudiante de Veterinaria. Uno de los factores que la motivó para realizar este viaje fue la necesidad de ayudar: “Me sentía demasiado impotente y sentía que tenía que ir y aportar. Hemos conseguido donaciones de medicamentos y materiales de curación para los animales y comida.

Mi experiencia en todo esto la podría describir como devastadora, ya que vivirlo es completamente diferente a que lo ves en Facebook. Ha llegado un momento en el que el fuego nos había acercado y se escuchaba cómo los animales gritaban de dolor, de susto y cómo escapaban; se escuchaba correr, se sentía la desesperación. Eso es algo que rompe a cualquier persona”.

Las tres coinciden en volver al lugar dentro de un tiempo, ya que lamentablemente el trabajo en esta región no va a terminar tan pronto como se espera.

CELIA CAPOBIANCO (DE AMARILLO) INGENIERA COMERCIAL
WARA OROSCO ESTUDIANTE DE VETERINARIA
MILDRED MENESES (DE AZUL) ESTUDIANTE DE MEDICINA

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