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Para Ellas entrevistó a la profesora María Rosario Cuéllar Languidey, hace 10 años, donde contó su pasión por la docencia, trabajaba como directora en dos unidades educativas, estudiaba guaraní en la UAGRM, acababa de concluir una maestría en la EMI y tenía todavía una gran meta por cumplir, ser catedrática en la universidad estatal cruceña.

Como los sueños se cumplen trabajando, ella continuó capacitándose. Se abrió el primer doctorado en Investigación Científica y Pedagogía de la Educación, en la Facultad Integral del Norte, ubicada en Montero, y sin dudarlo se inscribió. Acaba de obtener este título. Tres años más de esfuerzo y preparación, que atesora y hoy luce con su pecho henchido de orgullo.

Este es el relato de su preparación en las aulas, como alumna y como maestra: “Desde mi niñez tuve sueños y proyectos, que he venido cumpliendo de forma decidida y constante. En 1970, ingresé a la Normal Rural de Portachuelo Rafael Chávez Ortiz, egresé de maestra en 1974. Elegí ser maestra e irme a estudiar a Portachuelo, porque soy de Montero y muchos motivos influyeron en la decisión de seguir esta carrera.

Empecé a trabajar en la escuela de la Colonia Okinawa 1, con la materia de Lenguaje nivel intermedio, fue la primera experiencia como maestra y me gustaba compartir mis conocimientos con los estudiantes. Luego de tres años, me trasladé a Mineros y trabajé en el Colegio Nacional Mixto Mineros, con la materia de Química, nivel secundario.

Con el correr de los años vine a vivir a Santa Cruz y me postulé a una dirección, la que gané y me designaron en la Unidad Educativa Isuto, turno mañana, ahí tuve la colaboración de todos los padres de familia y de la Junta Escolar, quienes, al ver mi esfuerzo y trabajo con los niños y jóvenes, me nominaron Cruceña de oro, en un espacio que tenía la red Unitel. Me sentí muy halagada.

Después de 40 años de trabajar en el sector fiscal me jubilé y continué con el Colegio Particular Mixto Boliviano Paraguayo, donde sigo prestando servicios hasta hoy.

Me casé, tuve cinco hijos varones (Mauricio, Rolando, José Carlos, Fernando y Oswaldo), pero esas amadas responsabilidades no fueron impedimento para seguir estudiando. En mi afán de superación, cursé la licenciatura en Administración Educativa, en la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, de Tarija; la que culminé en 1999.

Como mi sueño era ser docente de la Universidad Autónoma Gabriel Rene Moreno, seguí estudiando una maestría en la Escuela Militar de Ingeniería Mcal. Antonio José de Sucre y recibí mi título de Magister Scientiarum en Educación Superior Universitaria, en agosto de 2011. Esta vez, conté con el apoyo de mi esposo, Oscar Osinaga, que me motivó a continuar en las aulas.

Posterior a ello, y con la ayuda del Dr. Marcelo Sosa, Decano de Humanidades de la UAGRM, ingresé a trabajar en la Unidad de Postgrado en 2017, al mismo tiempo trabajaba en la Facultad Integral del Norte, donde continúo trabajando hasta hoy, dictando Taller de Grado, Planificación Estratégica, y otros.

Al presentarse el primer Doctorado en Investigación Científica y Pedagogía de la Educación, en la Facultad Integral del Norte,

decidí tomar este desafío, a cuyo propósito, se necesita ser perseverante, vencer obstáculos y volar alto; habiéndolo obtenido en el mes de agosto de este año.

En nuestros tiempos es absolutamente necesario, contar con los conocimientos suficientes para impartirlos a los estudiantes, motivarlos a que sigan estudiando. El estudio es una inversión sana que abre muchas puertas y oportunidades de toda índole y no debemos detenernos en nuestro propósito de superación constante. De esta manera, me siento orgullosa que a mis 67 años haya culminado el doctorado; me siento útil a la sociedad; especialmente al estudiantado de pre y post grado universitario”.

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