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Ser madre es más difícil de lo que cualquiera pueda contarte... pero también es más gratificante de lo que podrán explicarte. Es una frase que viene al dedillo en esta nota donde cuatro mujeres revelan lo lindo y lo difícil de ser mamá. 

Testimonios
“Ser mamá es descubrir fortalezas que no sabías que tenías y miedos que no sabías que existían”, dijo una de ellas. Porque querer ser mamá no tiene nada que ver con la edad, los estudios, ni el barrio en el que vivís; Ana y Betty han luchado hasta decir basta por concebir un hijo; la primera aguarda a su primogénita y la segunda abraza desde hace 25 años a su único retoño. 

La otra cara de la moneda son Irene, con ocho muchachos que crió sola, y Aleida, de San Ignacio de Velasco, que tiene siete descendientes. 

 

“Lo concebí a pesar de que tenía un mioma en el útero. Fue un milagro” 
Betty Coimbra Ferrari

Celebra la vida de su único hijo Bernardo Mercado, quien acaba de cumplir 25 años. 
Hacia finales de los 80 y principios de los 90 la medicina estaba en otra altura, hice tratamiento para embarazarme, por dos años más o menos, no habían los médicos obstetras que ahora te hacen muchacho con los adelantos de la tecnología y la ciencia. Yo soy enfermera y trabajaba con profesionales en ginecología, cosultaba con ellos  y me tenían un especial cariño para atenderme. Después de muchos intentos fallidos, estudios dolorosos para ver si mis órganos reproductores estaban normales y tras dos años de tomar toda clase de medicamentos, me embaracé, tenía 42 años.

Tuve un embarazo tranquilo, continué trabajando en la Caja Petrolera y en el área de enfermería de una cooperativa. Lo delicado y sorprendente de mi gestación era que tenía un mioma de unos 800 gramos dentro del útero. Así y contra todo pronóstico, concebí a mi hijo. Fue un milagro, mioma y todo se formó y se desarrolló. Para los médicos fue una sorpresa mi caso. El parto fue cesárea.

Dos años después me hicieron la histerectomía y me quedé solo con mi ‘adulao’, ya sin posibilidad de volver a gestar. Es realmente tormentoso lograr ser mamá para algunas mujeres, primero es concebir con dificultad, el embarazo, el parto y la crianza, es un gran trabajo, una gran responsabilidad, pero la recompensa es muy grande".

 

 

Irene Saldías: “A todos mis hijos los tuve en casa con una matrona, aun cuando ya vivía en la ciudad” 

De sus ocho retoños lamenta haber perdido a su benjamín hace menos de un año. Por él guarda luto
En tres días cumpliré 63 años, nací en la población chaqueña de Cuevo. Soy mamá de ocho hijos, mi primera hija (Nancy) la tuve a mis 16 años y después de ella vinieron cuatro más(María, Lucía, Lorgio y Marcia), ya vivía en Gutiérrez, Cordillera. Después de muchos años me trasladé a la ciudad y aquí tuve tres hijos más (Marcela, Ángela y Alejandro). 

A los primeros cinco los crié en el campo con la ayuda de mi marido; después aquí en la ciudad crié a los otros sola trabajando en labores de casa o como lavandera, así los saqué adelante, todos son gente de bien. Sigo trabajando pero no me exijo tanto, ahora ellos me ayudan.  
Tengo 24 nietos (Andrea, Beto, Robiño, Maira, Alfredo, Gloria, Tatiana, Efraín, Giancarla, Lucas, Mariel, Joel, José, Víctor, Victoria, Joan, Joselín, Daniel, Diego, Neyer, Arianne, Isabel, Bruno y Leandro). Y nueve bisnietos, pero no me acuerdo de  los nombres de todos. 

No me costó dar a luz a mis hijos, salvo la segunda, por la que sufrí dos días con los dolores de parto, sufrí mucho esa vez. Todos fueron partos normales, siete tuve en casa con la ayuda de una matrona y una sola vez acudí a un centro médico, de mi sexta hija, pero como no me convenció, los dos últimos volví a recurrir a la partera; en la casa es más íntimo y uno está en confianza.

Mis hijos siempre están a mi alrededor, son buenos y trabajadores; solo lamento la partida temprana de mi chiquitito, con poco más de 20 años se me adelantó, pero me dejó un nietito para mi consuelo". 

“Siempre fui ama de casa y yo los crié a mis hijos, no las empleadas, ni las niñeras” 
Aleida Gómez.- Es madre de siete hijos, un varón y seis mujeres; se casó joven y confiesa que no fue fácil criar tantos vástagos, pero fue más llevadero gracias al apoyo de su esposo. Hoy cuatro están casados y tres dependen de ella.

Aleida Gómez (47) afirma que no cambiaría su historia de madre por nada. Se convirtió en mamá a los 18 años, y fruto de esa unión tuvo siete hijos. El mayor (29) es el único varón y el resto, seis mujeres. Cuatro ya salieron del nido y formaron su propia familia y tres aún están a cargo de ella y su esposo. La última y la más pequeñita tiene nueve  años. 

“No ha sido fácil, pero al lado de un buen esposo, la responsabilidad se hace más llevadera”, afirma esta mujer oriunda de San Ignacio de Velasco y casada con Romer Saucedo.
Siempre fue una mujer dedicada a su hogar y se llena de orgullo haber criado personalmente a sus hijos. “No los crié con empleada ni con niñera”, dice. Prefiere no encasillarse como una madre antigua o moderna, sino como una madre que trató siempre de educar a sus hijos entiéndolos y comprendiéndolos, inculcándoles valores y principios, pero también castigando, de vez en cuando, con ‘chicote’. 

Dalcy Morón Flores : “Mi hijita llenará ese gran vacío de amor maternal en mi corazón. Nacerá en agosto” . Cumplió siete meses de gestación. Se prepara para estrenarse en el rol que más anheló en su vida 

Antes de llegar a mis 30 años empecé a buscar un heredero, primero naturalmente, seguía los consejos de las amigas que te dicen: tomá esta yerbita y esas cosas; he comido miel de abeja señorita, polen y remedios. Luego de un tiempo acudí a un ginecólogo para ver si tenía algún problema, me dijo que tenía una matriz infantil, pero no lo creo.
Mis amigas me anoticiaban de alguna curiosa o matrona que santiguaba con hierbas para fertilizar, yo iba. ¡Qué no he hecho!. Lograba embarazarme y lo perdía antes de las doce semanas. Fueron cuatro pérdidas dolorosas.

En una ocasión fui a un médico especialista en fertilizaciones y famoso en la ciudad, me hizo muchos tratamientos, gasté más de Bs 70.000 en ese intento, igual lo perdí. Después volví a insistir sin tratamiento y de nuevo fracasé. Después de ello levanté los brazos, me rendí. Lo que pasa es  que mis hermanos y mis padres sufrían conmigo. Una vez mi mamá me dijo: "Ya basta mi hija querida, yo igual la quiero así, sin hijos". Y paré.
Sin pensarlo me embaracé y mirá ya tengo siete meses, es un embarazo muy delicado, pero sigo trabajando, mientras la espero ansiosa”. 

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