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Hace 21 años, el Bella Vista se convertía en el primer multicine de Bolivia. Con dos salas superconfortables daba la opción a los cinéfilos de elegir entre dos películas, toda una novedad en aquella época. Detrás de este emprendimiento estaban Alfonso Saavedra y su esposa, Mariela Menacho, una pareja que apasionada por el séptimo arte creó varios festivales y apoyó la realización de otros. Fue así que el entonces Festival Iberoamericano de Cine cobró espectacularidad gracias a ellos: la magia y glamour que tuvo en cierto tiempo fue un aporte de los esposos.

Hace unos años, Mariela Menacho quedó sola a la cabeza del Bella Vista. Una enfermedad le arrebató a su compañero de vida y de películas, y como Don Quijote empezó a luchar contra los gigantes que llegaron al país con multisalas dentro de enormes centros comerciales.

A la par, la mujer, que fue una reconocida modelo publicitaria en su juventud, fungía como madre y gestora social.

El cine tiene la edad de su hija mayor…

Mis tres hijos se criaron en las salas del cine; con decirle que mi hija mayor en ratos parece encantada, ¡vive en una fantasía! (risas). Sí, ella tiene 21 años y como sus hermanos siente pasión por todo esto.

¿Cómo fue que se convirtió en el alma del Bella Vista?

Cuando terminé de estudiar Comunicación Social, mi esposo me dio el cine para que lo administre. Yo no tenía la menor idea de cómo funcionaba un negocio así y, además, aún no tenía la costumbre de mirar películas, pero empecé a hacerlo y le agarré el gusto.

Sentí que, para desarrollar estrategias de marketing, tenía que estar apasionada por el Séptimo Arte, porque ¿cómo podía decirle a la gente que vaya al cine si yo no lo hacía? Y así nació la pasión.

Entonces con una agencia de publicidad manejé la información más peculiar de las películas para crear noticia, de modo que los periódicos la difundieran de forma noticiosa. Paralelamente seguí la manera más tradicional de hacer publicidad, hacía caminatas con parlantes para promocionar los estrenos. Fue una aventura emocionante que emprendí.

Tener un cine en esta época de austeridad, piratería, gran competencia y Netflix, no debe ser fácil

No, no es fácil. En varias ocasiones he considerado cerrar el cine, pero pese a las malas circunstancias que hemos atravesado y seguimos atravesando, siento que tengo un vínculo sentimental y de tradición con él, tanto por la familia de mi esposo como por mis hijos. El bisabuelo de mi esposo fundó el primer cine en Santa Cruz y de allí ese amor que él sentía por el Bella Vista, amor que contagió a todos los que lo conocimos.

 Pese a que su negocio debería ser lucrar con las salas de cine, continuamente ofrece descuentos en las entradas

Es un compromiso que tengo con Santa Cruz: dar la oportunidad a la gente de escasos recursos económicos de disfrutar de una película y de esa manera culturizarse, aprender, abrir la mente, conocer otros mundos, aprender.

Estoy convencida de que el cine es un instrumento muy poderoso para cambiar la mentalidad de la gente. Además del programa de responsabilidad social llamado Uniendo Familias, tenemos promociones semanales que ofrecemos al público para que venga al cine, y no se quede sin ver una película.

Por ejemplo, los lunes con la entrada se obtienen las pipocas y gracias a la Fundación Bolivia en Acción, que creé, los niños que vienen acompañados de sus padres tienen descuentos en boletería.

 ¿Qué más hace la Fundación Bolivia en Acción?

Cuando percibí el impacto que tenían las películas en los niños de los albergues que invitaba al cine, desarrollé un programa educativo sobre la importancia de la disciplina en los menores, que incluso me ayudó en la formación de mis hijos, ya que los valores nacen en la casa, se practican en la escuela y se ejercen en la vida.

El objetivo de la fundación es trasmitir principios y valores universales a niños, jóvenes e incluso adultos, desarrollando actitudes positivas a través de proyectos y talleres interactivos con producciones visuales.

¿Sus hijos heredarán la tradición del Bella Vista?

Mi hija mayor, Mariela, estudia Arquitectura en Roma. Judy, la segunda, cursa Economía, en Milán y Armando, el menor, saldrá bachiller este año. Los tres tienen bien claro que después de salir profesionales deberán volver para aportar al desarrollo del país y sería genial que paralelamente sigan de alguna forma con la tradición cinematografía.

Curiosamente, mucha gente no conoce el cine Bella Vista. ¿Cómo sería un llamado publicitario para que visite más gente sus salas?

Cines Bella Vista es un cine como los de antes, pero con la tecnología del mundo moderno.

Si bien no contamos con patio de comidas, parque de diversiones o tiendas comerciales -porque somos cine no shopping-, sí tenemos lo último en equipos para brindar películas con calidad de imagen (3D y 4K) y sonido. Somos una empresa diferente, tenemos un compromiso con la gente, tanto es así que en el futuro me gustaría implementar una cadena de cines con salas pequeñas, para llevar buenas historias a las zonas más alejadas de la ciudad.

 ¿Qué hace usted cuando no está trabajando en diseño de campañas o en el cine?

Me encanta la naturaleza, ¡vivo en medio de ella!

En mi tiempo libre hago cosas útiles con madera y me entretengo con mis mascotas; también hago ejercicios diariamente para desestresarme.

Pero las funciones del cine son todos los días del año, por lo que siempre tengo que estar pendiente; gracias a la tecnología en las comunicaciones puedo tener control de todo y con mi equipo de trabajo que es súper eficiente, cualquier problema se puede solucionar.

 Y hablando de eso, ¿usted cree que todo se puede solucionar en la vida?

Si cambiás el modo de ver las cosas, las cosas cambian.

En mi vida he tenido muchos obstáculos y sufrimiento, pero con la fortaleza de Dios pude sobrellevarlos y cada uno me ayudó crecer y a mirar el mundo desde otra perspectiva.

Además, con paciencia todo se alcanza.

Esta es la historia de una pasión, que sostengo a puro pulmón y con todo el amor del mundo.

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