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Viuda con dos niños que criar (uno de siete y otro de 10), Martha Holters decidió abrir una panadería en el garaje de la casa de su mamá. Pese a que su progenitora era una experta en el arte de elaborar pan, ella no tenía ni idea del oficio y por eso, tras comprar una máquina, aceptó la oferta de la empresa de traer al país a un maestro panadero peruano. 

El hombre le sugirió contratar dos personas sin experiencia y Martha encontró a las ideales: dos jóvenes que estaban carpiendo un lote. Ellos aprendieron del chef extranjero a hacer pan industrial e internacional, y de la matriarca de la familia, pan casero.

“Mi mamá siempre hizo pan para vender en las ventitas, era su manera de ayudar a papá y mi abuela hizo lo mismo en el campo.

 Me crié con ese aroma y ahora mi vida transcurre con el olor del pan recién horneado”, recuerda la empresaria. “Antes, toda mujer tenía su oficio en casa para tener su platita. En mi caso, yo la necesitaba para sustentar a mi familia”.

 ¡Y le fue bien!

Teniendo en cuenta que no sabía hacer pan y que no era administradora de empresas, debo agradecer a Dios porque sí nos fue bien. Creamos la primera panadería de barrio.

 ¿Cómo reaccionó el vecindario ante la novedad?

En la semana de apertura regalábamos el pan para llamar la atención de la gente y hacer conocer nuestros productos. El marketing nos funcionó y pronto mucha gente nos conocía. Sin embargo, recuerdo que dos dueñas de pulperías se molestaron porque creían que les queríamos robar los clientes; pero el sol sale para todos; pese a nosotros y a otras panaderías que abrieron después, ahí siguen las pulperías vendiendo pan.

 El tiempo trajo competencia…

Y nos obligó a reinventarnos. En ese entonces vi la necesidad de los horneados típicos; para comprarlos la gente tenía que ir hasta los salones de té del centro. De Concepción traje a una señora que había vivido en la casa de mis abuelos y sabía hacerlos; con ella comenzamos a hacer tamales, rosquitas, empanadas de arroz y de maíz. Más tarde, la zona se llenó de jóvenes por los colegios y universidades, y ellos demandaban otras cosas. Inventé la empanada de tortilla y el cuñapé relleno con ingredientes de pizza. Mis hijos y sus amigos eran los que probaban los nuevos productos.

¿Por qué Mr. Bread? 
Mi padre le puso el nombre. Como vivimos muchos años en Estados Unidos, estas palabras eran familiares para nosotros y obviamente estaban siempre muy presentes en nuestra casa. Pero acá la gente nos conocía más como ‘la panadería’, una especie de eslogan que yo le puse porque había personas que no podían pronunciar bread.

¿Vienen cambios para Mr. Bread?

Mi hijo mayor (Marcelo Pereyra) la modernizó al salir de ingeniero industrial y con mi hijo menor (Leonardo Pereyra), que estudió panadería industrial en Ecuador, hemos decidido re conceptuar la panadería. 

De ser Mr. Bread, la panadería pasará a ser Mr. Bread, café y pan. Usted podrá venir a trabajar en su laptop o a servirse un café en nuestra cafetería y, al final, llevar el horneado a casa. 

Queremos ofrecer diferentes clases de sándwiches y de pastelería, pero con precios asequibles para que la gente que no puede ir a almorzar a su casa, se quede con nosotros. Por otro lado, de los 120 productos que tenemos, solo vamos a dejar los que son estrella, como la línea integral, la línea proteica, los horneados típicos, los molletes… ¡Ah! y vamos a tener nuestro propio café artesanal.ia

¡Eso es innovación!

Siempre lo hemos hecho. Nosotros hicimos el primer pan ciabatta especial para paninis y nos atrevimos a mezclar diversas semillas en la misma masa del pan integral.

 Pero la panadería es más que pan, ¿también hay conservas?

Desde que empezamos ofrecemos nuestros escabeches de berenjena y poroto. Cuando las probé supe que tenía que aprender a prepararlas, me dieron las recetas y ahí están. Son artesanales y a la gente les encanta.

 ¿Por qué habla en plural?

Porque nunca trabajé sola. Al principio fue con mis padres y después con mis hijos, cuando ellos ya eran profesionales. Actualmente, trabajo con mi hijo menor, él maneja la panadería. El otro tiene su propio negocio de galletas. Además, tengo gente trabajando conmigo desde hace muchos años.

¿Al ser Mr. Bread la primera panadería de barrio, seguramente también ha sido una escuela?

Sí, la verdad es que quienes han salido de acá se han ido sabiendo trabajar, con una profesión para enfrentar la vida.

Hemos capacitado a nuestros funcionarios desde cero. La idea es que aprendan a la perfección sin importar si después se van. Uno de los primeros panaderos con los que inicié la empresa, ahora tiene su panadería en Barcelona.

 Y nos enorgullecemos de las personas que llevan mucho tiempo con nosotros, como Favio Matorra, panadero que ya tiene 16 años de antigüedad y la administradora, Marlene Sandagorda, con 20 años.

Usted cumplió su objetivo: crió a sus hijos con la panadería    
Lo que pasa es que la mujer cruceña no se queda con hambre ni deja que sus hijos pasen hambre. ¡Ella para la olla! Hace pan o refrescos para vender o a las seis de la tarde tiene listo su rapi y majao para venderlos como cena.