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Desde hace siglos la Iglesia católica prohíbe comer carne roja durante la Semana Santa, llamando al ayuno y la abstinencia, como una forma de acercarse a la santidad y alejarse del pecado de la gula.

Si de tradiciones se trata, en nuestro país, tanto los habitantes del occidente, los valles y el oriente, destacan en cuanto a devoción y seguimiento fiel de costumbres. No solo asisten masivamente a los actos litúrgicos, sino que preparan con religiosidad los platos típicos.

No obstante, también desde hace cientos de años esa prohibición fue entendida de otra forma y la gastronomía adquirió matices peculiares, llegando a la curiosidad del preparado de 12 platos, en evocación de los 12 apóstoles que compartieron la última cena con Jesucristo. Una costumbre enraizada en el altiplano boliviano.

El objetivo era tener a 12 comensales en la mesa, y si no había invitados, se repartía entre los vecinos los platos. Pero últimamente, la costumbre de la docena de comidas se flexibilizó bastante, por cuestiones de la globalización o escases de dinero.

Las 12 comidas de occidente

Braulia Vargas Rocha, cochabambina de costumbres arraigadas que radica en la capital cruceña desde hace casi dos décadas, hace memoria de los 12 platos que se elaboraba antiguamente en su casa: sopa de papapica, sopa de papalisa, sopa de cabeza de pescado, sajta, carbonada, jolke de escariote, pescado frito, papas a la huancaína, pesque de quinua, queso humacha, ají de arvejas y arroz con leche, para el postre”.

En el oriente y los valles

Silvia Céspedes Banegas, cruceña y de padres nacidos en esta tierra oriental, cuenta que el Viernes Santo tiene la costumbre de hacer empanadas de atún al horno o pescado a la parrilla, dependiendo de los ingresos económicos del mes. 

Es una costumbre que repite Betty Coimbra Ferrari, también cruceña, a estos platos agrega la carbonada de zapallo con queso y cebollita verde, es la delicia de esa jornada de recogimiento, así como el ‘maneao’ de arroz con frejol y queso”.

Por su parte, Dalcy Morón Flores revive las veladas en la mesa familiar en Tucumancillo, comunidad a pocos kilómetros de Vallegrande: “El Viernes Santo en mi casa, la mamá no desayuna, los demás sí; luego almorzamos guiso de lacayote o de papalisa sin carne, con arroz, choclo, mote y ensalada con queso”.

Asimismo, Elsa Cortez Balderas, maestra que nació en Vallegrande y radica en Santa Cruz hace más de 40 años, conserva las costumbres que le transmitió su madre: Ají de lacayote y arroz con queso; para acompañar hacemos maíz tostao; el postre es arroz con leche y por la tarde humintas a la olla y al horno”.

Desde la Chiquitania, Lenny Sevilla de Middagh, oriunda de San Ignacio de Velasco, relata que su plato favorito el Viernes Santo, es arroz con queso y frejol fresco, los que pueden comprarse pescado, lo hacen y los que no, acompañan con huevo duro y camote.

Por su parte, la camireña Griselda Lino Alvarado narra que, en esa región del chaco boliviano, las humintas (tamales) a la olla y al horno, así como el choclo con queso, son los manjares que se saborean el Viernes Santo, porque el maíz es la base de la alimentación de la población de la zona.

Igualmente, la chaqueña Roxana Villa de Lora Gareca, natural de Aguas Blancas, una población del municipio de Caraparí, provincia Gran Chaco de Tarija, conserva las tradiciones de sus antepasados y el menú de Viernes Santo, siempre es el pescado a la parrilla.

En el otro extremo del país, en Rurrenabaque, Guísela Guerrero Rivas, cuenta que los benianos comen pescado con plátanos, acompañado de un vaso de fresca chicha o somó, también horneados típicos de la región.

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