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“Es un hecho que la genética tiene una gran influencia en la manera de envejecer.

Pero, es necesario mencionar que enfocarnos solo en nuestra genética para lograr los objetivos de belleza y bienestar sería un error, la genética en conjunto con el medio ambiente y el estilo de vida, son los tres factores que al final del día van a repercutir en nuestra piel y bienestar en general”. Destaca nuestra asesora Rita Medina, presidenta del Colegio de Nutricionistas Dietistas de Santa Cruz.

Los avances en las investigaciones del genoma humano han demostrado que la genética influye en un 60% en el proceso de envejecimiento y, que hay genes responsables de brindar humedad, elasticidad y capacidad antioxidante al cuerpo. Muchos creemos que el cuidado de nuestra apariencia, reside en el exterior, pero, la realidad es que el envejecimiento viene desde el interior del organismo.

Radicales libres

El envejecimiento no se puede detener. Si bien no sabemos cómo detenerlo, somos expertos en acelerarlo. Una de las principales causas es el estrés oxidativo, producido por los radicales libres, un subproducto de ciertos procesos en el interior de las células. Más radicales libres, más oxidación, más viejos.

Los radicales libres se producen por el consumo de tabaco. La exposición excesiva al sol, hace que las células de la piel envejezcan antes. El estrés crónico, una dieta alta en azúcares y grasas inflamatorias, la falta de sueño y el sedentarismo, hace que el cuerpo y, sobre todo, la mente, envejezca antes.

Aunque no se haya conseguido interrumpir el envejecimiento, sí se puede actuar sobre las enfermedades que causa, y sobre sus síntomas. En algunos casos se trata de reparar el daño causado por la edad, en otros, evitar en lo posible que se acelere el proceso natural.

Las hormonas

A medida que envejecemos los niveles de las hormonas más importantes empiezan a descender como la testosterona, la hormona del crecimiento, los estrógenos y la melatonina, que se promueven como la fuente de la eterna juventud.

A partir de los 30 años, los niveles de testosterona descienden en hombres y mujeres, con efectos devastadores: más grasa, menos libido, menos densidad ósea, menos músculo, menos motivación y menos ganas de vivir.

La terapia sustitutiva de testosterona, en hombres, puede aliviar los síntomas, pero no retrasa el envejecimiento, y viene acompañada de riesgo de trombosis y cáncer de próstata. En las mujeres, puede aumentar el riesgo de cáncer de mama.

Hacé pesas

Un síntoma de vejez es la pérdida de masa muscular. A partir de los 30 años los que no hacen ejercicio, pierden entre un 3 y un 5% de músculo cada 10 años.

El deporte es bueno, pero no se conocía cómo afecta el ejercicio al interior de las células, y cuál funciona mejor. En un reciente estudio de la clínica Mayo, se compararon los resultados de sedentarios, mayores y jóvenes, que tuvieron que hacer o bien ejercicios intensos de intervalos o ejercicio moderado durante 30 minutos.

Los resultados: las personas que hacían pesas ganaron más fuerza y masa muscular.

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