Criada por sus abuelos y marcada por una infancia llena de desafíos, Roxana Sampaio, fundadora de la academia Katihusca, es hoy un ejemplo de resiliencia. Su historia, que comenzó lejos de las comodidades y con la ausencia de su madre, está tejida con momentos difíciles que supo transformar en impulso para salir adelante. A los 22 años vivió uno de los episodios más significativos de su vida al conocer a su mamá, un encuentro cargado de emociones que marcó un antes y un después en su camino personal.
Para ella, sus abuelos representan el pilar fundamental de su vida. Más que cuidadores, fueron sus guías, quienes le inculcaron valores como el esfuerzo, la disciplina y la fortaleza espiritual. Esas enseñanzas siguen siendo su brújula hasta hoy, especialmente en los momentos más complejos, cuando debió enfrentar retos emocionales y superar el miedo al fracaso. Aunque reconoce que la ausencia materna dejó huellas, también afirma que cada experiencia la fortaleció y le dio una visión más clara de lo que quería construir para su futuro.
Roxana Sampaio logró abrirse camino en el rubro de la belleza, donde encontró su vocación y decidió emprender. Así nació la academia Katihusca, un proyecto que no solo refleja su talento, sino también su historia de lucha. Aunque en el proceso hubo dudas y temores, nunca dejó de creer en sí misma. Hoy, mira atrás con gratitud, reconociendo que cada obstáculo fue clave para convertirse en la mujer y empresaria que es actualmente. “Mi mamá es mi todo, una persona muy importa en mi vida, no hay día que no recuerde a mi madre, extraño sus llamadas. Yo a mis hijos siempre les digo que los amo mucho, no hay cosa más grande que el amor de una madre, no hay reemplazo que te llene más que el amor de una madre”, afirma Roxana.