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Cuando sufrimos injusticia, llega una enfermedad, las circunstancias agobian o sentimos impotencia para cambiar la realidad familiar, política, social, humana, miramos a Cristo en la cruz. Porque este es un signo de salvación, es el símbolo de la fe y el emblema de los creyentes.

Cuando la Iglesia levanta la cruz, recordamos la exhortación del Señor: “Quien quiera ser mi discípulo, que cargue con su cruz y me siga”, dice Edith Stein o Teresa Benedicta de la Cruz, religiosa carmelita, filósofa, mártir y santa, alemana de origen judío, que murió en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en su libro La exaltación de la Cruz.

“La obra de ella y de otros santos, es una guía para comprender y vivir estos días”, indica la comunicadora carmelita, Patricia Roca.

 

 

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