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Como una previa a la publicación del librito de Para Ellas, Dietas ¡YA!, en su nueva versión para la temporada invernal, hoy destacamos las últimas evidencias científicas que avalan el poder de las vitaminas y minerales contenidos en los alimentos frescos.

Podemos destacar que las verduras y frutas, no solo nos ayudan a mantener una salud óptima y a prevenir las enfermedades; sino que de hecho son vitales para revertir los procesos de contagios e infecciones, así como subir nuestras defensas y protegernos de los males propios del invierno: resfríos, gripes, amigdalitis.

¿Necesitamos tomar un complemento vitamínico?

Estos micronutrientes son esenciales para la salud integral, de eso no hay duda. Pero ¿cuál es la mejor forma de consumirlos? Los suplementos son básicamente píldoras que se pueden comprar en farmacias y contienen dosis específicas de ciertas vitaminas y minerales.

Si bien es cierto que las personas deben obtener una variedad de nutrientes todos los días, no se recomienda la ingesta cotidiana de suplementos vitamínicos casi todos sintéticos.

Para cumplir este objetivo, la nutricionista puede realizar pruebas de salud, identificar posibles deficiencias y darle los consejos más apropiados sobre los vitamínicos, asegurarse de que una persona obtenga exactamente lo que necesita y en la cantidad correcta. Las verduras y las frutas coloridas deben ser parte de nuestra alimentación diaria, alertan los últimos estudios que muestran varias propiedades antes desconocidas, como anticancerígenas que evitan el envejecimiento prematuro de las células.

Las vitaminas hidrosolubles ¡son vitales!

Las hidrosolubles (que se disuelven en agua) se desplazan libremente por el organismo y las cantidades en exceso generalmente las eliminan los riñones. El organismo necesita vitaminas hidrosolubles en dosis pequeñas y frecuentes. Estas vitaminas tienen menos probabilidades de alcanzar niveles tóxicos que las liposolubles (que pueden disolverse en grasa).

Pero la niacina, la vitamina B6, el folato, la colina y la vitamina C tienen límites máximos de consumo. Ante todo, una alimentación equilibrada suele proporcionar la cantidad suficiente de estas vitaminas. Sin embargo, en el caso de las personas de más de 50 años y algunos vegetarianos podrían necesitar suplementos para obtener suficiente vitamina B12. Todo bajo la orientación del nutricionista.



Los indispensables

Tiamina (Vitamina B1). Ayuda a las células a convertir los carbohidratos en energía. Es muy importante durante el embarazo y la lactancia, esencial para vivir con el corazón y las neuronas sanas. Se encuentra en la carne de cerdo, panes y cereales integrales, legumbres, nueces y semillas

Riboflavina (Vitamina B2). Funciona con las otras vitaminas del complejo B. Sirve para el crecimiento corporal y la producción de glóbulos rojos. Está en loa productos lácteos, verduras de hojas verdes, panes y cereales integrales.

Niacina (Vitamina B3). Buena para el aparato digestivo, la piel y los nervios. En dosis altas también tiene efectos que reducen el colesterol. Se encuentra en la carne de res, aves, pescados, panes y cereales integrales, verduras (especialmente hongos y hojas verde), mantequilla de maní.

Piridoxina (Vitamina B6). Ayuda en la formación de glóbulos rojos y al mantenimiento de la función cerebral. Está en las carnes, pescados, aves, verduras y frutas (de colores intensos).

Ácido fólico. Necesario para producir ADN y células nuevas; actúa con la vitamina B12 en la formación de glóbulos rojos. Controla el crecimiento tisular y la función celular. Está en las verduras de hojas verdes y legumbres, semillas, jugo de naranja, hígado y granos refinados.

Cobalamina (Vitamina B12). Es importante para el metabolismo. Ayuda en la formación de glóbulos rojos y al mantenimiento del sistema nervio[1]so central. Se encuentra en las carnes, aves, pescados, mariscos, huevos, leche y productos lácteos. (No se encuentra en alimentos de origen vegetal).

Ácido ascórbico (Vitamina C). Es un antioxidante que favorece los dientes y encías sanos; ayuda al cuerpo a absorber el hierro, a mantener el tejido saludable y el sistema inmunológico. Esencial para la cicatrización de heridas. Se encuentra en las frutas y verduras, especialmente la acerola y todos los cítricos, verduras crucíferas (repollo, brócoli), melón, frutillas, pimentones, tomates, papas, papayas, mangos y kiwis.

Por: Rita Medina - Nutricionista/Dietista

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