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“A partir del 10 de noviembre de 2019, después de 21 días en los que se escamoteó la voluntad popular expresada en las urnas, que dieron un ganador, Bolivia fue escenario de una guerra interna y sistemática contra el pueblo, particularmente contra los más humildes”, dijo Luis Alberto Arce Catacora, cuando apenas iniciaba su discurso de asunción a la Presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia. 

Hacía apenas minutos que había jurado al cargo con la mano derecha sobre el corazón. David Choquehuanca, su vicepresidente, le había impuesto los símbolos del presidente: una banda tricolor con la kantuta y el patujú, además de la medalla de Bolívar.

Ya se había cantado el Himno Nacional en castellano e idiomas nativos, ya Choquehuanca había dado un prólogo filosófico y lleno de promesas de unidad, ya el mismo Arce había saludado a los visitantes, al rey Felipe VI, al presidente colombiano Duque, al canciller de Irán, al representante de China, de Emiratos Árabes, al de Marruecos y al de Venezuela. 

Ya había agradecido a su familia, se había disculpado por los 12 años de ausencias cuando fue ministro y les pidió cinco años más de tolerancia para ser presidente, pero cuando entró en materia, Arce ajustó cuentas con el Gobierno de Áñez y rápidamente lo definió como un golpe de Estado.

“Se sembró muerte, miedo y discriminación, recrudeció el racismo y se usó la pandemia para prorrogar a un gobierno ilegal e ilegítimo”, dijo y comenzó una especie de denuncia y catarsis que no paró hasta nombrar a los muertos en Sacaba, Senkata y El Pedregal. Choquehuanca, minutos antes, había sido más amplio en la lista de muertos por la violencia política de octubre y noviembre del año pasado.

Había incluido a los caídos en Betanzos, pero también en Montero. “Sacaba, Senkata y El Pedregal son una prueba irrebatible de la brutalidad del régimen, pero también son símbolos de dignidad y resistencia”, resumió el presidente.

Arce iba a arreones entre el discurso reconciliador y el ajuste de cuentas. Citó, por ejemplo, a Marcelo Quiroga Santa Cruz para decir que no lo mueve la venganza sino la sed de justicia, sumó que se iniciaba una nueva etapa la historia de Bolivia con un gobierno para todos, sin discriminación de ninguna naturaleza, que buscará reconstruir la patria en unidad para vivir en paz.

Pero volvía al reclamo del año de Áñez. Cuando habló de democracia recordó que durante meses “se llenaros la boca de democracia para unos, mientras intentaban proscribir no solo al MAS sino al pueblo en su conjunto”. 

Recordó que a los masistas se los tildó de salvajes, asesinos y terroristas, que se humilló a la mujer de pollera y se quemó la wiphala. Dijo que todo eso se gestó desde sectores minoritarios de la población, que la última elección lo demostró y denunció que algunos grupos quieren volver a una democracia excluyente, mutiladora de la plurinacionalidad y en la que no participen las mayorías.

“El 18 de octubre obtuvimos una histórica victoria en las urnas con más del 55%. 

Somos mayoría. Eso quiere decir que la población boliviana votó por la paz, por la esperanza y la dignidad, por el respeto de todos y todas”, dijo, en otro momento de reconciliación, para luego matizar que no es libertad, bienestar y alegría para unos cuantos, sino para todos. Ahí llegó el momento más autocrítico, quizá cuando la mirada de Arce fue más atrás de octubre de 2019: “Asumimos este mandato que nos da la población para trabajar incansablemente y con la humildad por la reconstrucción de nuestra patria y nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y a profundizar lo que estuvo bien”.

A partir de ahí fue entrando en su materia, en el campo económico. Habló de la triple crisis que enfrenta Bolivia, la política que la situó en la salida del MAS del poder y la achacó “a un gobierno que no salió de las urnas, ni del respeto a los reglamentos de la Asamblea, ni mucho menos de su apego a la CPE”. 

Le sumó el coronavirus y la mala gestión de dicha crisis y de la económica, a la que definió con una sola frase: “En un año se retrocedió en todas las conquistas del pueblo boliviano”. En este campo, se negó a aceptar que toda la caída de la economía se deba a la pandemia. Dijo que comenzó desde el momento del “golpe de Estado”, por el cambio abrupto de sistema económico y se agudizó con la crisis sanitaria.

“Hoy nuestra economía nacional está en medio de una recesión profunda. En la actualidad, se tiene la caída del PIB del 11,1%, según el dato publicado por el INE al segundo trimestre de este año. 

Nuestro país pasó de liderar el crecimiento económico de Sudamérica durante seis años, a presentar la caída más fuerte de la economía en los últimos 40 años. Del mismo modo, el déficit fiscal programado alcanza al 12,1% y se convierte en el más alto desde el periodo de la UDP”, dijo.

Informó además que se había endeudado al país en un año con $us 4.200 millones, de los cuales 1.900 provenían del Banco Central de Bolivia, 800 millones de la emisión de bonos y créditos externos por más de 1.500 millones.

Solo para cerrar el año se había programado un endeudamiento adicional de Bs 4.400 millones. Otro de los indicadores que no son una buena noticia para el Gobierno entrante es la reducción de un 13% de las reservas netas internacionales, de $us 6.459 millones, a 5.578 millones. El dato más llamativo es que solo en octubre de este año se redujeron 700 millones a las RIN.

“El Gobierno de facto deja una economía que no se veían ni en la UDP”, remarcó. Como para dar un rayo de esperanza después de cifras tan demoledoras, aseguró que tienen grandes proyectos que van a poner en marcha, gradualmente, en los próximos meses y que hay que ponerse a trabajar cuanto antes, porque “día que pasa sin tomar acción, día que se complica la situación de Bolivia”.

Al final de su discurso, recordó sus recorridos durante la campaña, donde recogió el dolor y la esperanza de la gente, prometió no olvidarla. Pidió a la oposición trabajar juntos. Les recordó que a pesar de las diferencias están obligados a estar a la altura del pueblo, que demanda unidad, paz y certidumbre.

“Levanto mis ojos y veo que una Bolivia mejor es posible. Caminemos en paz, lado a lado para lograrlo. Vamos a salir adelante”, dijo solo a los asambleístas del MAS. Comunidad Ciudadana, a la cabeza de Carlos Mesa, se había retirado en protesta por la eliminación de los dos tercios del reglamento de la Asamblea y los asambleístas de Creemos ni siquiera asistieron al acto, estaban en misa en Santa Cruz de la Sierra.

Reacciones

El discurso de Arce no dejó contento a los analistas, que esperaban mucho más de economía y menos de política. Así lo vio Franz Flores, doctor en Ciencias Políticas, que esperaba mayor claridad programática al momento de asumir el mando de la nación en un momento de crisis.

Marcelo Arequipa, también doctor en Ciencias Políticas, divide en dos el discurso. Por un lado escuchó a un Arce enfático y político dando su punto de vista de lo que ha pasado, y por otro, al Arce gestor de lo que viene, en clave presente y futuro económico y un poco de pacificación del país.

Cree que el discurso tendrá distintas reacciones según los públicos. Ve un discurso construido para el público que votó a Arce, que espera que se resuelvan los casos de Sacaba y Senkata, que no será bien recibido por los opositores.

Para José Alberti, economista, quedó claro que la economía volverá al modelo aplicado durante 14 años de Evo Morales y eso, en su opinión, no ayudará a salir de la crisis económica actual, ya que cree que el modelo solo funciona en épocas de bonaza.