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Si algo mostró la encuesta de CiesMori, difundida el miércoles por Bolivisión y Unitel, es que la elección está abierta y la posibilidad de la segunda vuelta está más cerca. Luis Arce Catacora (Movimiento Al Socialismo), Carlos Mesa Gisbert (Comunidad Ciudadana) y Luis Fernando Camacho Vaca (Creemos), son los únicos candidatos que pasan del 5% de intención de voto y se repartieron los que perdieron Jeanine Áñez (presidenta y expostulante a seguir en el cargo por Juntos), Chi Hyun Chung (Frentre Para la Victoria) y Tuto Quiroga (Libre 21), dejando intacto ese bolsón de votos que conforman los indecisos (no sabe), voto secreto y blanco y nulo, que suman 27,5% del total de los votos y que hoy por hoy, si fuera candidato, sería segundo y competiría con Arce en una segunda vuelta.

Aquí hay algunas noticias: los blancos y nulos bordean el 6% del total de voto por lo que están en sus márgenes históricos y difícilmente bajarán de allí. 

Lo que queda por disputarse es el 13,3% de indecisos y, de cierta forma, el 8,4% de voto secreto que es una decisión ya tomada, pero oculta de los encuestadores por algún motivo.

Según un estudio de las dos olas de encuestas de CiesMori, hecho por Marcelo Arequipa, politólogo paceño, el porcentaje subido por Mesa y Camacho suma 13,4% (7,6% para Comunidad Ciudadana y 5,8% de Creemos), que es prácticamente lo mismo que tenían de intención de voto en la primera ola Jeanine Áñez y lo que han perdido Chi y Tuto (entre lo menguado por los tres suman 13,3%).

“Mesa y Camacho se reparten ese reacomodo del bloque antimasista y en los hechos no suman nada de indecisos u oculto. Eso quiere decir que no suman nada de mérito propio. En cambio, el masismo suma, muy lento, pero suma.

El electorado indeciso y oculto sigue muy imprevisible y esperando los temas que se discutan en las semanas que nos quedan para las elecciones. Sigue siendo una elección de final abierto”, dice Arequipa.

Pero, ¿quiénes son los del bloque ‘voto oculto’ y quiénes son los indecisos? Esa es aún una respuesta difícil de responder sin conocer los datos de disgregación demográfica y etaria de la encuesta, que suelen dar pistas de por quién se inclinarán estos grupos (hasta la anterior elección, engrosaban las filas de indecisos, mujeres, mayores de 40 años con formación solo escolar, por ejemplo). 

Arequipa intuye que una buena parte del voto oculto irá para el MAS, porque en este tipo de categoría se refugia una militancia contra el poder instituido, en este caso el bloque antimasista. Opina lo contrario sobre el bloque de indecisos (ese 13,3%), cree que son antimasistas radicales que aún no se convencen ni por Mesa ni por Camacho y siguen esperando señales que decidan su voto.

Y buena parte de ese bloque queda por definir votará en Santa Cruz. En el departamento hay 650.000 votantes que no se han decidido por una opción. Para Daniel Valverde, director del Observatorio Político Nacional de la Universidad Gabriel René Moreno, si la votación se definirá en Santa Cruz, este escenario podría favorecer a Mesa. 

Considera que Camacho, con un 35% de intención de voto en Santa Cruz, está muy cerca de su techo de votación, aunque aún tiene margen de crecer. Lo que dejaría a Arce y Mesa discutiendo buena parte de ese caudal electoral, que el año pasado se decantó por Comunidad Ciudadana.

Eso sí, para Valverde, ese bolsón de indecisos tiene un voto más calculado y quiere escuchar algo concreto que lo lleve a votar por una u otra opción. Para esto no ayuda la falta de debate y lo que podría acercar a este votante a Mesa sería su carácter pragmático, que se incline por quién podría ganarle al MAS, por lo que el catedrático de la Gabriel René Moreno ve inminente una segunda vuelta.

 Las estrategias

Pese a estos datos, las tres principales fuerzas no parecen muy decididos a cambiar su estrategia de campaña. Por un lado están Comunidad Ciudadana y Creemos que siguen apostando por constituirse en la mejor opción antimasista. Por otro está el MAS, que pretende que la elección pase por la crisis y no por el clivaje MAS o no MAS.

Por lo pronto, Luis Fernando Camacho no parece estar dispuesto a bajar su candidatura para favorecer el voto útil buscado por Mesa. Desde el campamento de Creemos están convencidos de que las encuestas de CiesMori no muestran la real dimensión de su candidato, que la noche del miércoles, en su perfil de Instagram, escribió lo que pensaba de estas encuestas. Para él, son parte del “fraude que montó el MAS”. Ve en la obligatoriedad de registrar las encuestas, su método y alcance, las condiciona. “Peleamos mucho para que se investiguen y se corrijan todas las irregularidades, pero el pactismo y los intereses de la clase política ganaron esa batalla y no se hizo nada en contra de esa cultura fraudulenta”, escribió.

En ese párrafo se resumen varias bases del discurso con el que Camacho trata de ganar el voto ciudadano. Se trata de un discurso de corte populista, en el que la élite está definida como esa “vieja clase política pactista” y el pueblo, los que se levantaron contra Evo Morales en octubre y noviembre del año pasado.

“Hoy, hay partidos y candidatos que en lugar de buscar la persuasión del votante, apelan a sus vínculos con las empresas encuestadoras y medios de comunicación para direccionar e imponer tendencias en el voto”, escribió en la red millennials.

Así, Camacho se trata de mostrar como la real opción anti-MAS y se plantea a sí mismo con el que único capaz de reconstruir la democracia, ya que ve al partido liderado en esta elección por Arce Catacora, incrustado en todas las instituciones.

Con un discurso definido por algunos analistas políticos como de ‘líder local’, Camacho es sobredimensionado por una amenaza por el MAS y visto como un fenómeno circunstancial por Comunidad Ciudadana, casi como un ‘espantaflojo’.

Eso -fenómeno circunstancial-, le dijo a Camacho, Ricardo Paz. El estratega de Carlos Mesa estuvo ayer en Influyentes, el programa de El Deber Radio, y confirmó que el expresidente e historiador se plantea como “el que verdaderamente le va a cerrar la puerta al MAS y quien le va a abrir la puerta a la salud y la economía”.

“Creo que en los próximos días, las próximas semanas que quedan, las cosas se van a ir definiendo de una manera mucho más clara y me parece que vamos a tener un escenario más o menos parecido al de 2019”, profetizó.

Paz hace memoria de lo sucedido en las últimas cuatro semanas antes de la elección del 20 de octubre, cuando Óscar Ortiz lideraba la intención de voto en Santa Cruz pero fue devorado por el voto útil hasta apenas salvar la sigla de Demócratas, revestida bajo la alianza Bolivia Dice No.

Sin embargo, José Orlando Peralta, politólogo y catedrático de la Gabriel René Moreno, le recuerda a Paz dos aspectos importantes: ni Camacho es Ortiz ni Arce es Evo Morales.

A lo que se refiere el académico es que Camacho tiene fidelizado su voto, incluso más que el propio Mesa. Dos tercios de los que dijeron su nombre como opción de voto no piensan cambiar de opinión.

Eso es casi un 10% que el voto que es totalmente fiel a Mesa. Por otro lado, Arce no asusta tanto como Evo Morales. El exministro de Economía tiene una resistencia (gente que nunca votaría por él) del 35%, lo que lo ubica en el piso de resistencia que históricamente ha tenido el MAS en su contra.

A esas dos particularidades que enunció Peralta, hay que sumarle una tercera: este año Mesa no tiene un líder regional que “traccione” el voto cruceño a su favor. 

En 2019, con la Chiquitania en llamas, fue el propio Luis Fernando Camacho, a los pies del Cristo, ante una multitud reunida para el cabildo del 4 de octubre, el que convocó al voto castigo contra Evo Morales. Eso condecía con la campaña de voto útil de Mesa, que sin ese eslabón con el votante cruceño, de igual manera seguirá con su receta del éxito: “Hemos sido coherentes durante dos años y no vamos a cambiar en las última dos semanas”, admitió Paz, sabedor de que en política, el enfermo que cambia de cama, muere.

Quizás por eso el MAS no se ha cambiado de colchón discursivo desde 2014, cuando la economía estaba por las nubes y el ‘voto billetera’ le dio el triunfo incluso en Santa Cruz. El primer atributo que Sebastián Michel le atribuyó a su candidato fue estabilidad.

El vocero de la campaña del MAS cree que la encuesta de CiesMori le da el primer lugar a Arce Catacora porque la población boliviana valora los 14 años de estabilidad económica y política que vivió con el Movimiento Al Socialismo.

“El segundo elemento es que hay un espacio muy grande en disputa, un 27% de gente que no sabe por quién va a votar”, dice Michel y allí apunta a acabar con el clivaje masismo-antimasismo, para instalar la crisis como principal asunto qué discutir.

Asegura que su candidato tiene una oferta para el ama de casa, el trabajador del agro, el minero, para la gente del sector grastronómico y cree que eso es lo que espera la gente para definir su voto.

Sin embargo, no es seguro que los tres principales candidatos se enfrenten en algunos de los debates planteados hasta la fecha, por lo que las estrategias que este triángulo de postulantes converge en un solo vértice: Luis Fernando Camacho.

Si Mesa quiere comerse los votos del cruceño hasta verlo desaparecer, el MAS quiere hacerlo crecer a golpes. Para Michel, Camacho es un líder peligroso, regionalista y racista que no beneficia el diálogo. Sabe que con eso no cosechará un solo voto del elector cruceñista, pero sí reforzará al excívico, evitando que ese voto vaya a Mesa. Es que, en política, el enemigo de tu enemigo puede ser tu amigo, por más que sea el que lideró la revuelta que te sacó del poder.