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Incluso en retirada, al bloque antimasista se le dificulta pactar y definir una sola cabeza, pese a que saben que es la única forma de derrotar el voto militante azul. “Las elecciones se definen en la última semana”, dice Iván Arias, desde Influyentes en El Deber Radio. Dice que quieren un país libre y democrático y que es el sentido común del bloque que peleó contra Evo Morales, pero en dos elecciones consecutivas no han logrado un acuerdo que los unifique.

Ahora, Centa Rek, de Creemos, dice que todos los candidatos de oposición deben ser electo y una vez fuera de la carrera electoral, la presidenta Áñez debería mantenerse neutral. “No tiene la fuerza para mandar un mensaje. Su propia circunstancia la obliga a guardar silencio”, dice.

Para Pablo Banegas, vocero de Tuto Quiroga en Santa Cruz, es momento de convencer con programa y no con consigna de unidad. “Basta del tole-tole de cuándo se van a unir, es momento de preguntar qué proponen”, dice.

Para Banegas, Tuto lleva desde enero haciendo lo correcto pero impopular: advertir sobre la crisis que se viene y proponiendo un programa electoral.

Lo ‘políticamente incorrecto’ parece ser la marca de Camacho. Para Rek, esto se explica porque “la democracia está primero” y advierte que con “un discurso tibio” se trata de guiar al pueblo hacia un voto útil.

Juntos, Libre 21 y Creemos tienen una matriz ideológica muy cercana, con una idea de economía donde el privado tiene más protagonismo que el Estado e ideas conservadoras en lo social. Sin embargo, sus liderazgos están alejados. Banegas admite que hubo negociación con Creemos, pero no prosperaron y Camacho terminó incluyendo a Tuto en el canasto de la vieja política.

Dura pelea

Hay un segundo lugar que parece indiscutible pero que está cada vez más distante del primero”, dijo Ericka Brockmann, politóloga y exparlamentaria en una sesión del Observatorio Político Nacional de la Universidad Gabriel René Moreno. 

Cree que esta lejanía de Mesa con respecto a Arce solo se explica por el fenómeno Camacho, que de crecer en el contexto cruceño, acercándose al 40% de los votos, podría comenzar a disputar con Mesa el segundo lugar. “El sentimiento antimasista se ha consolidado, pero este votante es muy desconfiado en sus lealtades y es capaz de tomar una decisión en el último momento”, aseguró.

Observa que Mesa debe bajar a Santa Cruz a tratar de convencer al votante cruceño de votar de nuevo por él, pero teme que “no está dentro de sus prácticas y su estilo tratar de convencer”.

Jorge Richter, también politólogo, apunta que la retirada de Áñez no implicará una transferencia lineal de votos para el segundo y que si bien podría beneficiar a Mesa en el occidente es más probable que Camacho sea el destinatario de estos votos en oriente, tanto por identidad como por afinidad ideológica.

Richter explica que en frente tendrán un rival que tiene su voto fidelizado, que ya ha superado los tamices del estupro, fraude y prorroguismo y parece estar por encima del 40%, pero por debajo del 50%. Dice que no le pertenece a la estructura política del MAS, sino al entramado de organizaciones y sindicatos que lo componen.

Así, entre las encuestas de la primera semana de octubre y las decisiones de última hora, esta elección general guarda dos grandes incógnitas: ¿será el bloque antimasista capaz de llevar a Arce a una segunda vuelta? y ¿quién será el ‘abanderado’ de esta opción.