Guido Áñez Moscoso volvió a Santa Cruz después de 17 años. En la política boliviana muchos lo conocen como “Chelelo”, el exministro y exprefecto que reapareció en el programa Influyentes de EL DEBER, en un momento marcado por la crisis económica y la fragmentación política. En sus primeros días de de retorno, tiene una imagen clara: “Vi una Santa Cruz pujante, con un dinamismo impresionante y con ganas de salir adelante” .
Su regreso no es solo personal. Ocurre en un contexto político y económico delicado, donde —según su lectura— Bolivia enfrenta una oportunidad tan clara como frágil.
La clave: acuerdos políticos para salir de la crisis
“Los resultados electorales mostraron que el país quiere racionalidad, quiere cambio. Pero si no hay acuerdos políticos, parlamentarios y sociales, va a ser muy difícil salir de esta coyuntura”, advierte .
El diagnóstico no es nuevo, pero sí más directo. Para Áñez, el país no solo arrastra problemas económicos, sino una herencia política compleja. “El MAS nos ha dejado muchas bombas de tiempo, trampas y mafias organizadas en el Estado”, sostiene.
En ese escenario, plantea la necesidad de un programa de salvataje nacional, más allá de acuerdos coyunturales. “El país necesita un programa de reconstrucción nacional y un reordenamiento de la política”, afirma .
El principal obstáculo, según su análisis, es la fragmentación del sistema político. “Son 69 fuerzas políticas en municipios y varias alianzas en el Parlamento. Todo el mundo quiere su pedazo de pastel”, señala.
En ese contexto, la gobernabilidad depende de la capacidad de articular consensos. Y lanza una advertencia clave: “Necesitamos entender que nunca más vamos a tener dos tercios en el Parlamento”.
Tensión social y disputa política
El contexto también está marcado por presión social. En la antesala del Primero de Mayo, Áñez diferencia entre demandas legítimas y agendas políticas.
“A los sectores que piden reivindicaciones hay que atenderlos. Pero a los que quieren volver al pasado, la respuesta tiene que ser política”, sostiene .
Y apunta directamente a la Central Obrera: “Ese no es un pliego petitorio, es un programa de gobierno retrógrado. Si quieren aplicarlo, que se presenten a elecciones”.
El exministro confirma que ya retomó contacto con el Ejecutivo. “He estado conversando con el presidente y con varios ministros. Vamos a profundizar esas conversaciones”, señala.
Su lectura final combina advertencia y expectativa. Bolivia —dice— no está condenada, pero sí condicionada por su capacidad política.
“El país necesita acuerdos. Sin acuerdos, no hay salida”, resume.
Santa Cruz y el motor económico
En su primera impresión, hay un punto que destaca: la resiliencia económica cruceña. “A Santa Cruz no la para nadie en lo económico”, afirma.
Pero agrega una condición clave: ese dinamismo necesita acompañamiento político. Sin acuerdos, advierte, el crecimiento pierde sostenibilidad.
Porque en esta coyuntura, la economía ya no depende solo de recursos o mercados, sino de decisiones políticas que todavía no terminan de consolidarse.