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Antes de entrar a la casa de Demócratas frente al Colegio Uboldi, Óscar Ortiz, ahora exsenador y exministro, se deshizo de una mochila pesada y se desahogó: “Creo que es un error de la presidenta Áñez entregarle todo el control de la Presidencia al ministro Murillo. Él es ministro de Gobierno, tiene sus funciones; sin embargo, quiere estar siempre en la función de otros ministerios. 

Las tensiones conmigo han surgido porque siempre he mantenido una actitud principista, democrática contra esa actitud de Evo Morales de meterle nomás”, dijo, recién llegado de La Paz, luego de que hubiera sido alejado de la cartera de Economía para entregársela a Branko Marinkovic.

Notoriamente, el hombre que fue candidato a la Presidencia por Bolivia Dice No, el que fuera cabeza de oposición en Senadores durante los últimos cinco años y uno de los artífices de que Jeanine Áñez fuera presidenta, durante el vacío de poder que existió entre el 10 y 12 de noviembre último, perdió la pulseada con Arturo Murillo en el gabinete. 

El ministro de Gobierno le respondió temprano desde Cochabamba y aseguró que él no respondía a los grupos de poder, sin decir directamente que Ortiz es parte de las logias cruceñas. A las puertas del cuartel general de Demócratas, Ortiz consideró que es una acusación que trata de ocultar la falta de argumentos.

“Si luchamos durante 14 años por la democracia y en contra de la corrupción, debemos mantener esos mismos principios en la administración pública. Mis principios van a estar siempre por delante de los intereses”, dijo Ortiz.

Consultado cuáles fueron sus diferencias con el exsenador cochabambino, el cruceño aseguró que ve a Murillo con una actitud de querer concentrar siempre el poder, “de querer gobernar como lo hacía Evo Morales, metiéndole nomás sin respetar la Constitución Política del Estado”.

Dice que él en el gabinete era quien enfrentaba a Murillo y que con su salida, éste va a concentrar todo el poder. “Es una lástima, porque no tiene ni la capacidad ni la serenidad para hacerlo”, dijo.

Uno de los puntos altos del enfrentamiento entre Ortiz y Murillo se dio por el intento del cochabambino de devolver la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica de Cochabamba a sus accionistas, pese a que había sido nacionalizada sin indemnización por Evo Morales, en 2010.

Ortiz se opuso a esto sin un estudio previo que lo justificara y se negó a firmar el decreto de devolución de acciones, como pretendía Murillo y parte del gabinete. Sí aprobó un decreto que estable un estudio del caso. Al final, este tema hizo que saliera del Gobierno el procurador general, José María Cabrera, y ahora el ministro más influyente que tenía Santa Cruz en el gabinete de Áñez, cargo simbólico que también parece haber sido ocupado ahora por Marinkovic.

Ortiz dice que está orgulloso de su trabajo en Economía, que dejó un país estable, con dinero no solo para pagar el Juancito Pinto, sino los sueldos de la administración pública de septiembre, pero que se opuso a apresurar nuevas contrataciones en las últimas semanas de un gobierno que ya está de salida, que deberá entregar el poder al que resulte electo en los comicios del 18 de octubre.

Ortiz se opuso a la compra millonaria de camionetas para Policía, un bien que sería entregado a mediados del próximo año, cuando otro sea el gobernante del país. 

Hace 12 días, la presidenta Jeanine Áñez decidió renunciar a su candidatura luego de que las encuestas de intención de voto le dieran escasas posibilidades de mantenerse en el cargo.

Consultado sobre quién manda ahora en el Gobierno, Ortiz aseguró que las decisiones las toma Áñez, pero se deja influenciar mucho por alguien que no tiene ni la capacidad ni la tranquilidad para hacerlo.

No siempre pensó así de Murillo. El cruceño y el cochabambino hicieron dupla en el Senado para fiscalizar y atacar al MAS. Se llevaban tan bien que cuando Samuel Doria Medina decidió no participar de las elecciones de 2019, Murillo dejó Unidad Nacional para apoyar la candidatura de Ortiz a la Presidencia. Ortiz admite esta situación, pero asegura que “hay personas a las que el poder emborracha y la vuelve abusivas”.

Toda esta situación ha hecho además que Demócratas levante las manos del Gobierno. El partido cruceño no quiere meterse demasiado a explicar la crisis de gabinete de Áñez y dice que es al Ejecutivo al que le corresponde decir si hubo o no pelea entre Murillo y Ortiz. El diputado Gonzalo Barrientos aseguró que apoyaban al proceso de transición y lo harían hasta el final, pero que no eran parte del Gobierno de Jeanine Áñez, pese a que ella es una “compañera del partido”.

Vladimir Peña, un alto dirigente de Demócratas, se apresuró a aclarar que Murillo nunca fue demócrata y que el 15 de noviembre ellos aclararon que este no era una Gobierno partidista, sino que ahí estaba lleno de militantes de este partido por decisión propia. Tampoco convirtió al actual gobierno en una gestión de Demócratas el hecho de que la presidenta encabezara la lista de candidatos de la alianza del partido verde. Peña le deseó a Áñez que su gobierno tenga estabilidad en los pocos meses que le queda y calificó a Murillo de ‘superministro’.

Finalmente, Ortiz dice que no está dolido, pero admite que Áñez “no tuvo la decencia de transmitir su decisión como debía”. “No importa, en la política uno nunca termina de sorprenderse de la actitud de las personas”, concluyó.