Escucha esta nota aquí

En las elecciones subnacionales de 2015, el MAS ganó 239 municipios de 336 posibles y seis de nueve gobernaciones y aun así no quedó contento. En la elección de esas candidaturas comenzaron a aflorar los problemas internos: Carlos Romero fue puesto en la congeladora y perdieron espacios que estaban en sus manos solo por no escuchar a sus bases. Fue como el prólogo del referéndum del 21-F y el principio del fin de la hegemonía masista.

Si lo que comenzó en las urnas el 18 de octubre es un nuevo proceso de acumulación masista será la pregunta que se responderá en las elecciones autonómicas del 7 de marzo. Sin embargo, las generales dejan un dato casi lapidario para una oposición dividida: el MAS ganó con más del 50% en 300 de 341 entidades autónomas.

Si esto no es lo suficientemente complejo, Carlos Hugo Molina tiene datos que define como “más complicados”.

“En 95 municipios, el MAS gana por encima del 90%. Hay municipios, como Orinoca, donde ganó con el 99,3%. Eso quiere decir que solo hubo un despistado que no escuchó que había que votar por el MAS. En 80 municipios ganó con más del 80%; en 29, con más del 70%; en otros, 29, con más del 60%, y en 42, con más del 50%. Cuando uno hace la suma, si esto se reproduce en niveles locales, esto es la crónica de una muerte anunciada”, dijo.

Si bien hay departamentos enteros en el que el MAS no perdió en ningún municipio, Molina matiza que las elecciones municipales y de gobernaciones no son iguales que las nacionales y que un buen candidato local puede dar la pelea. Sin embargo, para él sirve como dato que, en un municipio en el que el MAS tenga una base de votación mayor al 50% no queda mucho espacio para más de un contrincante.

Vladimir Peña, dirigente de Demócratas, recuerda que ya han estado en esta situación en 2010 y 2015 y que el MAS no logró trasladar su votación nacional a las elecciones autonómicas y que su partido logró crecer, incluso, en momentos de máxima expansión de la hegemonía masista, conquistando, por ejemplo, la Alcaldía de Cochabamba o disputando la de Potosí.

José Orlando Peralta, politólogo, explica que la situación de la oposición en las subnacionales es aún más compleja que en las nacionales. Explica que, mientras el MAS ya pasó la prueba de ganar una elección sin su caudillo, los proyectos opositores tienden cada vez a ser más personalistas, desestructurados y, particularmente en los comicios autonómicos, la dispersión tiende a acentuarse. Pone como ejemplo la alianza Creemos, que fue con la UCS y SOL a las generales, pero que ahora serán tres fuerzas diferentes que competirán entre sí.

Mientras tanto, el MAS prepara la muleta y la espada para dar la estocada. Adriana Salvatierra explica que serán los ampliados de las organizaciones las que irán definiendo las candidaturas y tira las cifras. Son el único partido capaz de participar en las elecciones de los 339 municipios, las autonomías indígenas y las nueve gobernaciones. “Somos un partido con un proyecto político claro, una fuerza política clara para el país, eso nos coloca en condiciones distintas”, dice. Sin embargo, el desafío estará en volver a las ciudades capitales. En esos espacios, el MAS ya no es el partido dominante.