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El MAS tiene motivos para estar feliz y motivos para precuparse después del ampliado de ayer. Con la cantidad de dirigentes que llegaron hasta la Casa Campestre de Quillacollo, donde se celebró la reunión, demostró que es un partido vivo, capaz de recuperarse en un año tras perder el poder, pero también que tiene un atolladero entre los que ya estuvieron en función de gobierno pero que aún no están en edad de jubilación y las nuevas generaciones que sienten que “ahora les toca”.

Los que se quedaron fuera del salón donde se celebró la reunión eran principalmente organizaciones formadas en la resistencia al Gobierno de Jeanine Áñez. Reclamaban la legitimidad de “los que se quedaron” a pelearla en el país y que ahora tienen derecho a ser elegidos en las elecciones departamentales, regionales y municipales.

Dos de los grupos más bulliciosos eran los autoconvocados de Qara Qara y de Senkata. Los primeros son grupos de cochabambinos que bloquearon reiteradamente el botadero de basura de la Llajta y se enfrentaron a la Resistencia Juvenil Cochala en los peores momentos de la disputa política. Los segundos son los que operaron la resistencia a la asunción de Áñez desde Senkata y pusieron los muertos en la represión de la planta de gas.

Había otros grupos de alteños de dirigentes distritales que llegaron al ampliado con pancartas de Arce y Choquehuanca, al igual que militantes benianos que exigían la jubilación de los dirigentes indígenas de ese departamento, a los que acusaban de haber colaborado con el Gobierno de Áñez.

A partir de esta semana, los ampliados del MAS dejarán ver más claramente la purga partidaria tras el retorno al poder y las elecciones del 7 de marzo definirán si el MAS sin alianzas de clase media es capaz de recuperar el espacio perdido en las ciudades capitales. En la última elección, perdió en la mayoría de ellas.