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El presidente ruso Vladimir Putin no estará en la COP26 inaugurada en Glasgow. Rusia, que depende en gran medida de los combustibles fósiles, es el cuarto país más contaminante del mundo y, durante mucho tiempo, el gobierno vio el calentamiento global principalmente como una oportunidad. Pero ahora el discurso está cambiando.

Con Anissa El Jabri, corresponsal de RFI en Moscú

Durante mucho tiempo, Vladimir Putin fue clasificado como un “climatoescéptico”; escéptico sobre el origen humano del calentamiento global y centrado sobre todo en el crecimiento económico. "¿Quién se quejaría realmente de unos pocos grados más?", ironizó el presidente ruso hace unos años. El jefe del Kremlin alababa las oportunidades que ofrece el deshielo del Ártico: la explotación de gas, petróleo, productos mineros, la apertura de nuevas vías fluviales.

Un cambio bajo condiciones

Mientras tanto, los vastos incendios en Siberia y el deshielo del permafrost se han convertido en motivo de preocupación, hasta el punto de que a mediados de octubre, para sorpresa de todos, Vladimir Putin anunció este objetivo: la neutralidad del carbono para el país a más tardar en 2060. Un cambio real, por supuesto, pero a su ritmo y no a cualquier precio.

Moscú sigue en pie de guerra contra el proyecto de impuesto europeo sobre el carbono en sus fronteras, un plan percibido como antirruso en un país que sigue siendo muy dependiente del carbón. Por último, el 28 de octubre, un diplomático ruso afirmó que las sanciones occidentales impedían a las empresas rusas participar en la transición energética.

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