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Los indicadores de la pandemia están alcanzando nuevos récords en Francia. Y la situación es más o menos la misma en Europa y Estados Unidos. La OMS habla de un "tsunami" de casos de covid-19 y del riesgo de un "colapso" de los sistemas sanitarios. No es la primera vez que la agencia da la voz de alarma, y ese es el problema.

Con nuestro corresponsal en Ginebra, Jérémie Lanche.

A la OMS se le pueden reprochar ciertas cosas en su gestión de la crisis. Pero no, no haber previsto el actual brote. Desde hace semanas, incluso meses, la agencia viene advirtiendo de la complacencia reinante ante las medidas de barrera y la actitud casi despreocupada de algunos países que pensaban que la crisis de Covid-19 había terminado.

Justo antes de Navidad, la OMS ya sugería que cancelar las reuniones familiares podría ser mejor que permitir que el virus se extendiera más, en medio de la 5ª ola de la variante Delta, y con la amenaza de ómicron. 

Ómicron, del que la OMS ya decía a mediados de diciembre que se estaba extendiendo a un ritmo sin precedentes y que podría saturar los sistemas sanitarios.

Justo antes, fue el director regional de la OMS en Europa, Hans Kluge, quien también lanzó una advertencia. En particular, advirtió sobre los niños, que son actualmente la principal población no vacunada y, por tanto, la población en la que más circula el virus. 

Por lo tanto, lo que está ocurriendo hoy no es una sorpresa para los epidemiólogos. Incluso con la parte desconocida de la variante ómicron, esta 5ª ola no es sólo una de las más importantes en términos de contaminaciones. También ha sido uno de los más predecibles.

La OMS no puede practicar el ‘name and shame’

Si la OMS tenía tanta razón todo el tiempo, ¿por qué los Estados no la escucharon? Quizás porque la OMS, como todas las agencias de la ONU, está limitada por sus miembros. La agencia es sólo la suma de los estados que la componen. Desde este punto de vista, no puede hacer lo que se conoce en inglés como "name and shame" como una ONG, es decir, hablar para denunciar las políticas de tal o cual Estado.

La OMS es una organización tan científica como política, condenada a alertar sobre la desigualdad de las vacunas y la monopolización de las dosis por parte de los países ricos sin poder culpar nunca a un Estado o a una empresa farmacéutica en particular.

Así que hoy tenemos una agencia que, desde hace casi un año y la aparición de las primeras vacunas, organiza varias ruedas de prensa a la semana para decir que la pandemia sólo terminará si todos los países tienen suficientes dosis para evitar la aparición de nuevas variantes. Eso es exactamente lo que ha ocurrido. Y al ritmo que llegan las vacunas a los países pobres, no es ser una Casandra decir que ómicron no será la última variante que prolongue la pandemia.


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