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Desde octubre, varias mujeres han empezado a denunciar a través de las redes sociales, bajo el hashtag #balancetonbar [denuncia a tu bar], violaciones y abusos tras haber sido drogadas en bares de Bruselas. El movimiento se ha ido extendiendo a todo el país e incluso ha traspasado fronteras. Según las organizaciones feministas y la Secretaria de Estado belga, Sarah Schlitz, el movimiento es un antes y un después. El propio #metoo belga.

“Bloody Louis (Ixelles) [Discoteca]. Sucedió en noviembre de 2019. Fui allí con unos amigos, había mucha gente, después de una hora, los perdí de vista. Solo había tomado una copa, y de repente, no recuerdo más. Dos chicas me encontraron muy mal, en el suelo del baño. Me preguntaron que hacía allí, yo no recordaba nada, pero alguien me había retirado la ropa interior. Estoy segura que fui drogada y abusada”.

“Wood. Bruselas [Bar-Discoteca, ya desaparecida]. Fui al Wood, me acuerdo del mareo y la visión borrosa de repente (…) sólo tengo flashes de tres adultos, tres hombres conocidos en el Wood, uno de ellos se me acerca de forma íntima y no recuerdo más. Me despierto horas más tarde, sola, tirada en el suelo, mi pantalón y ropa interior bajados a la altura de mis rodillas. Entonces entiendo que he sido drogada y violada por estos tres hombres… Nunca decidí denunciar por vergüenza”.

“You. Bruselas [Discoteca]. Estaba en You, pasaba una buena noche hasta que alguien echó GHB en mi copa. Resultado: me desperté en la cama de una hospital sin un solo recuerdo de la noche anterior”.

Testimonios como estos se suceden en la capital belga. Todas son historias muy similares que se publican de forma anónima en las redes sociales: van a un bar o a una discoteca y, apenas beben un poco, pierden la consciencia. Algunas explican que se despertaron en casas ajenas, o en una parada de autobús semidesnudas, otras en medio de uno de los parques más grandes de la ciudad sin saber cómo llegaron allí.

A través del hashtag y la cuenta de instagram  ‘Balance ton bar’ [denuncia a tu bar, en francés] se pueden leer duros testimonios de las víctimas. Y se ha convertido en un fenómeno de denuncia en la ciudad, que se ha extendido a otras. Desde Estrasburgo, hasta Gante, pasando por Madrid o París.

"La droga de los violadores"

Todo empezó con mensajes en las redes sociales a principios del mes de octubre contra dos bares, Le Waff y El Café, de la popular zona de Cimetière Ixelles, muy frecuentada por jóvenes y universitarios de la cercana Universidad Libre de Bruselas. En ellas, se denunciaba que el barman, que trabajaba en ambos lugares, drogaba a clientas y violaba o abusaba de ellas, a menudo, en los propios locales. 

Pero ha habido más historias desde entonces. Historias de terror y denuncia desde todos los puntos de la ciudad. La discoteca You, en el centro; Bloody Louis, en la reputada zona de la Avenue Louise; Jeu d’Hiver, Fuse… Discotecas y bares muy conocidos, muy frecuentados. Varios testimonios han vivido experiencias casi iguales en los mismos lugares, en los que aseguran haber sido drogadas con la conocida como “droga de los violadores”, el GHB, o abusadas. 

Los testimonios han empezado a recopilarse en una página de instagram gracias a Maité, una joven que forma parte de la Asociación UFIA (Unión Feminista Inclusiva Autogestionada), una organización a favor de los derechos de las mujeres de la que forman parte diferentes colectivos y militantes feministas que, a raíz del caso de estas denuncias, decidieron unirse.

En el caso de Le Waff y El Café, las acusaciones están siendo investigadas por la policía, pero de momento, no han cerrado, tal y como pide UFIA. A mediados de noviembre, este colectivo organizó una manifestación para boicotear a todos los bares y las discotecas de Bruselas para que las mujeres no acudieran a ellos, en señal de protesta.

Ahora, esperan emprender nuevas acciones que pidan un boicot claro a todos aquellos lugares en los que las mujeres han sido agredidas y, o bien no se hizo nada para remediarlo, o se acusó a las víctimas de haber bebido demasiado.

Sanciones

“La idea es que las mujeres se puedan sentir seguras, porque fue un momento [el de la manifestación] importante para las supervivientes que tuvieron realmente la sensación de sentirse seguras por una noche”, explica a RFI Laura, miembro de la organización.

“A partir del momento en que hay tantas denuncias, se deben aplicar sanciones. Estamos en discusiones con los políticos, porque, efectivamente, a partir de cierto número de denuncias debería haber sanciones como el cierre (…). Por eso también hicimos el boicot, hasta que no les tocas el bolsillo, ellos [los responsables de los bares] no cambian su comportamiento”, denuncia Laura.

Más aún, cuando según lamentan las propias denunciantes, el propietario de ambos bares sabía que algo ocurría con uno de sus trabajadores y no se hizo nada en su momento. Pero tras las denuncias en las redes, el sospechoso ha sido despedido, según el responsable de los locales.

El bar publicó un comunicado asegurando que da “todo su apoyo a las víctimas”. “No hemos sido nunca cómplices de actos violentos contra las mujeres”.

Si se echa un vistazo a su página web, no se hace mención a lo ocurrido, tampoco aparece el comunicado. Pero sí muestran fotos y un video donde predominan las imágenes de mujeres bailando o bebiendo.

Cámaras y tapas

El local asegura que ha propuesto mejoras, como la introducción de cámaras de vigilancia e incluso una tapa, a modo de precaución, sobre las copas que se sirven para mostrar que nadie ha depositado nada dentro de la bebida.

Es algo que Laura lamenta: “Se habla de poner estas protecciones sobre los vasos, más cámaras, poner una etiqueta de ‘lugar seguro’ en la puerta… esto puede llevar a la confusión. Entonces, ¿si alguien no introduce estas medidas, es un lugar inseguro? Y si una víctima sufre una agresión donde no se toman estas medidas, ¿es ella la responsable?”. 

La mayoría de los colectivos feministas rechazan que estas sean las soluciones, porque se trata de poner el foco en las víctimas, en que las mujeres sean las responsables de vigilar, y no de evitar directamente estas conductas por parte de los abusadores. 

“Con este movimiento, lo que vemos es que se ha dicho ‘basta ya’ (…) se ha banalizado demasiado la violencia contra las mujeres. Pedimos a nuestras amigas que nos escriban cuando llegan a casa, para asegurar que están a salvo, decimos todo el rato ‘ten cuidado’, nos dicen que vigilemos nuestras copas… y además cuando hay una víctima que asegura haber sido agredida, la gente no la cree”, critica la Secretaria de Estado de Igualdad de Género, Sarah Schlitz, en conversación con RFI.

Sin estadísticas específicas

La política belga explica que lo que el gobierno trata de hacer es trabajar sobre todo con las entidades locales, pero que, lamentablemente, a menudo se actúa “cuando ya es tarde”. El país ha sido pionero en Europa para crear centros especializados al lado de las urgencias de los hospitales, para ayudar a las víctimas de abusos y/o violaciones, con trabajadores entrenados en la violencia contra las mujeres. Allí se las cura, se las trata, obtienen ayuda psicológica y pueden denunciar los hechos a policías formados en violencia machista.

No obstante, la propia Secretaria de Estado admite que se debe hacerse más. Bélgica es uno de los países que no cuentan con estadísticas oficiales de violencias o asesinatos contra mujeres. Pero el Estado está obligado por la Convención de Estambul a llevarlo a cabo, tras su ratificación. Schlitz, a través del Plan Nacional de Violencia contra las Mujeres recientemente adoptado, espera que se puedan tener estas estadísticas a partir del próximo año.

Según las estadísticas no oficiales —recolectadas por asociaciones feministas a través de informaciones de prensa— han sido asesinadas 18 mujeres en Bélgica este 2021. En los periódicos, a menudo, los asesinatos de mujeres, —cuando aparecen—, se tratan como “un asunto de la esfera privada” o “un crimen pasional”.

De momento, la página #balancetonbar ha publicado hasta ahora alrededor de 70 denuncias, pero su promotora asegura que ha superado “los 1.000 mensajes” de jóvenes que han sido agredidas o violadas en diferentes locales.

Y siguen subiendo.

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