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'Un diluvio de flores y elogios'. Así describe la corresponsal de RFI en Sudáfrica Gemma Parellada los homenajes que comenzaron este lunes para el premio Nobel de Paz Desmond Tutu, arzobispo anglicano fallecido el sábado a los 90 años de edad.

Con información de Gemma Parellada, corresponsal de RFI en Sudáfrica

Sudáfrica inició este lunes una semana de duelo por la muerte del arzobispo Desmond Tutu, quien constituye “no solamente una pieza clave en la lucha contra el apartheid, sino que representa también la intransigencia ante la injusticia”, precisa también nuestra corresponsal en Johanesburgo.

“Desmond Tutu no tenía miedo ni seguía las convenciones, cuando éstas eran absurdas. Por eso se opuso al régimen racista del apartheid, pidió al mundo el boicot económico que tanto influyó en la caída del régimen y aceptó el largo trabajo que le pidió Nelson Mandela de liderar la Comisión Verdad y Reconciliación", explica también Gemma Parellada.

El premio Nobel de la paz 1990 había desaparecido de la vida pública estos últimos meses. Pero todos recuerdan su silueta, su tenacidad y su franqueza legendarias para denunciar las injusticias.

"En su batalla no tenía etiquetas, de blanco, de negro, ni mujer ni heterosexual. Ante los abusos, el arzobispo reaccionaba", explica también Parellada.  

"A Desmond Tutu le preocupaba la gente. No le molestaba convertirse en un personaje incómodo. Por eso, ante la corrupción y las malas prácticas de la nueva élite del Congreso Nacional Africano, el partido de Mandela, tampoco supo callar. Al contrario, denunció y criticó al CNA. Pidió, una vez más, que las cosas cambiaran".

"Desmond Tutu no tenía una casilla. Era un hombre de convicciones con una fuerza moral terriblemente humana. El arzobispo anglicano se enfrentó a la Iglesia promocionando el  preservativo, defendiendo a los homosexuales, sabiendo que iba contra la corriente", agrega la corresponsal de RFI.

Oponiéndose a su jerarquía, el arzobispo también estuvo a favor del aborto y de la eutanasia. Evocando su propio caso, y consciente de que su posición podía "enfadar a mucha gente", dijo que el suicidio asistido "no me molestaría".

"Siempre tuvo claro que su prioridad era la justicia, no el poder ni la comodidad.  Su gran legado ha sido demostrar que sí se puede cambiar el rumbo de las cosas", concluye Parellada.

Su funeral tendrá lugar el 1 de enero en la catedral de San Jorge de Ciudad del Cabo, su antigua parroquia, adonde a pesar de la lluvia continuaban llegando este lunes sus conciudadanos para depositar una ofrenda floral. El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa tenía previsto visitar el lugar por la tarde, según fuentes oficiales.

 

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