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Una cadena de supermercados ha levantado una controversia nacional al ofrecer la baguette a 0,29 euros, el tercio de lo que sale en una panadería tradicional. Los sindicatos de agricultores y panaderos, así como líderes políticos, pusieron el grito en el cielo por la “vergonzosa” iniciativa, en momentos que el poder adquisitivo es una de las principales preocupaciones de los franceses.

En Francia, con el pan no se juega, y menos con la baguette, patrimonio gastronómico nacional y termómetro de la inflación para el bolsillo del ciudadano. Por este motivo, cuando el grupo Leclerc anunció esta semana que ofrecería en sus supermercados, y durante cuatro meses, la baguette a 0,29 euros (un tercio menos de lo que cuesta en la panadería tradicional de la esquina), las reacciones no se hicieron esperar.

Para el sector económico que depende del trigo fue una declaración de guerra. Los productores de cereales, molineros y panaderos, así como la FNSEA, el principal sindicato agrícola, denunciaron en un comunicado de prensa conjunto "unos precios que destruyen deliberadamente valores".

Se dijeron indignados por un anuncio "demagógico" en un momento en el que "los precios de los cereales, y por tanto de la harina, son elevados, los costes de producción (salarios, etc.) aumentan considerablemente y el precio medio de una baguette en Francia en 2021, según el INSEE (el instituto nacional de estadística francés), será de 0,90 euros".

"Intentamos preservar los puestos de trabajo y la calidad, pero esto tiene un coste: tenemos que pagar adecuadamente a las personas implicadas, a los que plantan, cosechan, ensamblan los granos y hacen la harina, y a los que hacen el pan. Lo que hace Leclerc es vergonzoso", declaró a la agencia AFP Jean-François Loiseau, presidente de la Asociación Nacional de Molineros de Francia.

Dado que los precios del trigo han subido alrededor de un 30% en un año, Loiseau se pregunta "dónde compra el grupo Leclerc su harina" y "con qué productos va a compensar".

"El señor Leclerc tendrá que explicarnos cómo y cuánto paga a los panaderos con una baguette de 29 céntimos", reaccionó Christiane Lambert, responsable de la FNSEA.

Por su parte, el dirigente de grupo empresarial justificó su medida comercial en momentos en que “los proveedores de harina han invocado la subida del precio del trigo para pedir aumentos considerables". Leclerc defendió ante los medios su elección de un "producto estrella", "marcador de la inflación", como había hecho con el combustible hace unos meses.

“Extremadamente peligroso”

A tres meses de las elecciones presidenciales, todos toman partido en la polémica, que afecta la idiosincrasia francesa.

“Es extremadamente peligroso -juzgó la candidata presidencial conservadora, Valérie Pécresse- porque sabemos que los centros Leclerc lo compensarán en el resto del carrito. En realidad, no es una medida del poder adquisitivo, es un producto de llamada para llevar a los clientes a la tienda, y luego habrá productos que serán más caros y así recuperarán su margen en otra parte".

De otro lado del espectro político, el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon también denunció la iniciativa. “Evidentemente, se trata de una venta a pérdida. Tendrá como consecuencia la creación de un nuevo perjuicio, llevará a la ruina a panaderos y pasteleros, que sólo pueden repercutir en sus precios las subidas de la energía y de los materiales", dijo Mélenchon.

En medio de la polémica y el contexto inflacionario, la Asamblea Nacional rechazó el jueves un proyecto de ley propuesto por Mélenchon, que pretendía bloquear ciertos precios en caso de "emergencia social”

 El candidato presidencial de la Francia Insumisa y diputado de Bouches-du-Rhône defendió con ardor su texto por la congelación de los precios de la energía (gas, electricidad, carburantes) y de cinco frutas y verduras de temporada, frente a una inflación que se acelera.

La ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, dijo que el proyecto de ley era "una mala respuesta a una buena pregunta". Subrayó los riesgos de bloquear la economía y el mercado negro, como en Venezuela, país citado a menudo por Jean-Luc Mélenchon.

"No vamos a sacar las ideas conservadoras del sótano ni las viejas recetas marxistas del desván", dijo por su parte el diputado Guillaume Kasbarian, del partido oficialista La República en Marcha.

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