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Investigadores sobre el clima han "entrenado con éxito" a vacas para que orinen en un área previamente designada, en el marco de un programa destinado a reducir de manera drástica las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los científicos admiten que todo empezó como una broma. Si la orina de las vacas representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, ¿por qué no adiestrarlas para poder recuperar el líquido? Pero el chiste dejó de serlo cuando el equipo de investigadores, integrado por neocelandeses y alemanes, se tomaron el serio el hecho de que poder manipular los desechos líquidos de las vacas, ricos en nitrógeno, podría tener a largo plazo genuinos beneficios climáticos.

 "Si pudiéramos recolectar entre el 10 y el 20% de las micciones, sería suficiente para reducir de manera significativa la emisión de gases de efecto invernadero y la lixiviación (separación utilizando disolventes líquidos) de nitratos", apuntó Douglas Elliffe, de la Universidad de Auckland.

Elliffe explicó que el nitrógeno contenido en la orina de las vacas se descompone con el tiempo en dos sustancias problemáticas: óxido de nitrógeno, potente gas de efecto invernadero, y nitrato, que se acumula en los suelos, filtrándose después a ríos y arroyos.

Para llevar a cabo la experiencia, los recompensaban con alimentos a 16 terneros para acostumbrarlos a orinar en un corral con letrinas, afirmando que los resultados fueron similares a los que se pueden esperar de un niño de tres años.

El estudio, publicado esta semana en la revista Current Biology, supone una "prueba de concepto" de que se puede enseñar a una vaca a orinar en el retrete, afirma Elliffe.

El reto es ampliar la escala, añade, para entrenar a grandes rebaños y adaptar el principio a entornos como el de Nueva Zelanda, donde los animales pasan más tiempo al aire libre que en los establos.

La agricultura representa aproximadamente la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero de Nueva Zelanda, principalmente en forma de metano y óxido nitroso.

Inusualmente para un país desarrollado, el metano representa el 43,5% de las emisiones del país, casi tanto como la cantidad de dióxido de carbono generada por los combustibles fósiles, lo que refleja una economía basada en gran medida en la agricultura.

El país del Pacífico Sur cuenta con numerosos proyectos de investigación que exploran posibles soluciones, como la cría de ganado con bajo contenido en metano, el uso de piensos que reduzcan las emisiones o incluso la vacunación de animales para que produzcan menos gases nocivos.

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