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Casi 2,7 millones de personas están afectadas por la medida. Este miércoles 15 de septiembre, los profesionales médicos deben probar que han recibido al menos una dosis de la vacuna contra el Covid-19. Aunque la gran mayoría de los trabajadores está en regla, todavía hay algunos que se oponen.

Por Simon Rozé

Al menos una primera dosis este miércoles y un plan de vacunación completo el 15 de octubre. Si no lo hacen, se arriesgan a ser suspendidos con deducciones salariales. Así pues, la vacunación obligatoria del personal sanitario, promulgada por ley el 5 de agosto del año pasado, está entrando en vigor, y en la gran mayoría de los casos, sin causar problemas.

De hecho, la cobertura media de vacunación es muy alta: 95% en la consulta privada, 90% en los hospitales y en lo geriátricos medicalizados, se están muy lejos de los niveles del pasado mes de mayo, cuando se empezó a hablar de la obligación de vacunar a quienes cuidan a los ancianos. En ese momento, la tasa alcanzó un máximo de alrededor del 50%. 

Dicho esto, las medias actuales ocultan las disparidades según las profesiones. En el caso de los conductores de ambulancias, por ejemplo, el 13% todavía no había recibido ninguna dosis de la vacuna a principios de septiembre. También en los hospitales universitarios, la ausencia de una sola persona puede interrumpir toda una cadena asistencial. El hospital de Nancy, por ejemplo, ya ha anunciado la cancelación de operaciones.

También hay consecuencias concretas para quienes se niegan a vacunarse. Se esté o no de acuerdo con esta elección, tiene consecuencias: "Imagino una posible reconversión", explica Laetitia, que trabaja en el seguimiento y la rehabilitación en el departamento de Val-de-Marne, durante una manifestación organizada contra la obligación de vacunación. 

“Tendría que trabajar de forma ilegal porque en realidad no nos despiden y tampoco cobramos el seguro de desempleo. Tendré que trabajar días y noches, vendiendo verduras o lo que sea. Soy madre soltera y tengo que seguir trabajando por mi hijo y por mí misma”, explica.

Las Antillas, un caso aparte

Aunque la situación de Laetitia es minoritaria en Francia, la situación es diferente en las Antillas. La isla de Guadalupe, por ejemplo, está empezando a ver el final de una terrible ola epidémica, causada en particular por una cobertura de vacunación muy baja. "El hospital es un reflejo del territorio", se preocupa Gérard Cotellon, director del hospital universitario de Pointe-à-Pitre. 

“Sólo el 25% del personal ha completado el curso de vacunación. Me enfrento a dos opciones", continúa, "o permito que trabajen los profesionales que no cumplen las condiciones. O suspendo. Pero como hay mucho personal que no se ha vacunado o que no ha respondido a mi solicitud de prueba de su estado de vacunación, tendré que cerrar el hospital”, advierte.

Sin embargo, la vacunación obligatoria tiene un claro beneficio para la salud pública. Desde el comienzo de la epidemia, más de 60.000 personas han contraído el Covid-19 en los hospitales, lo que convierte al coronavirus en una infección adquirida en los nosocomios. "En 2020, la mitad de las muertes por infecciones hospitalarias se deberán a Covid-19. No es un asunto menor", explica Gérard Cotellon.

 “Cuestiona nuestra ética profesional, el motivo por el que estamos aquí. Tenemos personas vulnerables, que están enfermas. No se trata de empeorar su situación transmitiendo un virus cuya letalidad conocemos”, recalca.

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