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La franco-colombiana Ingrid Betancourt  fue rehén de las FARC entre 2002 y 2008. Este miércoles se enfrentó por primera vez a los ex miembros de la guerrilla marxista. Fue delante de la Comisión de la Verdad, creada tras los acuerdos de paz de 2016. Tras su comparecencia, habló con RFI desde Bogotá.

Estuvo secuestrada seis años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El miércoles, junto con otros ex rehenes, la franco-colombiana Ingrid Betancourt estuvo frente a frente por primera vez con los ex líderes de la guerrilla ante la Comisión de la Verdad. Entre ellos, figuraba el ex comandante, Rodrigo Londoño, alias Timochenko -Timoleón Jiménez-, quien pidió perdón. A continuación, tomó la palabra Ingrid Betancourt, quien vive en Francia y había viajado a Bogotá. En su discurso dio un conmovedor y duro testimonio frente a sus ex torturadores.

RFI: ¿Cómo se sintió cuando se encontró físicamente frente a los antiguos miembros de las FARC por primera vez desde su liberación en 2008 durante esta sesión de la verdad?

Ingrid Betancourt: Me di cuenta de que no tenía ningún sentimiento de odio hacia ellos. Al mirarlos, me sentí en paz. No tuve la impresión de estar frente a personas que me hubieran hecho sentir asco u odio. Así que para mí fue un logro, me tranquilizó saber que había conseguido superar esas emociones que, de todas formas, pesan en el corazón.

Pero es cierto que una vez que todos hablamos -éramos varios ex rehenes de las FARC- todos lloramos mientras cada uno de nosotros daba su testimonio sobre el escenario. Y cuando subieron las FARC, uno tras otro dieron un discurso muy frío, muy político, impersonal, muy abstracto. Me sorprendió.

RFI: Usted dijo en su discurso del miércoles que no habían derramado ninguna lágrima.

¡Sí, era tan obvio! El teatro [donde estábamos] estaba dividido en dos. Por un lado, todas las víctimas, y por el otro, ellos. En un lado todos lloraban, en el otro nada. Era muy fuerte y visible.

RFI: Los representantes de las FARC que estuvieron el miércoles en la Comisión de la Verdad pidieron perdón. Rodrigo Londoño, ex secretario de las FARC, habló justo antes que usted. Preguntó: "¿Aceptas perdonarnos?" ¿Es una pregunta difícil?

El perdón ya está dado. Mis compañeros lo habían expresado antes que yo. Uno de ellos dijo: "Acepté perdonar para sobrevivir, porque tenía que cerrar la puerta del pasado, para poder aprender a ser feliz de nuevo, para eso tenía que perdonar. Así que perdoné. "Y creo que todos hemos hecho esto: perdonar, no porque nos lo pidan, sino porque necesitamos perdonar para liberarnos de todas estas emociones.

Pero Rodrigo Londoño dijo algo que no capté en su momento, que realmente me impactó. Dijo: "Espero que la conciencia de las víctimas que no nos han perdonado despierte algún día”. No reaccioné porque era demasiado fuerte, pero en mi silencio, le contesté: "¿Y sus conciencias? ¿Dónde está sus conciencias? ¿Cuándo despertarán sus conciencias? "

Debemos reconocer un camino realizado. Son hombres de guerra que se han comprometido a dejar las armas y que lo han hecho, y a volver a la ley, a someterse a la ley colombiana en un sistema de justicia de paz que ciertamente les es favorable, pero que es un sistema en el que no hay impunidad. Y lo han aceptado. Participan en la vida política del país. Y han pedido perdón y también han aceptado cambiar su discurso, y dejar de hablar de "detención" (antes llamaban "detención" a la toma de rehenes, lo que para nosotros, las víctimas, era insoportable, porque da un aspecto legal cuando es un horror y un crimen). Ahora aceptan hablar de "secuestro" y "toma de rehenes".

Reconozco que este es un largo camino por recorrer. Pero allí [el miércoles en la Comisión de la Verdad], estábamos todos en un espacio que se había construido para que las víctimas y los ex miembros de las FARC pudieran encontrarse por primera vez para mirarse cara a cara, y tratar de entender lo que nos había pasado.

La conclusión a la que llegué después de toda esta sesión fue que las víctimas habíamos avanzado mucho, pero seguían con la armadura de la guerra puesta, incapaces de desnudar sus emociones y sentimientos. No creo que sea porque no quieran. Creo que es porque no pueden. Creo que es el trauma de la guerra. Creo que tienen una incapacidad para sentir. Y esa incapacidad de sentir es producto del proceso de deshumanización por el que pasaron, porque mataron de manera infame, y esa guerra los distorsionó.

Cuando apelé a sus sentimientos, fue porque hasta que no vea emociones espontáneas en ellos, sé que en sus corazones no habrán entendido lo que nos hicieron.

RFI: Aun así, hubo estos acuerdos de paz que se firmaron en 2016. La aplicación es todavía incipiente, especialmente en lo que respecta a la lucha contra la desigualdad. La pandemia de Covid-19 ha llegado y, desde hace dos meses, ha estallado una crisis en Colombia, con huelgas y revueltas de jóvenes. ¿Cree que existe una relación entre estos acuerdos de paz que no se están aplicando y esta oleada de ira?

Sí, lo sé. En primer lugar, porque creo que Colombia siempre ha postergado la solución de los problemas sociales, porque estábamos en guerra, y por lo tanto todo el presupuesto se dirigía primero a las fuerzas armadas que trataban de contener la violencia. Ahora nos encontramos en un país en transición y, debido a las restricciones presupuestarias por la pandemia, [el gobierno] no ha podido responder a las expectativas de una sociedad y especialmente de una juventud que nunca ha tenido una oportunidad.

RFI: El lunes se reunió con el presidente Iván Duque, ¿qué le dijo?

Le dije que una de las cosas que me parecía inaceptable del gobierno era que, cuando los jóvenes salían a la calle a manifestarse, reaccionaba con represión. La respuesta del gobierno fue: "Son terroristas, son matones”. Esto es otro producto del trauma de la guerra, que hace que cualquiera que se oponga al Estado sea visto como un matón o un terrorista.

Donde sí hay una relación entre el horror que hemos vivido y lo que está ocurriendo ahora en Colombia, es en que estos jóvenes a los que se les envía la policía, que son asesinados -hubo 43 muertos- son el resultado de un país, de un gobierno, de un Estado que los ve como si fueran de las FARC. Porque tienen la audacia de exigir sus derechos. Y eso es dramático.

RFI: Las elecciones se celebrarán en 2022. ¿No estará pensando regresar a la política?

No, porque siento que puedo hacer mucho más al no estar en la arena electoral, que puedo hablar con todos, tratar de unir voluntades, tratar de construir una alternativa que no sea de odio, ni de guerra.

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