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El pensamiento del presidente Xi Jinping, enseñado en las escuelas primarias para el inicio del nuevo curso escolar en China, es una de las manifestaciones de lo que los medios de comunicación estatales chinos han descrito en los últimos días como una "profunda reforma" y una vuelta a las "intenciones originales" del Partido Comunista. Esta revolución cultural comenzó con la economía.

Es como una larga lista de la compra para la segunda economía del mundo. El Gobierno chino lleva varios meses regulando todo. ¿El comercio electrónico? ¡Hecho! Recordemos la suspensión de la cotización de la filial de pagos online del grupo Alibaba, la apertura de una investigación antimonopolio y la desaparición de su ex jefe Jack Ma. Luego estaban las plataformas de vehículo con chofer: ¡Hecho! Y entregas de comida para llevar: ¡Hecho!

En primer lugar, es una cuestión de reformas estructurales. Al igual que en Estados Unidos y Europa, China quiere romper el monopolio de sus GAFAM, los gigantes tecnológicos, sobre todo con la aplicación de nuevas leyes de protección de datos personales en línea, por ejemplo.

Revolución digital y "prosperidad común”

Pero estas nuevas regulaciones en el sector de Internet también van acompañadas de más medidas sociales. Este es el segundo nivel de la revolución digital. En los últimos días se ha hablado del inicio del nuevo curso escolar, que ha dado un vuelco con la llamada reforma de la "doble reducción": la prohibición de las clases particulares -un sector muy lucrativo hasta ahora- y el fin de los deberes. Esto es lo que más sorprendió a los padres: al salir del colegio el miércoles por la tarde, una madre dijo a RFI que nunca había visto la mochila de su hijo tan ligera. Los horarios de asistencia a las escuelas se han ampliado en nombre de la igualdad de oportunidades.

Además, las autoridades han limitado los videojuegos en línea para menores a tres horas semanales, en nombre de la lucha contra la adicción a las pantallas entre los más jóvenes. La economía no es la única afectada: la clase media está en el punto de mira, ya que se enfrenta a la explosión de los alquileres en las megalópolis chinas y a la desaceleración de la economía en una China que envejece. Las reformas son difíciles de discutir: alejarse de la dependencia de las pantallas, "aliviar la carga de padres y alumnos", "ayudar a los estudiantes más pobres", dicen los medios de comunicación estatales.

Por último, hay una revolución política detrás: el presidente chino habla de "prosperidad común", que se presenta como una vuelta a las raíces del partido. También aquí la intención es buena. "Gongtong fuyu", "prosperidad común", es un llamamiento a los más ricos y a las grandes empresas para que contribuyan más a la redistribución de la riqueza. Con la hoz en la garganta, o al menos bajo presión, en los últimos días decenas de multimillonarios chinos han dado repentinamente muestras de generosidad y han hecho donaciones a la comunidad.

Este es el tercer nivel de esta ola de reformas. Ya no estamos en el lema de "enriquecerse" de Deng Xiaoping, el padre de la apertura de China al capitalismo rojo hace 40 años. La "nueva era" de Xi Jinping está marcada por una vuelta a los orígenes del partido. Lo vimos en las referencias a Mao a principios de verano durante las conmemoraciones del centenario del PCCh, en las que también se pretendía anclar al líder chino en esta historia original.

"Revolución profunda" y el Congreso de 2022

En el trasfondo de estas reiteradas directivas, esta corriente ideológica que, como muchos eslóganes en China, puede resumirse en cuatro caracteres utilizados por la prensa oficial: 深刻变革, shenkè biange en mandarín, "revolución profunda" o "cambio profundo" en español. Estos términos fueron utilizados por Li Guangman, antiguo redactor jefe de un medio de comunicación estatal, quien sostiene que el mercado chino "ya no es un paraíso para que los capitalistas se hagan ricos de la noche a la mañana", y que hay que desconfiar del llamado "culto a la cultura occidental" o de las "celebridades afeminadas" que ablandan el cerebro de los jóvenes.

El contexto es importante: este apriete de las tuercas ideológicas se produce en vísperas del 20º Congreso del PCCh del próximo otoño boreal. También en este caso, las señales son claras. Hace dos días, Xi Jinping pronunció un discurso de inicio de año para jóvenes cuadros en la escuela central del partido, en el que hizo hincapié en la "absoluta lealtad al partido", en "rechazar las ilusiones" y en "atreverse a afrontar los retos", insistiendo en que no hay que "ceder ni un ápice" en los principios.

El pensamiento del presidente se estudia ahora en la escuela primaria. Esto ya ocurría en algunas universidades. Una reunión del politburó en estos días podría dar lugar a una resolución histórica para asentar aún más la legitimidad de Xi Jinping. El jefe de Estado es, por tanto, el único que tiene el control antes del 20º Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, en el que podría, gracias a una enmienda constitucional en 2018, ver ampliado su mandato.

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