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Según una investigación del New York Times el presidente de Haití, Jovenel Moise, asesinado el pasado julio, estaba trabajando en una lista de políticos y empresarios con vinculaciones al tráfico de drogas. Sus asesinos, aparentemente, buscaban hacerse con esa lista antes de que Moise la enviará a Estados Unidos.

El New York Times entrevistó a más de 70 personas y viajó por gran parte de Haití para encontrarse con políticos, amigos de la infancia de Jovenel Moise, policías, pescadores y participantes en el tráfico de drogas.

Según la extensa investigación del diario estadounidense, el entonces presidente de Haití estaba trabajando en una lista de poderosos políticos y empresarios implicados en el tráfico de drogas en su país. La lista iba a ser entregada al gobierno estadounidense, según contaron al New York Times cuatro altos asesores y funcionarios haitianos encargados de redactar el documento.

La pista parece ser confirmada por las interrogaciones de algunos de los hombres capturados, acusados de asesinar a Moise. Estos hombres, confesaron que recuperar la lista era una prioridad absoluta, según dijeron al New York Times tres altos funcionarios haitianos con conocimiento de la investigación.

Entre los testimonios recopilados por el medio está el de la viuda de Moise, Martine Moise, quien fue herida durante el ataque que terminó con la vida del mandatario. Martine simuló estar muerta y pudo escuchar cómo los asesinos revisaban el domicilio en busca de algo. “Esto es”, escuchó la viuda que decían los sicarios antes de partir del lugar. Sin embargo, la ex primera dama no sabía qué era lo que los asesinos habían encontrado.

Haití puede haberse convertido en la mayor ruta del tráfico de drogas hacia  Estados Unidos, dice el New York Times. No es nuevo que en el Parlamento de Haití haya presuntos traficantes de drogas y armas. Avionetas con contrabando aterrizan con frecuencia en pistas de aterrizaje clandestinas. Se ha capturado in fraganti a agentes de policía haitianos ayudando a los traficantes de drogas, mientras que los jueces son sobornados regularmente para desestimar los casos, señala el medio agregando que el país se ha vuelto difícil para realizar investigaciones policíacas.

Las fuerzas de seguridad estadounidenses son incapaces de llevar a cabo un programa de escuchas telefónicas en el país, o incluso de colaborar plenamente con sus homólogos haitianos, porque la corrupción en la policía y el poder judicial es muy profunda, dicen los funcionarios estadounidenses al New York Times.

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