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El domingo 7 de noviembre, Nicaragua celebra elecciones generales que Daniel Ortega ganó por adelantado. Todos los posibles opositores al presidente en funciones, que se presenta a un cuarto mandato consecutivo, han sido detenidos o forzados a exiliarse. Una represión que también afecta a los defensores de los derechos humanos y a los periodistas, muchos de los cuales se han refugiado en la vecina Costa Rica.

San José, la capital de Costa Rica, se ha convertido en la sede de la oposición nicaragüense en el exilio. En general, es en esta gran ciudad centroamericana donde terminan todos los que huyen de Nicaragua. Desde las grandes protestas de 2018 contra su gobierno que dejaron más de 300 muertos, el presidente Daniel Ortega ha tratado de silenciar todas las voces críticas.

Los periodistas extranjeros no son bienvenidos. La compañía aérea comunicó a la enviada especial de RFI unas horas antes de su vuelo a Managua que su billete había sido cancelado. El motivo: su entrada en el país "no había sido aceptada" por las autoridades locales. La misma suerte corrieron varios periodistas de medios de comunicación franceses y extranjeros.

Prensa local amordazada

La prensa local está totalmente restringida. La presión, que ya es considerable desde hace varios años, ha aumentado desde mayo con el cierre de la sede del mayor periódico del país, La Prensa, y el encarcelamiento de su director. Varias decenas de periodistas han huido amenazados, sobre todo a la vecina Costa Rica.

Abigail Hernández, directora del medio de comunicación online Galeria News y miembro de laPeriodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), tomó la decisión la semana pasada. Dice que se marchó a toda prisa, después de que los agentes de policía le informaran de que estaba siendo objeto de un ataque y de que estaba recibiendo amenazas por teléfono.

"No pensé que me iría. Pensé que si querían arrestarme, que me arrestaran. Pero entonces fue mi madre la que me pidió que me pusiera a salvo", dice, muy emocionada. Hoy, la periodista de 40 años trata hacerse un camino en San José, una ciudad que no conoce, pero donde dice contar con la solidaridad de sus colegas en el exilio para seguir informando. "No vamos a volver mañana, ni dentro de dos meses. Pero en dos meses seguiré haciendo este trabajo", dice. "Tenemos la esperanza de que si seguimos haciendo nuestro trabajo, el cambio es posible”. En total, 54 periodistas del PCIN han huido a Costa Rica.

Una herramienta: las leyes liberticidas de 2020

Incluso en San José, estos periodistas siguen siendo cautos. Dicen que los vigilan incluso al otro lado de la frontera. En la pequeña Nicaragua en que se ha convertido San José, se reúnen exaliados del presidente Ortega, activistas de derechos humanos y médicos exiliados, amenazados por criticar la gestión de la crisis sanitaria. Varias leyes aprobadas en 2020, supuestamente para proteger al país de las injerencias extranjeras o de las noticias falsas, permiten detener a casi cualquier persona.

En este contexto, la campaña electoral para las elecciones presidenciales y legislativas terminó oficialmente el jueves. No hubo un verdadero debate de ideas: todos los candidatos de la oposición fueron impedidos de participar en las elecciones, como Jesús Tefel, que nos recibe en su piso en los suburbios de San José. El empresario había sido nominado para encabezar la lista de la Unión Nacional Azul y Blanca (UNAB) en el departamento de Managua. Pero las primarias de la oposición, cuyas distintas facciones se esforzaron por llegar a un acuerdo, nunca se celebraron. En pocas semanas, se canceló el estatus legal de varios partidos y se detuvo a sus principales figuras, incluidos siete candidatos presidenciales.

“Todos los precandidatos, todos los que tenían una aspiración y participaron en el proceso de primarias […] fueron metidos presos y quitaron la personería política de los partidos. Nos secuestraron, metieron a la cárcel a todos mis colegas con quienes trabajaba todos los días. Yo tenían muchas advertencias de que estaba en esa lista para ser apresado. Ese día no regresé a mi casa, me fui a una casa de seguridad donde estuve cinco semanas en resguardo mientras veía como metían presos a mi alrededor. A quienes no tomaron las suficientes medidas de seguridad, los detuvieron y están presos al día de hoy”, recuerda Tefel.

“A mediados de julio me vine para Costa Rica, adonde crucé por un ‘punto ciego’, cuando pasa por la montaña. Me vine a Costa Rica, que tiene una política enfocada en los  derechos humanos y asiste a los refugiados. Nos hacen las cosas sencillas. Solo tenemos que hacer una llamada telefónica y número de Inmigración y Extranjería y ya está en una condición de trámite de refugio que hace que no te expulsen”, dice el activista de la UNAB. Desde principios de año, más de 35.000 nicaragüenses han solicitado asilo en Costa Rica.

¿La prisión como incubadora de nuevos líderes?

El domingo, cinco pequeños partidos aparecerán en la papeleta junto al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Los principales grupos de la oposición les acusan de ser cáscaras vacías vinculadas al partido en el poder. Los candidatos son prácticamente desconocidos y no se han pronunciado mucho en las últimas semanas. "La campaña se reduce a un monólogo", dice Jesús Tefel. Todos los días se emite por la radio un largo discurso de la primera dama, Rosario Murillo, la número uno del país para muchos observadores. La vicepresidenta habla regularmente de la lucha de su país contra la injerencia extranjera. Este es también el argumento esgrimido para rechazar cualquier presencia de observadores internacionales.

Para el economista y ex diputado Enrique Sáenz, que también lleva dos años en el exilio, la estrategia del Gobierno de gobernar por el miedo podría acabar siendo contraproducente. "Al encarcelar a líderes sociales, políticos y económicos, este gobierno ha creado una incubadora de liderazgo en las cárceles. Todos los que están en la cárcel sufren, pero también ganan una legitimidad política y moral que antes no tenían", analiza. Una cosa es cierta: sin oponente, la reelección del presidente Ortega no está en duda el domingo. Una parte de la oposición llama a la abstención, considerada hoy como la última posibilidad de impugnación en Nicaragua.

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