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El ejército filipino intenta llegar a las islas que han quedado desoladas por el paso del tifón Rai con agua y comida para los damnificados. Cientos de miles de personas se han quedado sin hogar. El balance es de 375 muertos y cientos de heridos, se trata del tifón más mortífero desde el paso de Hayan en 2013.

Rai tocó tierra en el archipiélago como un supertifón el jueves pasado llevándose por delante casas, arrancando árboles y cortando el suministro eléctrico en varias islas. “La devastación es absoluta en algunas áreas”, según Naciones Unidas.

Una de las islas más destruidas ha sido Bohol, conocida por sus playas, allí murieron 96 personas. El gobernador de la isla, Arthur Yap, asegura que se quedaron sin dinero y pidió ayuda al Gobierno de Rodrigo Duterte. “Si no envían suministros, habrá saqueos”, advirtió.

Otras islas como Siargao, Dinagat o Mindanao también fueron afectadas por los fuertes vientos de hasta 195 km por hora. 400.000 personas han tenido que ser realojadas en centros de evacuación o pedir cobijo a familiares porque sus hogares quedaron destruidos.

Miles de militares, policías y guardacostas así como la Cruz Roja se han movilizado para llevar comida, agua potable y suministros médicos a los supervivientes. Pero se necesita dinero, 22 millones de dólares, según la Cruz Roja, para financiar la actuación de emergencia.

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