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POR:  THE CONVERSATION

¿Cómo repercutirán el confinamiento y la falta de movilidad en nuestros hijos? ¿Las medidas de distanciamiento social afectarán a su capacidad para relacionarse en el futuro? ¿Repercutirá en su bienestar emocional el miedo y la angustia vividos?

Nos interesamos por explorar el impacto emocional, social y educativo que experimentan durante la pandemia los niños con edades comprendidas entre 3 y 12 años, correspondiente a la etapa de educación infantil y primaria.

El estado emocional de los niños

Hemos evaluado el impacto emocional dividiendo las emociones en dos tipos: positivas y negativas. En el primer grupo estaría la tranquilidad y la alegría y en el segundo el nerviosismo, la tristeza, el miedo y el enfado.

Las familias han expresado que las emociones positivas de sus hijos han prevalecido sobre las negativas durante el confinamiento. Los niños, en opinión de sus familias, han experimentado más emociones positivas que negativas. Ha prevalecido la alegría y, en menor medida, la tranquilidad. Han sentido en pocas ocasiones tristeza y miedo y, en algunos momentos, se han sentido nerviosos o intranquilos.

El alumnado experimenta mayor impacto emocional a medida que avanza su edad. Mientras los alumnos de infantil se sienten más alegres, los de primaria tienen más miedo y sienten más tristeza.

A mayor nivel de estudios, se percibe una mayor intensidad en las emociones positivas, y a menor nivel de estudios, mayor intensidad en las emociones negativas.

Interacción social

El confinamiento también ha producido un impacto social en la infancia. Han experimentado un intenso sentimiento de añoranza, fruto de no poder interaccionar con sus iguales ni con familiares no convivientes y en menor medida, no poder acudir a su centro escolar. En general, los niños durante el confinamiento no han sentido soledad. Esto se puede deber a que han pasado mucho más tiempo con sus familias, compartiendo actividades como juegos analógicos, lo que hizo que no experimentaran aburrimiento.

El apoyo de las familias en las tareas escolares y la accesibilidad, tutorización y acompañamiento de los docentes durante el confinamiento ha permitido que, aunque la enseñanza online ha sido escasa, el ritmo de aprendizaje del alumnado de infantil y primaria se haya visto poco afectado.

Desigualdades

Preguntamos por la implicación de mujeres y hombres en diferentes tareas como la limpieza de la vivienda y de la ropa, la compra de productos alimenticios y de higiene, la preparación de las comidas, las tareas escolares y las de ocio con los hijos.

El estudio revela que los datos de corresponsabilidad son inferiores al valor deseable para un reparto igualitario de las tareas domésticas y de la crianza de los niños en el seno familiar.

La tarea que más se comparte entre padres y madres es la compra de productos de alimentación e higiene (79,7%) y las relacionadas con el acompañamiento en el ocio de los hijos e hijas (76,7%). En el lado opuesto, la limpieza de la ropa (56,5 %) y el apoyo en las tareas escolares (58,7 %) son las actividades en las que menos participan los hombres.

Esta situación ha generado un estrés adicional en las mujeres en la gestión de la pandemia. Tener que abordar demandas simultáneas del ámbito familiar y profesional ha repercutido negativamente en su bienestar personal. Compartimos el testimonio de una de ellas:

“Yo no sabía dónde acudir. Es horrible tener al niño encima de mi ordenador diciendo ‘mamá, ayúdame con las tareas’ mientras contesto al teléfono o estoy haciendo un pedido online”.

La conclusión más relevante del estudio es que, como dice Santos Guerra, “una pantalla no es una escuela”. Al menos en estas edades, la enseñanza online puede ayudar a transmitir conocimientos, pero una verdadera educación para la democracia solo se consigue a través de la interacción social presencial entre todos los miembros de la comunidad educativa.

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