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Hubo quienes creyeron que con la gran velocidad de transmisión (RO) de Ómicron, 13, sumada a los índices cada vez mayores de vacunación, se alcanzaría la inmunidad de rebaño.

Sin embargo, también existen expertos que opinan todo lo contrario, y que si no fuera por la inmunización, podría ir peor a la población.

En primer lugar hay que dejar en claro qué significa inmunidad de rebaño. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “es la protección indirecta contra una enfermedad infecciosa, que se consigue cuando una población se vuelve inmune, ya sea como resultado de la vacunación o de haber presentado la infección con anterioridad”. 

Quiere decir que cuando mucha gente genera anticuerpos al mismo tiempo, ya sea de forma natural o artificial, el virus disminuye su transmisibilidad, incluso puede morir, porque no encuentra dónde reproducirse.

Deseo frustrado
La realidad muestra que con Ómicron, la famosa inmunidad de rebaño está cada vez más lejos, y con cada nueva variante, la vara se pone más alta.

Según el presidente de la Sociedad Boliviana de Infectología, Juan Saavedra, Santa Cruz, que atraviesa la cuarta ola con aproximadamente 60% de la población con inmunidad por infección y 40% por vacuna, ya debería tener esa inmunidad de rebaño.

“Eso diríamos por unos meses, pero con el tiempo se agota la inmunidad y se necesita refuerzo de vacuna o de reinfección.

 Además, la inmunidad que se predijo con 60% fue calculada en base a la capacidad infecciosa del virus original, pero ahora tenemos virus que son el doble y el triple de infecciosos, así que no puede seguirse manteniendo ese umbral bajo de inmunidad de rebaño”, explicó.

Para el infectólogo, actualmente esa inmunidad de rebaño tendría que ser del 80 a 90% para frenar la transmisibilidad. Saavedra dijo que en muchos países ya ha subido este porcentaje, solo en Bolivia se mantiene al 60% porque no se toma en cuenta que el virus es más infeccioso. 

“En base a su capacidad de infección, cada virus necesita de una inmunidad de rebaño diferente; va sujeta a la transmisibilidad del virus; mientras más contagioso, se requiere mayor porcentaje de inmunidad de rebaño”, aclaró.
Según el experto, la menor cantidad de muertos, a pesar de la cantidad de contagios, se debe a que hay más vacunados. “Si en 2020 la epidemia hubiera empezado con Ómicron, ya no estaríamos aquí”, dijo.

Saavedra explicó que el paso del tiempo ha mostrado que las nuevas variantes son cada vez más infecciosas. Ante la alta transmisibilidad de Ómicron, según la Clínica Mayo, se precisa un 94% de la población inmunizada para detener la transmisión del virus. 

Hasta hace una semana, aproximadamente el 60% de la población mundial tenía una dosis, con marcadas desigualdades entre los países ricos y los pobres.

La fuerza infecciosa de Ómicron se mostró ya en Estados Unidos, que rompió récords, igual que en Bolivia. En 20 días Santa Cruz rompió cinco veces los récords de toda la pandemia.


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