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Por Brissa Pabón 

Octubre, el mes rosa de la sensibilización en la lucha contra el cáncer de mama, también es el mes que dio inicio a la batalla de Vera Lucía Subirana contra la enfermedad.

Madre de un niño de once años, emprendedora y una guerrera. Hace un año, era diagnosticada con un sarcoma en el pecho, un tipo de cáncer poco frecuente que aparece en los huesos y en el tejido conectivo, como en la grasa y los músculos. Tuvo que ser sometida a una mastectomía donde se le extirpó la mama afectada, para luego empezar un tratamiento de quimioterapia. 

Tiene 35 años y lleva adelante una empresa que desarrolla soluciones de software/Foto: Brissa Pabón

Conocer la lucha

“Recuerdo que conocí el resultado de mis exámenes un sábado, y cuando mi doctora me dio el diagnóstico, me dijo que tenía un día y medio para asimilar, llorar y entender. Después debía decidir si me operaba por el sistema de salud público o privado, todo fue muy rápido, la cirugía debía realizarse con urgencia”, relata.

El proceso de recuperación post cirugía que tuvo que pasar fue difícil, con una lenta cicatrización y alergias en la piel. Pero lo peor estaba por llegar. Con las quimioterapias aparecieron las náuseas, dolores de cuerpo extremos, cefaleas muy fuertes y vómitos cada 5 minutos.


“Creía que había pasado lo peor, hasta que conocí la lucha. El dolor de cuerpo era tan extremo que no podía ni cambiar de posición cuando estaba recostada, me dolía cada centímetro de mi cuerpo; era como una ola de dolor que vivía hasta el quinto o sexto día posterior de cada quimioterapia”, un proceso que tuvo que vivir durante los cinco meses que duró su tratamiento.

Su hijo de 11 años ha sido el motivo de su lucha desde que comenzó la batalla contra el cáncer.

“El cabello es lo de menos”

Su cuerpo también vivió una serie de cambios externos a consecuencia de las quimioterapias, uno de los más notorios fue la caída del cabello.

“Tenía mucho miedo. Miedo a verme acabada o sin cabello. Y pasó tal cual, después de mi primera ‘quimio’ mi cabello se cayó. Entré en ‘shock’, no podía gritar, ni llorar, estaba en la ducha y veía cómo se iba cayendo mi cabello por todo mi cuerpo”, recuerda.

Esto llegó acompañado de alergias y hematomas en el rostro. Y un deterioro físico general que se veía reflejado en su piel y aspecto externo.

“Después de haber pasado por tanto dolor, me di cuenta de que el cabello era lo de menos, eso lo entendí viviendo toda la experiencia”, confiesa Vera.

Apoyo incondicional

Contar con el apoyo moral y económico de su familia y amigos fue lo que la ayudó a sobrellevar la lucha. Sentir el cariño de tantas personas a su alrededor hizo que no se sintiera sola.

“Tuve el apoyo de toda mi familia, de mi novio y en especial de mi hijo, que se portó a la altura y quien fue y es el motivo de mi lucha”.

De la misma forma, recibía mensajes de aliento, llamadas, oraciones y hasta historias de experiencias propias por parte de otras mujeres desconocidas que estaban pasando la misma situación. Esto la motivó a seguir.

Tuvo el apoyo de su familia y amigos  en todo momento y fueron quienes la ayudaron a sobrellevar la lucha.

Una felicidad agridulce

Vera se encuentra ya en la etapa final de remisión y antes de que acabe el año se espera que termine todo el tratamiento preventivo de radioterapias. Sin embargo, no todas las personas que padecen esta enfermedad tienen la misma historia.

“Soy muy agradecida por seguir viva, pero esa felicidad a veces se convierte en agridulce porque es muy duro ver que otras personas no pueden vencer la lucha”, dice con la voz entrecortada y entre lágrimas. “Creo que lo mejor que podemos hacer es vivir al máximo la oportunidad de seguir aquí, esa es mi forma de agradecer el seguir viva”.

Vera Lucía ahora se encuentra en la etapa final de remisión, espera terminar el tratamiento antes de que acabe el año.

Seguir avanzando

Una de las muchas lecciones que le deja la lucha, es el entender que “todo pasa”, tanto lo bueno, como lo malo.

“Entendí de que nada es para siempre. Pasé por días horrorosos, nunca en la vida pensé llegar a sentir tanto dolor, pero pasaba, eran días que terminaban pasando”.

Octubre nunca más tendrá el mismo significado para Vera Lucía, pues aparte de ser el mes de la lucha contra el cáncer de mama, es el mes en el que la diagnosticaron la enfermedad y empezó la batalla. “Aún recuerdo cuando inicié los trámites para poder ingresar como paciente en el Oncológico, no tenía idea de lo que me esperaba”.

Después de un año, asegura que es una lucha muy dura, pero que vale la pena cada lágrima y cada dolor. Ahora, se siente invencible.

Cáncer de mama en Bolivia

En Bolivia, de una a dos mujeres mueren por cáncer de mama cada día y se calcula que, para el año 2030, una de cada ocho mujeres estará afectada por este mal.

Estadísticamente, el cáncer de mama es la segunda causa de muerte de mujeres en el país. 


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