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La alegría es una emoción que todo el mundo conoce y que ha experimentado alguna vez en la vida. Es una emoción agradable porque se trata de un sentimiento de placer que es producido por un acontecimiento positivo.

Expertos sicólogos definen a la alegría como una emoción pasajera que se manifiesta por medio de la risa o la sonrisa, aunque también es cierto que la alegría provoca manifestaciones de todo tipo, desde saltos, aplausos, bailes, etc., cada persona la manifiesta de forma diferente.

La alegría es una emoción subjetiva, habrá personas a las que les provocará alegría estar tumbados en una hamaca en una playa. Y para otros, la alegría es hacer una buena caminata en la montaña.

Los momentos de alegría influyen positivamente en la salud de los adultos mayores.

Lo que cierto es que una persona alegre rinde más, tiende a estar más sana, a superar las dificultades, y a provocar alegría a las personas que tiene alrededor, a hacer el bien.

La alegría es una emoción básica y, al igual que el resto de emociones, posee una función adaptativa. Nos invita a sonreír, a curiosear y a explorar nuestro entorno. Estar contentos nos produce una sensación de expansión en el pecho. Así, es posible que la propia activación fisiológica asociada refuerce la sensación de estar sonriendo y compartiendo la alegría con los demás.

En esta emoción a nivel corporal intervienen músculos concretos que de forma automática se activan cuando estamos contentos.

La alegría favorece el equilibrio entre mente y cuerpo y nos permite recuperarnos del estrés de nuestra vida diaria. Es una emoción expansiva que nos empuja a elevar el tono de voz, además de hacernos sentir físicamente más ligeros.

Aunque no se puede esperar que uno esté alegre todo el tiempo, la terapeuta integral y maestra de yoga, Laya Glueckstein, asegura que la alegría tiene que estar presente durante muchos momentos del día.

“La alegría se entrena, como el músculo del abdomen. Alegría es sentirse pleno, útil, sano, pero también es reír a carcajadas o regalar una sonrisa o dar un abrazo. Hay que aceptar que existen momentos que son desagradables, entonces, es difícil mantener el estado de alegría permanente. Sin embargo, lo interesante resulta cuando nos conectamos nuevamente con ese estado de la alegría, porque se da una especie de doble recompensa que hace que sea más rico sentirla”, expresa.

¿Qué nos genera alegría?

Aunque cada persona se siente feliz con cosas muy diferentes, sí hay determinados elementos o situaciones que suelen provocar alegría a cualquier persona.

Glueckstein explica que lo que más le causa alegría son cosas que a la mayoría de la gente le genera una agradable sensación, desde mirar al cielo, olfatear las fragancias de los árboles o ver un bebé con sus ojos claros y su sonrisa natural.

“Ver los colores que nos regala la naturaleza, especialmente en estos días en que los tajibos adornan la ciudad, me produce mucha alegría. También ver las nubes, imaginando como una niña qué formas de animales tienen. Todo eso me hace alegre, al igual que caminar descalza, sentir el sol en mi piel, largos paseos a caballo o compartir buenos momentos con seres queridos”, añade la terapeuta.

¿Qué sucede a nivel cerebral?

Es muy común confundir alegría con felicidad. La alegría es una de las emociones básicas, y la sentimos en un momento concreto, durante un tiempo muy limitado. Mientras que la felicidad es un sentimiento, un estado de ánimo, y suele ser más duradero en el tiempo.

Existe un grupo de hormonas que se activan cuando el cerebro siente que lo que está sucediendo es algo que nos produce alegría. Estas son la endorfina, relacionada muy a menudo con la felicidad, la serotonina y la dopamina.

El neurólogo Francisco Mora explica que la serotonina es un neurotransmisor que nuestro cuerpo produce naturalmente en los intestinos y en el cerebro.

“Como neurotransmisor, su función es posibilitar las conexiones neuronales, haciendo que funcione la actividad del sistema nervioso. La serotonina tiene muchas funciones en nuestro cuerpo, casi todas vitales. Algunas de las más importantes son: regular nuestro apetito, controlar la libido sexual, mantener la temperatura corporal, participar en los mecanismos de control del miedo y la ansiedad y desarrollar un importante papel en la formación ósea”, asegura el especialista.

Mora indica que la serotonina es, sobre todo, conocida por el rol que cumple regulando nuestro estado de ánimo e inducir al bienestar emocional.

“Su presencia en nuestro organismo hace que se incremente nuestro bienestar, a su vez, nos relaja y nos hace ser positivos. No obstante, cuando los niveles de serotonina se desequilibran aparece todo lo contrario: agresividad, aumento de la angustia y ansiedad, malestar, tristeza. De hecho, enfermedades mentales como la depresión se relacionan con niveles bajos de serotonina. Es por eso que muchos de los medicamentos antidepresivos en realidad lo que hacen es bloquear la recaptación de este neurotransmisor para que aumente la disponibilidad del cerebro y así mejore el estado mental”, menciona.

Consejos

En su libro Adiós, tristeza, la autora motivacional española Cristina Soria, propone un cambio de hábitos hacia un estilo de vida más saludable que se conviertan en un apoyo fundamental para que la alegría se parte de nuestro diario vivir. Estos son algunos:

Busca el origen y verbalízalo. “En muchas ocasiones sabemos detectar sin demasiados problemas cuál es el origen de nuestra tristeza y somos capaces de explicar con claridad cómo nos sentimos. Hay que ser valientes para desenmascarar aquello que nos hace daño, para poder ponerle solución”, apunta.

Aprende a gestionar tus emociones. “Observar tus emociones te ayuda a conocerte mejor y a gestionar de manera adecuada el momento en el que te encuentras. Los seres humanos somos razón y emoción, y se trata de encontrar el equilibro entre ambas”, indica la autora, que nos propone escribir los pensamientos que se nos agolpan a lo largo del día, sea cual sea la situación que los haya provocado. “Hay que identificar las emociones que nos generan y darles el valor que les corresponde nos permitirá ser inteligentes emocionalmente”, agrega.

Dormir. El descanso y la tristeza actúan como un bumerán. “Si te sientes triste, lo más seguro es que no puedas descansar, ya sea porque estás demasiado inactivo y cuando llega la noche no tienes sueño, ya sea porque no paras de darle vueltas a la cabeza y la inquietud te domina. Asimismo, la falta de descanso afectará directamente a tu estado de ánimo”, menciona Soria.

Comer de forma saludable también es una manera efectiva de mantener el optimismo.

Come bien. Numerosos estudios científicos y médicos han llegado a la conclusión de que los alimentos influyen en nuestro estado de ánimo, ya sea para mejorarlo o para empeorarlo, pues son capaces de modificar las sustancias químicas del cerebro encargadas de las emociones. Por eso, la autora recomienda llevar una dieta equilibrada e incluir en ella alimentos que producen bienestar emocional (grasas saludables, frutos secos, vegetales, frutas de temporada, etc) es una manera efectiva de mantener el optimismo y la energía incluso en momentos difíciles.

Haz ejercicio. “La actividad física aporta beneficios en el estado de ánimo y mejora la autoestima. Las personas que siguen un programa de actividad física de manera periódica mejoran su capacidad para pensar con optimismo y enfrentarse a los problemas del día a día, al tiempo que potencian su salud social y su manera de relacionarse”, subraya.

Un poco de humor. Soria también incluye el sentido del humor, pues nos ayuda a mantener la distancia de todos esos elementos que dañan nuestra alegría.

Cultiva tu autoestima. “Adquiere nuevos hábitos que te ayuden a verte y a sentirte mejor. Si al mirarte en el espejo ves a una persona que se mima y se gusta, seguro que tu estado de ánimo mejorará”, señala la escritora.

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