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David Julius (65) estaba caminando por el pasillo de un supermercado lleno de salsas de ají cuando se dirigió a su esposa, también científica, y dijo que pensaba que era hora de descifrar la forma en que ciertos químicos causan la sensación de calor.

“Bueno, entonces deberías ponerte manos a la obra”, fue su respuesta.

Mientras tanto, Ardem Patapoutian se había sentido impulsado a descubrir los olvidados misterios del tacto, que gobiernan todo, desde cómo discriminamos entre objetos y cómo nos sentimos cuando abrazamos a otra persona, hasta cómo nuestros cuerpos “saben” intuitivamente dónde están nuestras extremidades, sin mirarlas.

Ambos biólogos moleculares estadounidenses ganaron el Premio Nobel de Medicina por sus innovadores avances, realizados de forma independiente a finales de la década de 1990 y en la de 2000, y que ahora se están orientando hacia el desarrollo de tratamientos, especialmente para el dolor.

Julius, de la Universidad de California, en San Francisco, dijo a los periodistas que siempre le había fascinado cómo las personas interactúan con los productos naturales en su entorno y cómo ciertas plantas contienen irritantes químicos, como las especias.

Investigaciones anteriores habían demostrado que la capsaicina es un importante activador de las neuronas involucradas en el dolor, pero el mecanismo subyacente no estaba claro.

Julius descubrió en 1997 la proteína específica en la punta externa de los nervios sensoriales, responsable de la sensación de ardor de los chiles, y descubrió que también respondía a las altas temperaturas.

Luego recurrió a compuestos de mentol y menta para identificar “receptores” similares responsables del frío, y usó moléculas de wasabi para aprender sobre el dolor inflamatorio.

“Hay un momento en el que haces un descubrimiento, en el que eres la única persona en el planeta, o al menos crees que eres la única persona en el planeta que sabe la respuesta a una pregunta en particular, y ese es un momento emocionante”.

Se están preparando varios fármacos candidatos para detener el dolor crónico, pero hasta ahora se han enfrentado a efectos secundarios desafiantes.

“Hay que caminar en esta línea de querer inhibir el dolor que es crónico (...) pero no eliminar la sensación de dolor que es protectora o aguda”, dijo.

El éxito de un inmigrante

Patapoutian, de Scripps Research, también hizo descubrimientos relacionados con la temperatura, pero sus investigaciones sobre la presión se destacaron aún más.

Encontró dos genes responsables de convertir la presión en señales eléctricas a través de pruebas en células cultivadas en laboratorio. Patapoutian, de origen armenio, que creció en un Líbano devastado por la guerra y llegó a Estados Unidos a los 18 años, reconoció que le resultaba difícil imaginar que llegaría el día en que ganaría un Nobel.

Sus “descubrimientos revolucionarios” nos han “permitido comprender cómo el calor, el frío y la fuerza mecánica pueden desencadenar impulsos nerviosos que nos permiten percibir y adaptarnos al mundo”, informó el jurado del Nobel en Estocolmo.

Ardem Patapoutian, profesor de Scripps Research en California nacido en Beirut, utilizó células sensibles a la presión para descubrir un nuevo tipo de sensores que responden a estímulos mecánicos en la piel y los órganos internos.

“Sabíamos que (esos sensores) existían, sabíamos que hacían algo muy diferente a la mayor parte de las otras células que se comunican entre sí químicamente. Pero la respuesta era difícil de dar”, apuntó Ardem Patapoutian.

Su trabajo es útil para la investigación de muchos tratamientos, sobre todo para el dolor crónico.

Pero, advirtió David Julius, esos tratamientos deberán “inhibir el dolor crónico” pero sin “eliminar una sensación de dolor protectora o aguda”.

“Tenemos que estar en condiciones de sentir el dolor”, explicó, “pues eso nos evita lesionarnos o nos permite darnos cuenta de que estamos a punto de herirnos”.

Thomas Perlmann, director del comité Nobel de Medicina, afirmó por su parte que “ambos son investigadores increíbles que han abierto las puertas de las sensaciones sensoriales de una forma totalmente única”.

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