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‘Ale’ Soto Maldonado es cruceña, criada en Asunción, Paraguay. Se formó como productora audiovisual y se desempeña como productora ejecutiva en Sobrino Film. Es mamá de Fernando ‘Chiki’ Paz Soto y está casada con Juan Eduardo ‘Chicho’ Serna.

Toda esta aventura en la cocina inició el 27 de mayo, cuando decidió que el dinero que iban a gastar en agasajarla, lo utilizaría en hacer un plato de comida para invitar a los que no tienen para comer. Se ofreció para hacer guiso de fideo. Su esposo e hijo estuvieron de acuerdo y la acompañaron en su cometido

¿Cómo surge la idea?

Cociné 100 platos de guiso de fideo esa tarde y en la noche salimos a repartir a las rotondas. Lo que pensé que sería una experiencia agradable, compartiendo mi cena del Día de la Madre con otras personas, terminó deprimiéndome. De regreso a casa veía más gente en la calle a quien no pudimos alimentar. Esa misma noche creé la página de Facebook, el nombre lo tenía elegido desde el 2018, y me volqué a las redes en busca de apoyo.

De ahí, todo fluyó, con tanta gente sumándose a diario para ayudar con su granito de arena, que no paramos. Todos los jueves salimos a repartir desde 200 platos de cena, dependiendo del apoyo, a veces hasta 500 platos. También sumamos los desayunos solidarios los fines de semana, en barrios periféricos, hogares y el Hospital de Niños.



¿Qué la motivó?

En 2018, un niño se me acercó a pedir limosna. Recuerdo su carita triste y me atormentó durante semanas. Le comenté a Chicho que debería haber comedores comunitarios, adonde pueda recurrir todo el que necesite un plato de comida. Y me propuse crearlo. Pensaba en toda la comida que se pudre, cuando sobra en los restaurantes, los alimentos que se vencen en los supermercados y mercados, y me dije que no faltaba comida, solo organización.

Le comenté a un amigo de la iniciativa del nombre. Me dijo que no era tan fácil. Que necesitábamos plata, apoyo, lugar donde establecernos. Y me desanimé. Me dije que cuando tuviera recursos, podría ayudar. Este año me di cuenta de que no se trata de hacerlo todo uno.



Es parte de la “organizada”, si cada uno pone de su parte, de a poco podemos lograrlo. Si no es ahora, ¿cuándo? y ahora es cuando. Vi en una película que, si uno alimenta a alguien, le quita la violencia. Muchas veces cuando pasamos hambre, la cabeza se nos llena de pensamientos oscuros y tristes. Si cuando uno tiene hambre se pone de malhumor normalmente, ¿cómo sería cuando se pasa días así? ¿Qué tan grande debe ser la pena de una persona al no tener que comer? Un plato de comida puede verse muy sencillo. Cocinarlo y repartirlo es sencillo. Pero es una luz de esperanza para alguien que se ve acorralado por la vida.

No pretendemos hacer caridad, sino, solidaridad, empatía. ¿Quién no estuvo en una situación desesperada alguna vez? Sea hambre, dolor, pobreza. Necesitamos aprender a ponernos en los zapatos ajenos, sin juzgar.



¿Compró ollas y cucharones más grandes?

Al principio no dimensioné lo que se venía. Tenía una olla y un cucharón grande que me regaló una tía. La primera vez cociné con eso. Luego, pedí ayuda para otras ollas y utensilios. Un amigo me llama la ‘testigo de Jehová de la comida’, porque adonde voy estoy pidiendo apoyo, sea en forma de historia de Instagram, a los influencers, para llegar a más gente, o con mi lista de difusión para pedir los ingredientes semanales o los insumos. Sería genial contar con el apoyo de Tramontina, para las ollas y cucharones, Belén para los desechables, Farmacorp o Chávez con los guantes y cubrepelos, YPFB con el gas. ¡Se vale soñar!

¿Sabe cocinar?

Cocino siempre en casa y con gusto, hago feijoada para vender. Pero mis medidas son siempre a “ojímetro”, y generalmente me sale siempre mucha más comida de la que planeo. Ahora cocino para 200 o 300 personas y me pasa lo mismo. Tengo el apoyo de un amigo chef Loddy Encinas, que me indica recetas, siempre con el detalle de las cantidades necesarias.



¿Cuál es el recorrido?

Los jueves empezamos con las rotondas, recorriendo una por una, bajando a los canales para llamar a todos. Decidimos sumar los hospitales, porque nos imaginamos que los familiares de los pacientes deben pasarla mal, ahorrando hasta el último centavo para las medicinas. Vamos al Hospital Oncológico, Japonés, San Juan de Dios, de Niños.

¿Cómo se han ido sumando los voluntarios?

Es hermoso. De a poco se suman los organizados, apoyando con lo que tienen para ofrecer: plata, desde Bs 10 hasta 500, ingredientes. Otros ayudan a repartir o a veces en la cocina. Apoyan desde sus redes, compartiendo nuestras publicaciones.

Mientras más comparten, a más gente llegamos, y eso es lo que mantiene todo en movimiento. Para repartir requerimos mínimo de seis personas; pero entre cocinar y repartir, somos casi 20 personas.



¿Ha hecho campañas buscando aportes?

Lanzamos la campaña “Organizáte y comemos todos”. Se sumó la comparsa coronadora 2021 Piltrafas, la Sociedad de Ingenieros de Bolivia Departamental Santa Cruz, el Comité de Damas de la SIB-SC, y diversos colegios de ingenieros; la promo 2023 Herzig del Colegio Alemán, La Porcina y el programa de TV Sonrisa de Mujer.

Pronto vamos a proponer la campaña “Un QR por un plato”, donde lanzaremos un QR masivo de entre Bs 3 y 5, para que la gente pueda donar. Teniendo en cuenta que entregamos platos bien servidos, acompañados de pan, refresco y fruta, calculamos más o menos ese monto por persona para cubrir todo. Es poco y está al alcance de nuestras manos. Pero nuestro mayor objetivo está en el comedor comunitario. Sostenible y firme. Que sea algo con lo que podamos contar, que no falle. Un alivio para las familias.

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