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Son vencedores del coronavirus que cerraron los ojos en una cama de Unidad de Terapia Intensiva (UTI) y cuando los abrieron, sin saber dónde se encontraban ni qué había pasado, empezaron una nueva vida, ellos sienten que el milagro fue posible. Aunque ahora deben superar las secuelas.

El médico Fabián Barja estuvo 38 días intubado, pero se siente afortunado porque vivió para contarlo. Salió de terapia covid-19 con 39 kilos menos, sin poder caminar y con lesiones en la piel por permanecer tanto tiempo una sola posición.

“El virus lo único que me respetó fue el cerebro y el corazón”, comenta, porque tuvo que enfrentar muchos problemas de salud por las secuelas del coronavirus, incluso tuvo que someterse a diálisis porque sus riñones dejaron de funcionar correctamente.

Un año después recuerda las luchas que ha tenido que enfrentar por el virus que contrajo cuando estaba ejerciendo su profesión en junio de 2020. Cree que se contagió cuando el virus saturó el sistema de salud en el departamento, justo en el pico de la primera ola, es decir, en 2021.

Primero le salió negativo una prueba de PCR por lo que respiró tranquilo, pero una semana después fue ingresado de emergencia al hospital de la seguridad social. “Yo no tenía ninguna molestia, solo mis labios se oscurecieron, no me acuerdo cómo llegué allá (al hospital) ni la consulta. Dice que lo primero que recomendaron era ponerme oxígeno, todo pasó a las 21:00, estuve en observación y al día siguiente me intubaron”, cuenta de ese primer día que ingresó a la UTI.



Hugo es un de los pacientes que logró vencer el coronavirus.
Reconoce que subestimó la enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte. 

De ese momento crítico tiene algunos recuerdos, como cuando estuvo frente a uno de sus estudiantes que estaba de turno, quien le dijo: “maestro tengo que intubarlo”, y él le contestó que proceda, que haga lo que tenga que hacer.

Lo que pasó en adelante lo supo por lo médicos que lo atendieron. En una jornada, el ventilador mecánico funcionaba al 100%, es decir, sus pulmones no ayudaban, su saturación iba bajando y sus riñones se bloquearon, no podía eliminar orina, le tuvieron que hacer 12 diálisis mientras estaba en terapia. También recibió transfusiones de sangre y de plasma hiperinmune.

“Un domingo le informaron a mi familia que ya no había que hacer, que mi estado empeoraba como para un deceso. Ese domingo toda mi familia me dio por muerto”, contó.

Cuando el panorama era poco alentador, cambió de golpe y a los pocos días, el médico-paciente mostró una leve mejoría. “Después de que estaba desahuciado, mis riñones volvieron a funcionar, mi saturación volvió a subir y el ventilador ya no hacía todo el trabajo”, recuerda con serenidad este médico de 73 años.

El 5 de agosto de 2020 retornó a su casa pesando solo 47 kilos, con pocos cabellos, sin poder caminar, hablar ni comer sólido, por lo que tuvo que consumir alimentos líquidos por dos meses. “Era un esqueleto. Por más de un mes estuve en peligro de morir”, recuerda.

Después de dos meses de la alta médica recién pudo ponerse de pie nuevamente, ayudado por la fisioterapia de forma diaria. “Sentarme fue una locura, una alegría”.

Un año después siente que todo pasó como un sueño, pues dice que en 2020 tenía el récord en el departamento de ser la persona que estuvo más tiempo en terapia intensiva por covid-19 y sobrevivir al virus.

Recién este mes está retomando sus actividades laborales y volvió a atender a sus pacientes.

“Ahora todo lo que pasé parece una pesadilla horrible”, dice y agrega que ya está en su peso ideal para su edad.

Aún tiene secuelas por los malestares musculares y sigue con fisioterapia. También recién en estas últimas semanas está recuperando el olfato.

“Me siento bendecido”

Hugo Achipa es otro de los pacientes que estuvo en estado crítico y le ganó al coronavirus. Hace cuatro meses estuvo intubado por 11 días. Era el 1 de abril cuando tuvo que ser internado y siete días después su estado de salud empeoró, por lo que los médicos recomendaron intubarlo.

El solo pensar en esa posibilidad fue el primer choque emocional que tuvo que enfrentar. “Yo estaba un poco asustado, porque escuché que personas se morían intubadas, pero me convencieron y dijeron que si seguía el tratamiento como estaba podía morir, y esta era una posibilidad de salir adelante”.

Al salir de la sala de intubación estaba muy débil y no podía mover los brazos, ni mantenerse de pie, por eso hizo fisioterapia.

“Me siento bendecido, porque de 15 solo tres sobrevivimos. Para mí esto es una nueva oportunidad de vida que me permitió ver que tengo muchos amigos y familiares que están pendiente de lo que me suceda”, expresa.

En su familia tres personas enfermaron simultáneamente, pero solo Hugo llegó a terapia. Ahora, después de luchar contra el coronavirus reflexiona sobre la actitud que tuvo desde el inicio de la pandemia, pues en la primera ola no tenía miedo, se juntaba hasta con enfermos y no se contagió.

“Pensé que nunca me iba a dar. ¡Elay! en esta segunda ola fue que casi me muero”, lamenta.

Durante su tiempo de intubación, dice que sintió algunas cosas, como dolores leves, pero luego volvía el sueño, en los que solo lo acompañaban las personas que fallecieron hace algunos años.

“Desperté preguntando por ellos. Por mi padre, que falleció hace años, porque sentí que ellos estuvieron conmigo”. También imaginó que personas conocidas que están en Japón, lo visitaban.

Pasaron más de tres meses y su recuperación avanza de forma lenta, porque aún se fatiga cuando hace esfuerzo, sigue con tos y tomando medicamentos para aliviar las dolencias que todavía tiene.

Hugo, con sus 54 años, está concentrado en su recuperación, porque puede ayudarse con sus ahorros de su trabajo por más de 20 años en Japón.




“Fue muy doloroso”

En Potosí el médico Yerko enfermó en la primera ola y estuvo internado en terapia intensiva durante 12 días.

“Yo que atiendo pacientes en terapia intermedia, cuando me dijeron que me intubarían fue muy doloroso. Nosotros sabemos a lo que se enfrenta, fue lo peor que me pasó en ese momento. Fue muy doloroso”, reconoce.

Lo primero que hizo fue hablar con su mamá y su esposa para explicarle la situación.

Sobre sus días en terapia dice: “No es que se sienta en la totalidad, se puede percibir algunas cosas, pero no al 100%”.

La internación de Yerko se prolongó por 53 días, además de los 12 días que pasó intubado estuvo 41 en medicina interna, porque su prueba de PCR demoró en salir negativa. En ese tiempo su único contacto con su familia fue a través de llamadas telefónicas.

“El contacto con mi familia fue un apoyo emocional muy importante. Eso me ayudó muchísimo”, dice.

Tras un año de la enfermedad, tiene secuelas, porque no percibe olores de ningún tipo. “Ahora tengo que aprender a vivir con esto”, se resigna.

En su familia, su hermana también llegó a terapia por covid-19, y también estuvo siete días en terapia.

Otro de los que se recuperó fue Hugo Arteaga, quien estuvo en el servicio crítico en Santa Cruz entre diciembre del año pasado y enero de este año.

“En los 15 días que permanecí en terapia vi la muerte de cerca. El mismo día que ingresé a terapia del domo (hospital Japonés), también lo hicieron otras 12 personas. Éramos 13, pero solo yo salí con vida”, contó. a su familia

En Santa Cruz, hasta la fecha cientos de personas llegaron a servicios críticos por coronavirus. Según los profesionales que atienden las UTI, el índice de recuperación bordea el 60%.

Actualmente, en la etapa final de la tercer la ola de coronavirus, según el Servicio Departamental de Salud (Sedes), los servicios de terapia están ocupados al 80% de su capacidad.


 Las terapias C


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