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“No hay nada imposible”, repite una y otra vez el entrenador de arqueros Nery Quintana, después de mostrar el talento de Rodrigo Canaviri Fernández, un pequeño (13 años) que vende bolos (gelatina congelada en bolsas plásticas) en Oruro. Su familia llegó desde Potosí a la ciudad de Pagador en busca de mejores días, todos tienen el mismo oficio.

Quintana arribó a la ciudad occidental a invitación del director técnico de San José, Domingo Sánchez, para que prepare a los goleros. Rodrigo estaba ahí mirando la práctica, se acercó a Quintana y le ofreció sus productos, se los compró todos, pero antes dijo tener cualidades para el arco.

“Él vende bolos pero no saben la habilidad que tiene. Demuéstreme, mi amor...”, le dice cariñosamente Quintana y Rodrigo, sin dudarlo, se alista para atajar cada uno de los balones que le llegan, así como lo hace con los obstáculos de la vida. “Dale papá, excelente… ¡Qué arquerazo!”, lo anima Quintana.

Rodrigo, vestido de un abrigo con el logo del PSG, un pantalón deportivo, un gorro de lana y unas abarcas, quedó feliz y, con una sonrisa, mostró sus bolos de gelatina a la cámara de Quintana. “No hay nada imposible”, remarcó el experimentado entrenador de porteros.

En los próximos días, Quintana le entregará un par de guantes y un par de zapatillas.

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