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En el instituto Klementyna Hoffmanowa, un centro de secundaria en Varsovia, todas las clases tienen ordenadores, una pizarra interactiva y un proyector. En las aulas y en los pasillos, sus alumnos disfrutan de conexión WiFi gratuita. La necesitan para manejar la multitud de aplicaciones y herramientas digitales que les acompañan en su día a día: toman libros prestados a través de una plataforma que les conecta con la Biblioteca Nacional polaca, se baten en duelos de preguntas con la app Kahoot para probar sus conocimientos en historia y, los que aspiran a ser periodistas, han creado una televisión que retransmite a través de YouTube. El relato pertenece a un artículo del diario El País de España que se plantea que es bueno digitalizar la escuela, pero desnuda las complejidades y obstáculos de aquello.

Por estas latitudes las complejidades son más grandes aún. Ademar Loayza (19) de la unidad educativa Simón Bolívar en Yapacaní se ha convertido en el capacitador de otros compañeros a fuerza de tutoriales en YouTube, que les permitieron aprender de programación y robótica. En su colegio no existe la materia de computación, pero les gusta tanto que se han convertido en autodidactas. “Tengo una ‘compu’ que por turnos usan mis compañeros”, confiesa Ademar, que logró comprarse el equipo con trabajos eventuales, porque sus 10 hermanos y el sueldo de jornalero de su padre y el de la venta de refrescos de su madre, no le permitían ese lujo.

Este año su grupo logró clasificar en noveno lugar del Torneo Nacional de Robótica First Global y su caso es un ejemplo de que la tecnología aplicada en la educación es todavía un deseo que está más cerca de la promesa que de la realidad.

El reto en nuestro medio

La digitalización de la escuela está sobre la mesa a la hora de reflexionar sobre cómo debe ser la educación del siglo XXI, pero a todas luces el reto es enorme, no solo en Santa Cruz, sino en todo el mundo. La falta de recursos (WiFi, banda ancha, tablets o celulares y conocimientos en ciberseguridad) y la necesidad de formar a los profesores en estas herramientas, son dos de las principales barreras con las que se encuentran los centros educativos a la hora de aplicar la tecnología a la educación.

“En general los educadores no tienen formación para utilizar tecnología en aula, ese es el problema más serio. Hoy en día el reto no es aprender a leer, escribir y poner su firma. Hoy la historia nos convoca al alfabetismo digital”, reconoce la educadora Micaela Princiotto y explica que antes el maestro era la fuente del saber, pero que ha sido desplazado por la internet. “Los niños y adolescentes son hábiles, son nativos digitales, en ellos hay una fuerte inquietud y curiosidad, lo que faltan son educadores que puedan orientarlos”.

Para el ingeniero informático y autor de seis tomos sobre Informática con Arduino, Gustavo Tantani, no se puede implementar la materia de robótica porque no hay una currícula desde el Ministerio de Educación que lo exija, “por eso solo a algunos colegios les interesa que sus alumnos aprendan al respecto y los capacitan”.

En ciertos colegios están yendo un poco más allá en el manejo de la computadora, avanzando en diseño de páginas web, construcción de algoritmos; pero la mayoría son particulares y se da esta situación porque el profesor tiene la iniciativa.

La cabeza de la Dirección Departamental de Educación, Salomón Morales, reconoció la necesidad de incluir en la currícula este tipo de materias. También que los estudiantes tienen habilidades innatas con la tecnología, “en cambio el profesor se ha formado en otra generación por lo que debe investigar más”. Morales destacó que las autoridades han dotado de casi 135.000 computadoras Quipus y el profesor ha sido convocado a manejar todos los paquetes y en caso de tropiezos, pueden recurrir a la Unidad Especializada de Formación Continua.

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