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Más alumnos, baja calidad y pocos recursos: la educación sucumbe en Santa Cruz

Domingo, 17 de mayo de 2026 a las 04:00
La cobertura educativa alcanza al 98%, pero los índices de calidad educativa están por debajo de los promedios regionales/Foto: Ricardo Montero

El crecimiento poblacional, la migración interna y la crisis económica presionan al sistema educativo cruceño. Aumenta la demanda de cupos, ítems y salarios para un modelo educativo está agotado y que también sufre los perjuicios del centralismo

Santa Cruz crece más rápido de lo que el sistema educativo boliviano puede responder.

Cada inicio de gestión repite la misma escena: padres haciendo filas desde la madrugada para conseguir un cupo, unidades educativas saturadas y barrios nuevos donde la población llega antes que las escuelas. Pero esta vez el problema tiene otra dimensión. La crisis económica redujo la capacidad financiera de alcaldías y gobernaciones justo cuando la presión sobre la educación pública alcanza niveles históricos.

Y el desafío no es solamente de infraestructura. Bolivia enfrenta una crisis silenciosa de aprendizaje que empieza en primaria y se arrastra hasta el bachillerato. El problema ya golpea a las universidades, al mercado laboral y al futuro económico del país.

“Estamos viviendo una situación de crisis del aprendizaje”, advierte Cecilia Lazarte Bernal, directora ejecutiva de la Campaña Boliviana por el Derecho a la Educación.

Datos del Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa muestran que siete de cada diez estudiantes de tercer grado de primaria no comprenden plenamente lo que leen y que ocho de cada diez presentan los peores niveles de desempeño en Matemáticas.

El rezago no desaparece con los años. Se acumula.

“Esta crisis no se queda en primaria. Se arrastra toda la secundaria y terminamos teniendo bachilleres que no desarrollaron competencias fundacionales”, explica Lazarte.

La presión llega a la Uagrm

La Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, que supera los 100.000 estudiantes, se convirtió en el principal embudo educativo de Santa Cruz. Cada año, miles de bachilleres buscan un espacio en sus aulas mientras el departamento continúa creciendo por migración interna y expansión urbana.

La universidad pública incluso amplió de cinco a diez los cupos de ingreso directo para bachilleres destacados, una señal de la presión que enfrenta el sistema.

Pero el problema no termina en el acceso. Muchos jóvenes llegan arrastrando falencias severas en lectura, escritura y razonamiento lógico-matemático.

La paradoja es incómoda. Bolivia destina más del 8% de su Producto Interno Bruto a educación, uno de los porcentajes más altos de Sudamérica. Sin embargo, los resultados están lejos de reflejar esa inversión.

“Es un problema de eficiencia del sistema. Mucho del gasto se va en gasto corriente y queda muy poco para inversión real”, sostiene Lazarte.

Eso se traduce en colegios sin laboratorios, talleres técnicos sin equipamiento y unidades educativas que no logran adaptarse a las nuevas exigencias tecnológicas y laborales.

Cobertura, calidad y centralismo

Santa Cruz enfrenta además una presión particular: la migración interna. La directora de la campaña educativa advierte que el departamento sigue recibiendo familias de varias regiones del país y que la cobertura educativa, especialmente en nivel inicial, empieza a mostrar señales de agotamiento.

“Santa Cruz tiene que tomar medidas rápidamente porque cada vez va a recibir más migrantes”, alerta.

UNICEF sostiene que Bolivia enfrenta simultáneamente tres crisis: de cobertura, de aprendizaje y de relevancia educativa. Miles de estudiantes siguen fuera del sistema, mientras otros asisten a clases sin desarrollar competencias básicas para el siglo XXI.

En medio de ese escenario aparece la propuesta presidencial del “50/50”: mitad historia nacional y mitad historia regional dentro de los contenidos educativos.

Pero para Lazarte, antes de discutir contenidos regionales, Bolivia debe enfrentar otro problema: el centralismo educativo.“No puede ser que para resolver temas de ítems o notas haya que viajar hasta La Paz. La decisión tiene que estar en las direcciones departamentales y distritales”, afirma.

La discusión ocurre además en medio de una dura pulseta entre el Gobierno y el magisterio. Paros, movilizaciones y amenazas de suspensión de clases vuelven a interrumpir el calendario escolar en un sistema que todavía no logra recuperarse plenamente de las secuelas educativas de la pandemia. Cada día perdido pesa más sobre los estudiantes más vulnerables.

Mientras el país discute currículas, paros y disputas políticas, miles de estudiantes avanzan de curso sin comprender plenamente lo que leen. Y en una economía cada vez más competitiva y tecnológica, esa brecha no solo compromete el presente escolar de Bolivia: también condiciona su futuro productivo.

PARA TOMAR EN CUENTA

Lo que deja la primaria. Siete de cada diez estudiantes bolivianos no comprenden plenamente lo que leen en primaria.

Cupos universitarios. La Gabriel René Moreno supera los 100.000 estudiantes y enfrenta fuerte presión de ingreso.

Incremento de alumnado. Santa Cruz recibe más migrantes y la demanda por cupos escolares crece en cada gestión.

La paradoja del sistema. Bolivia invierte más del 8% del PIB en educación, pero arrastra graves falencias educativas.

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