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Crujía. Se abría la puerta de madera y ella ya estaba allí. Firme, atenta y lista para trasladar al visitante hasta el siglo XVII. Era un viaje magnífico y lleno de magia gracias a su forma de relatar la historia a través de las reliquias guardadas celosamente en el corazón de Santa Cruz de la Sierra. Ella cerró los ojos. Fue este sábado cuando Ana María Suárez de Terceros dio el último aliento. Hoy, la Iglesia católica anunció que la mujer partió hacia la eternidad. 

Todos la conocían como simplemente Anita. Su noble labor latió durante 37 años en el Museo de Arte Sacro Mons. Carlos Guericke Suárez, ahí, en la Catedral Metropolitana Basílica Menor de San Lorenzo de Santa Cruz. Fue en 1983 cuando se convirtió en directora de ese lugar. Trabajó codo a codo con el extinto monseñor, mucho después tomó el cargo y nunca más lo soltó. Su entrega, su disciplina, su constancia y su compromiso con la 'obra de Dios' hicieron de ella todo un ícono de la ciudad. 

En 2010, unos malhechores atravesaron esa misma puerta de madera y sustrajeron 84 piezas valiosas de oro y plata. No las devolvieron. Para Anita fue un golpe directo a su corazón. Para Santa Cruz, también. Desde entonces, la señora siempre estaba acompañada y se rehusó a dejar sus funciones. Quería seguir sumergida en los pasillos del museo, quería seguir contando sobre la pintura, el arte, la escultura, la arquitectura, las acciones de la Iglesia y los símbolos cristianos. Ella conocía todos los hechos históricos del catolicismo como la palma de su mano. Y, es por eso, que su labor era invaluable.



En 2019, monseñor Sergio Gualberti le entregó un reconocimiento precisamente por toda su magnanimidad. Y, ahora, la Arquidiócesis de Santa Cruz publica este párrafo: La Sra. Anita trabajó y luchó por la valoración, el cuidado y la protección del legado sacro, cultural e histórico, que se encuentra en el museo desde su fundación por treinta y siete años. Fue una notable mujer boliviana, mujer cruceña, que dio mucho de su vida trabajando por los tesoros de esta región. Por este museo que constituye un baluarte de la cruceñidad, su pasado histórico, su proyección en el conocimiento de lo ya vivido, que sigue latente en nuestras reliquias, enriquecidas por la mano del hombre y preservado por nuestros antepasados como seres vivientes que fue, es y será el alimento para nuestro pueblo”.

Era una mujer de nueve décadas. El 26 de julio fue su último cumpleaños. Ese día cumplió 93. Era hija de Virgilio Suárez Roca y Rogelia Montero Aguilera. Se graduó del colegio Santa Ana y se entregó a la carrera de Comercio en la Uagrm. Contrajo matrimonio con el Dr. Marcelo Terceros Banzer. Tuvo seis hijos (Marcela Josefina, Óscar Jaime, Ana Beatriz, Francisco Javier, Luis Fernando y María Cristina), 18 nietos y 21 bisnietos. Acompañó a su esposo en varias misiones diplomáticas como la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1966 y también pisó España y Brasil. 

Anita sabía de arte y pintura gracias a sus cursos realizados en Bolivia y Brasil, respectivamente. Expuso sus obras en lienzo y porcelana dentro y fuera de Bolivia entre 1974 y 1986. También hizo un posgrado de Turismo hace 46 años. Sus platillos favoritos eran pollo con ciruelos y peceto a la olla. Le gustaba confraternizar, formaba parte de varias agrupaciones sociales.

El 18 de marzo fue la última vez que respiró en el museo, porque ese día Santa Cruz ingresó a la cuarentena por el coronavirus. En septiembre cumpliría 38 años como directora del museo. Todos los días, a las 14:45, partía de su casa, en Equipetrol, rumbo a la plaza 24 de Septiembre. Atendía hasta las seis de la tarde. Tenía una asistente, porque sus pasos ya eran lentos. 

Su cuerpo cansado le quitó las energías y la capturó en la cama; estuvo delicada al menos en las últimas tres semanas. El sábado (29 de agosto), a las 20:30, una crisis respiratoria la arrancó de este mundo para siempre. Hoy, a las 13:00, su familia le dará el último adiós en el Cementerio General. En ese momento, Anita, el ángel guardián del museo catedralicio, volará al cielo.