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En el marco de la celebración dela fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, el arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti, reflexionó sobre la importancia de este núcleo para todo ser humano.

“Pienso no me equivocarme al decir que muchas personas, al enfrentar esta pandemia, han tocado con la mano la importancia y el valor de contar con la ayuda de la familia. En ella han encontrado confort, ayuda y aliciente para no perder la esperanza y tener la fuerza de levantarse y seguir adelante. Para muchas personas contagiadas, la familia ha sido el único hospital y el único rincón de sosiego y curación”.

El arzobispo manifestó que “tantos hermanos que han perdido un ser querido y para otros que han vivido en carne propia la enfermedad, esta experiencia dolorosa ha cambiado su vida, les ha enseñado a valorar los pequeños gestos cotidianos en la familia y a instaurar nuevas relaciones de respeto, atención y cariño”.

Recordó que el Creador quiso que todo ser humano viniera a este mundo en el seno de una familia, fundada sobre los cimientos del amor mutuo entre un hombre y una mujer.

Gualberti reflexionó que toda familia cristiana está llamada a ser una pequeña comunidad de fe, la Iglesia doméstica, donde los padres son los primeros educadores de sus hijos a nivel humano y cristiano. “Es una tarea desafiante, por eso es importante que ellos no estén solos, y que se hagan orientar y acompañar por la familia más grande, la comunidad eclesial”.

También cuestionó que para muchos “el sacramento del matrimonio hoy no es considerado incluso de parte de católicos que desconocen su valor en cuanto alianza de amor por toda la vida, alianza que nace de una opción libre, consciente, única y fiel; un amor de donación y abierto a la vida, a imagen del amor de Dios para con la humanidad y del amor de Cristo hacia la Iglesia”.

Remarcó que por este sacramento, los esposos reciben la gracia de santificarse, de vivir fielmente su vocación y de amarse con un amor de comunión y entrega recíproca que se expresa en gestos concretos de servicio, ayuda, perdón, compasión y misericordia.

Dijo que la institución de la familia es un bien grande para las personas, la sociedad y la humanidad entera, un caudal que hay que salvaguardar de parte de toda la sociedad, porque la familia es su célula primera y vital, como afirma la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Recordó que en una familia estable y bien constituida, sus miembros experimentan los elementos esenciales para su desarrollo integral y aprenden a establecer relaciones armónicas y pacíficas. En ella se aprende a practicar la justicia y el respeto hacia las otras personas, a reconocer la función de la autoridad a cargo de los padres, a practicar el servicio afectuoso a los miembros más débiles, los pequeños, los ancianos o los enfermos, a ayudarse mutuamente en las necesidades de la vida, y a ser disponibles para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo.

En su homilía insistió en que la familia está llamada a formar a las personas para que sean ciudadanos libres y responsables. La familia educa a vivir bajo una ley común, capacita al respeto recíproco y a interrelacionarse en base a los valores humanos de la igualdad y la solidaridad, ofrece la experiencia del bien común, favorece la convivencia, impide el individualismo y permite tener experiencias determinantes de perdón, reconciliación y paz.

"Por eso, la sociedad no puede prescindir de los servicios que le brinda la familia legalmente constituidaNadie, ni siquiera el Estado, puede arrebatarle esta potestad porque estaría vulnerando gravemente su libertad y sus derechos originarios y connaturales. La debilidad dela familia, es la debilidad de una sociedad. Al respecto, tendríamos que preguntarnos con sinceridad si, tantos problemas que vivimos en nuestro país, como la falta de valores éticos y morales, la violencia creciente, la corrupción, el narcotráfico y la débil democracia, no dependen prioritariamente de la fragilidad y disgregación de tantas nuestras familias".

Ante esta situación, manifestó que las autoridades tienen la obligación de priorizar la política familiar con medidas concretas que respondan a las necesidades reales de la familia: la vivienda, el trabajo, la educación y la asistencia sanitaria para todos, entre otras. En esta tarea están llamadas a colaborar las instituciones civiles, sociales, religiosas y educativas, y los medios de comunicación social. Todos tenemos la responsabilidad de defender a la familia, sus anhelos y derechos, a fin de que cumpla con su rol insustituible para la vida y el bienestar de las personas y de la sociedad.

"En esta fiesta, el testimonio de la Sagrada Familia nos urge a que se afiance a la familia como el eslabón básico de la única y gran familia humana, donde todos, caminando juntos como hermanos y hermanas, alcancemos la realización plena a nivel personal, comunitario y social en un ambiente de fraternidad y paz duradera", concluyó su reflexión dominical.

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