Escucha esta nota aquí

Juan Leonel Gabriel (22) tiene el lado izquierdo del cuerpo sin movilidad y una sonda pegada a su boca por la que le gotea un ‘caldo blanco’. Su mirada está extraviada por algún lugar y tiene un semblante impávido a cualquier estímulo. Solo cuando el fisoterapeuta le flexiona la pierna izquierda que tiene un inmovilizador debido a una fractura en el fémur, su rostro hace una mueca y su respiración se agita por el dolor.

“Juaaaaan, Juaaaaan, prestame tu brazo... Juaaaan tranquilizate”, le grita con consideración una enfermera al momento de acomodarle el suero, por esa sensación que da de que Juan estuviese lejos, o dormido.

Juan Leonel despertó el 15 de agosto, tras estar inconsciente desde el primer día del mes cuando fue atropellado por una mujer que señaló que se había quedado dormida. Su mirada no reacciona a ningún estímulo.

La última vez que sus familiares hablaron con él fue el día del accidente. “Se levantó sin despertar a su niña para despedirse como otros días. Es una persona muy alegre, bromista y tiene un mentalidad muy fuerte para superar cualquier mal momento”, dice Pascuala Céspedes, su esposa, quien tuvo que mandar a la niña de tres años con sus abuelos que viven en Mairana, porque ella tiene que hacerse cargo de Juan Leonel, el que las mantenía a ambas. Ahora ni siquiera sabe cómo va a pagar el alquiler del cuarto en que viven en el barrio Hilandería.

El día que Juan Leonel fue atropellado, a Pascuala le avisaron y ella se fue caminando tratando de mantener la calma (“no pensé que era tan grave”, recuerda), pero al llegar pensó que su esposo estaba muerto, pero luego vio que respiraba. Le causó impresión ver un cadáver decapitado a su lado, más aún en su estado, con cuatro meses de gestación de su segundo bebé. El viernes 24 de agosto, su niña cumplió tres años mientras su padre permanece internado, con los ojos abiertos, respirando ya por su cuenta, pero ajeno a todo lo que pasa a su alrededor.

“De aquí en adelante hay que seguir con las terapias y ver hasta qué punto llega a rehabilitarse y ser cómo antes, eso ningún médico lo puede decir. Él sufrió un daño cerebral que le ha afectado la movilidad del lado izquierdo y esperemos que poco a poco pueda ir recuperando el habla, la memoria y las funciones cerebrales”, señaló el médico de la clínica Bilbao que lo atendió el jueves.

¿En qué condiciones quedará el joven que, tres días antes de ser embestido cumplió 22 años?, ¿cuándo volverá a trabajar y sostener a su mujer, a su niña y al bebé que llegará en unos meses?, ¿cuándo volverá a jugar los campeonatos de los martes y viernes por la noche en el barrio Hilandería con sus hermanos?

Pascuala tiene fe de que se recuperará, por la fortaleza mental de su marido. Pero la fe y la unión de sus familiares es su único asidero por el momento, porque además de eso, lo que tiene es una deuda de Bs 120.000 por gastos médicos.

 

Drama de la causante del hecho

lizabeth C. C., la causante del accidente en el que además de Juan Leonel, otro joven resultó herido y un hombre murió decapitado, hasta el momento solo ha aportado con un monto de alrededor de Bs 7.000, dice la cuñada del afectado.

“Ha venido dos veces, activó el SOAT y entregó algún dinero y nada más; la familia de Juan Leonel está buscando plata para ayudarlo, porque la deuda es muy alta, sin contar lo que se viene en su recuperación y en la manutención de su esposa e hijos”, comenta.

Pascuala dice que no les interesa que la responsable del hecho vaya presa, pero sí que debería vender sus bienes para pagar los gastos. Mientras tanto, Elizabeth C. C. está por dar a luz, tiene arraigo, detención domiciliaria por las noches y el vehículo en el que causó el accidente fue anotado preventivamente.

En la audiencia, su abogado dijo que estaba predispuestos a coadyuvar con las víctimas “más allá de lo que manda la ley (no solo)en la responsabilidad civil y penal sino en lo humanitario”.

Julio, hermano de Juan Leonel, señaló en la audiencia de la responsable del hecho, que su familia ni siquiera fue notificada con la realización de la audiencia.

En la sesión judicial también se conoció que Elizabeth C. C. es viuda y que, por esas cosas inexplicables de la vida, su esposo, que era policía, también perdió la vida al ser atropellado, cuando cumplía con sus labores.

Otra víctima agonizó un año

Roberto Yabita Roca tenía 31 años, medía 1,79 m y pesaba 120 kilos, cuando el 26 de agosto de 2018, a las 7:50, fue atropellado por un micro de la línea 27 en la avenida Virgen de Luján. Roberto, padre de cuatro hijos, entre 13 y 4 años, quedó en estado vegetativo.

Aunque abrió los ojos, no volvió a comunicarse con su familia; su madre Elizabeth Roca dice que alguna vez sintió que él le apretaba un poco la mano.

En un año, Roberto quedó reducido literalmente a piel y hueso, a menos de la mitad de su peso.

El hombre trabajaba en una empresa peladora de pollos en el Parque Industrial, prácticamente desde su niñez. “Sus cuatro hijos estaban bajo su cuidado, él los atendía y los llevaba al colegio, porque la madre estaba en Chile”, comenta Roxana, hermana de Roberto.

El 17 de agosto pasado, Roberto falleció y sus niños, luego del funeral, fueron llevados por su madre a Sucre.

Así cambió la vida de la familia Roca Yavita luego del accidente. De Roberto les queda el recuerdo de cuando estaba sano, el dolor de haber visto su agonía y una deuda de Bs 100.000 en una clínica, en la cual lo único que se pagó fue lo que cubrió el SOAT del micro que lo arrolló.

“Debemos hasta el cajón”, remata la madre de Roberto, un día después de haberlo sepultado, en el día del cumpleaños de una de sus hermanas. Roxana dice que ahora se enfocarán en cambiar la figura del hecho, tipificado como lesiones gravísimas en accidente de tránsito, por el delito de homicidio en accidente de tránsito.

¿Recibieron alguna ayuda del responsable del hecho? No. Doña Elizabeth se enfurece al recordar que quisieron hacerla firmar un desistimiento a cambio de Bs 15.000. “¡Imagínese si la deuda está por los Bs 100.000!”, exclama.

El conductor, Érick Fernando V. F. estaba sobrio, no fue preso, solo tuvo arraigo y detención domiciliaria por las noches. “Sigue trabajando, pero ahora en la línea 25; mientras mi hermano sufrió un año sin recibir ninguna ayuda de él”, lamenta Roxana.

También recuerda amargamente las irregularidades en el proceso, aduciendo favorecimientos con el propietario del micro y la vez que con un tono burlesco el policía Oliver M. de Tránsito, le dijo: “no se hagan falsas ilusiones en el caso, porque su hermano es el que tuvo la culpa”, por lo cual pidieron al fiscal Iván Ortiz el cambio de investigador.

También lamentó otras ‘irregularidades’ como que el certificado de daño permanente a la salud de su hermano, simplemente “se perdió” del cuadernillo de investigación.

Después de eso, han tenido que ir dos veces al Palacio de Justicia para el inicio del juicio en el cual esperan tener un resarcimiento que ayude a los hijos de Roberto.

El 2 de julio la audiencia de juicio se suspendió por enfermedad del juez y el 16 de agosto, un día antes de que Roberto fallezca, la audiencia no se realizó porque el acusado presentó un documento argumentando enfermedad.

“No sabemos qué va a pasar, vemos que no hay justicia, así que lo único que esperamos es por lo menos sentar precedente para que lo que sufrió Roberto no le pase a otras personas”, dice Roxana, hermana de la víctima.

 

 

Tags

Comentarios