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Como si se hubieran puesto de acuerdo, médicos de distintos hospitales aseguran que “más miedo les tienen a los mercados que a los hospitales con pacientes con coronavirus”. De esta forma intentan reflejar cómo se sienten ante el evidente relajamiento de las medidas de bioseguridad de la población, lo que incrementa las posibilidades de un rebrote del Covid-19 y, por consiguiente, de una segunda ola.

Con la experiencia vivida, desde diferentes nosocomios comparten historias, anécdotas y lo complejo que fue enfrentarse a un virus desconocido, pero también lo grato que es salvar vidas.

La doctora Nancy Yupanqui, que trabaja en la maternidad Percy Boland, habla con franqueza de lo que vivió y de lo que puede venir.

Admite que quedó con temor al virus porque estuvo en primera línea y enfermó. “Prepararse para una segunda ola es complejo. Estamos con material óptimo por ahora, pero no sabemos más adelante”. agrega con voz calmada y pausada

Ella califica lo vivido desde abril hasta agosto, como una “catástrofe”. “Somos seres humanos y nos hemos quedado con el temor, no sabemos qué pasará, pero como personal de salud seguiremos en la primera línea. Es nuestra condición y vamos a dar lo mejor”, dice como comprometiéndose a estar de nuevo al frente de la pandemia.

Mientras otros profesionales más confiados se sienten preparados para una posible segunda ola. Norah Bolaños, parte del equipo de epidemiología de la maternidad Percy Boland, dice que perdió el miedo a la enfermedad y se siente orgullosa de estar en primera línea.

En pocos días, Santa Cruz y el país cumplirán nueve meses de luchar contra la pandemia, que tuvo su pico entre mayo y julio. Tras un descenso desde septiembre, ahora los casos están volviendo a repuntar.

Pero esta pandemia dejó en los médicos mucha tristeza por la partida de varios colegas y por enfrentarse a situaciones de riesgo sin todas las herramientas.

Con las lecciones aprendidas, los galenos se sienten más preparados sicológicamente para enfrentar un posible rebrote, pero tienen pedidos comunes: la dotación de equipos de bioseguridad y que se mantenga el personal contratado para la pandemia, toda vez que a fin de mes concluirán los 1.200 contratos del personal que ingresó a reforzar los diferentes nosocomios públicos.

Pedidos comunes

Bolaños resalta que en la maternidad se logró contar con salas de aislamiento y el personal ya está mejor preparado, pero insiste: “Es importante que el personal contratado quede. Si nos dejan el personal nos permitiría poder responder a una segunda ola”, señala.

Mientras tanto, el médico Limbert Arias, que enfrentó la pandemia en distintos servicios (toma de muestra, domos con pacientes Covid-19 y ahora en laboratorio), dice que se “acostumbró” a lidiar con la enfermedad. “Al inicio a todos nos afectaba, más por el miedo de contagiar a la familia. Solo pedimos medidas de bioseguridad”, remarca.

El jefe de cirugía del hospital San Juan de Dios, Dardo Menacho, cree que el sistema público no está preparado para una segunda ola con las características similares a las que se vive Europa, con cantidad de contagios iguales a la primera ola.

Rápidamente enumera las falencias: “Falta personal, ya no se toma la temperatura en el ingreso (en algunos hospitales), no se pide pruebas de PCR a los pacientes para entrar a una consulta y no hay distanciamiento en las salas de espera”.

En el mismo hospital, un médico de quirófano que prefiere no identificarse señala que ya se están comprando su propio material de protección con miras a un rebrote.

Por su parte, Rosa Zárate, profesional del hospital de Yapacaní, coincide en que no están preparados para una segunda ola. “Realmente en nuestro hospital necesitamos recursos humanos para afrontar una segunda ola. Nos falta bastante personal. Es una situación muy difícil la que pasamos los profesionales de salud”, lamenta.

Zárate detalla que en el hospital de primer nivel y de segundo nivel de Yapacaní se contrató personal, pero no fue suficiente, a lo que se suma que ya concluyó el contrato de algunos. “De algunos concluyó porque bajó la cantidad de sospechosos. Solo hay una brigada que continúa trabajando”, manifiesta.

El médico Enrique Taboada, del centro de salud Santa Clara de Cobija, pide a las autoridades de los distintos niveles no repetir los errores y entregar a tiempo los materiales necesarios.

En la primera ola tuvimos muchas bajas de médicos y enfermeras. Faltaron equipos de protección personal y como somos un departamento con difíciles vías de conexión, incluso faltaron medicamentos. Nosotros como personal nos tuvimos que comprar materiales de protección”, lamenta.

El ejecutivo departamental de la Federación de Sindicatos (Fesirme) de Santa Cruz, Hernán Jiménez, asegura que para evitar el colapso que se vivió en la primera ola, los distintos niveles de Gobierno deben garantizar la continuidad del personal contratado estos meses. “Si retiran al personal es como retroceder en los pocos avances que tuvimos. Las autoridades se deben dar cuenta de lo importante que es la salud”, insistió Jiménez.

El presidente del Colegio Médico Departamental, Wilfredo Anzoátegui, igualmente lamentó que pese a que con frecuencia se habla de una segunda ola, en estos meses se cerraron centros de atención de pacientes Covid-19.

Por su parte, el director del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Marcelo Ríos, informó que se elaboró un plan que permite adaptar la capacidad hospitalaria a la demanda de pacientes.

Según la autoridad sanitaria, actualmente no se necesita tener abiertos varios centros de aislamiento, pues bajó la cantidad de pacientes con síntomas leves que buscan atención médica.

Laboratorio del Japonés

En el ingreso al laboratorio del hospital Japonés, como si fuera una exposición, están colgados los protectores faciales de los médicos. Arriba de cada uno se lee: “piso”, “emergencia”, “terapia intensiva” y “Exclusivamente Covid-19”. Este servicio, como todos los demás, se tuvo que adaptar e ir acondicionando para enfrentar la pandemia.

Casi como una hazaña, uno de los médicos cuenta que, de los 57 funcionarios, solo nueve enfermaron de coronavirus y uno tuvo que ser internado.

En el laboratorio, donde se alberga las muestras de los virus y bacterias de los pacientes, los profesionales cuentan que todos, alguna vez, tuvieron dolor de cabeza, sintieron que les faltaba el aire o tuvieron algún otro síntoma compatible con el coronavirus. Lo sicológico ante un virus nuevo fue fundamental y puso a prueba su templanza.

“Era un virus nuevo, se tuvo miedo a lo desconocido. Todos pedíamos ocupar doble barbijo, doble guante, protector de calzados, protector facial, pero a medida que va pasando el tiempo los médicos entendieron que la principal prevención es no tocarse la cara y el uso correcto de barbijo”, señala un médico de ascendencia japonesa.

Él reconoce que la principal dificultad que atravesaron en la primera ola, que esperan se subsane en la segunda, fue hacer entender a la parte administrativa que hay materiales que son urgentes. “Hay que seguir insistiendo para que todo sea con calidad”, remarca el profesional. En el laboratorio ven un descenso en los casos de coronavirus, mientras que en la época crítica de la pandemia tomaban hasta 50 muestras por día, ahora no superan las 10.

Operar a pacientes con Covid-19

En el San Juan de Dios, el doctor Menacho cuenta que en el servicio del que está a cargo, al inicio hubo mucho temor, pero igual operaron y siguen operando a pacientes con Covid-19. Esta semana intervinieron a dos pacientes; uno por una hernia de disco y el otro, porque tenía la vesícula inflamada.

Aleida Viscarra, bioquímica de laboratorio del San Juan de Dios, estuvo 21 días internada tras haberse contagiado del virus. Ella comenta que en estos meses se detectó a cinco pacientes enfermos de coronavirus en las salas, en distintos periodos.

Se presume que los familiares llevaron el virus cuando visitaban a cada enfermo, ya que antes de internarse todas las personas son sometidas a pruebas de Covid-19 para poder realizar adecuadamente el triaje.

84 embarazadas con Covid-19

Bolaños dice que en el hospital de la mujer se atendió a 84 embarazadas con Covid-19 en lo que va de la pandemia.

Recuerda que al inicio le hacían hisopado al recién nacido, pero luego se decidió solo aislarlo de la madre. “Lo más duro era ver cómo la madre no podía ver a su bebé, pero parece como si los niños nacieran con su anticuerpo, ninguno enfermó hasta ahora”, cuenta Bolaños.

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