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La pandemia dio la vuelta a muchas cosas, entre ellas, a la manera de ver el mundo y de educarse.

En los últimos meses saltaron las debilidades históricas del sistema educativo nacional, sobre todo la falta de acceso a la tecnología, incluso en el área urbana, sin profundizar en las todavía más precarias condiciones de la zona rural.

Hubo esfuerzos por entrar en la dinámica de la enseñanza virtual de parte de los colegios, pero muchos padres mostraron su disconformidad con los avances, hasta el punto de pedir una rebaja del 50% en las mensualidades de los privados.

“Con la pandemia vino el tema de normar lo que no estaba normado. Los padres sintieron molestia porque se dieron cuenta de que los maestros no estaban preparados. Sin el ánimo de juzgar, hay profesores que son muy buenos en aula, pero no son amigos de la tecnología y el sistema virtual obliga a ser 100% tecnológico. Los papás querían todo al momento y no podés tener un crack en la tecnología en un mes”, dice Érika Parada, coordinadora estudiantil y socia fundadora de Bolfuturo, un centro de asesoramiento académico internacional que desde hace cinco años trabaja la modalidad ‘home school’ con universidades de Estados Unidos.

Parada reconoce que la pandemia le trajo más alumnos. En su primer año tuvo tres alumnos, fue subiendo paulatinamente hasta 14, pero este 2020 llegó a 27. Su labor consiste en dar tutoría y seguimiento a este tipo de estudiantes, tras conectarlos con la educación en el extranjero.

“En Latinoamérica estamos muy atrasados en temas académicos, las estructuras siguen siendo bastante cerradas e inflexibles, no dan lugar a otra cosa que no sea solo la parte teórica. En los últimos años se ha descubierto que los que tienen mayores habilidades sociales, que no siempre son las memorísticas, son quienes han tenido éxito en el mundo de negocios. El contenido curricular internacional siempre se ha ido adaptando por esa parte, por ejemplo en Matemáticas tiene exigencia de Aritmética, Geometría, Álgebra, etc., pero además añade Finanzas personales, Administración y otras”, explica.

Parada celebra que desde este año se implementaran materias que son como una especie de ‘bachillerato técnico’: Marketing Digital, Teletrabajo, etc.

“Hay chicos graduándose en ingenierías, licenciaturas, que no tienen trabajo porque carecen de ciertas habilidades, así que se vio la necesidad de profundizar en temas como negocios cibernéticos, por ejemplo cómo administrarse como freelancer”, sostuvo.

Ella dice que los solicitantes de esta educación online cada vez son más diversos, pero que antes eran -tradicionalmente- deportistas y artistas, “al estar en torneos internacionales y en muchas clínicas, necesitaban libertades y además ser observados por entrenadores de grandes universidades, lo mismo los artistas, que buscan becas”, cuenta.

Personalización

La experta en educación internacional dice que una de las grandes ventajas de la formación virtual tiene que ver con la adecuación a las habilidades y necesidades personales de los estudiantes.

“Explica que -por ejemplo- si un estudiante apunta a una universidad de la talla de Harvard, se inscribe en colegios con protocolos de admisión más exigentes y que los títulos igual son reconocidos por el sistema boliviano. “Se saca el título en EEUU y como tiene la apostilla de La Haya, se hace el trámite ante Cancillería para que sea homologado; la diferencia es que se cobrará como a extranjero”, informa.

Parada dice que mientras más temprano se empiece, es mejor por el tema de la disciplina, “los que inician de pequeños tienen todo cronometrado y los tutores no tienen que estar encima”. Y si bien las tutorías son grupales, máximo ocho muchachos de EEUU, Argentina, China, etc., se profesa respeto por la individualidad. “La premisa es que todos puedan aprender, pero todos tienen una forma peculiar de hacerlo, hay los que tienen inteligencia visual, auditiva, práctica, etc”.

Si por ejemplo existen estudiantes más serios que se aburren con las plataformas educativas que conllevan juegos, les dan otras opciones. “No te casás con una plataforma, te adecuás a las necesidades del alumno, que si no es amigo de la lectura en computadora y prefiere lo antiguo, tiene la posibilidad de imprimir materiales, subrayar, etc”, describe.

En cuanto a los horarios, hay un promedio de 20 a 25 horas por semana, que se distribuyen tanto en la mañana como en la tarde, siempre que no se crucen con actividades extracurriculares de los alumnos. Esta dispersión de horarios se da por recomendación médica, “uno de los consejos de grandes oftalmólogos y fisiatras, sobre todo para los alumnos de primaria, es que máximo sean dos a tres horas en la mañana, con espacio entre esas horas, por un tema de salud. Mayores problemas que el virus serán los de visión y columna, que podrían ser crónicos y empezar a manifestarse el próximo año”, augura Parada.

Desde principios de este 2020, Alejandra Bruun inscribió a sus dos hijos, de 10 y 15 años, en la modalidad online en un colegio extranjero y dice que está satisfecha con los resultados.

Nos estamos yendo a vivir a Argentina y como no teníamos fecha exacta, decidimos que lo hagan así para evitarnos todo el traspaso. Estoy feliz, tienen ocho materias, la mayor ventaja es que todos los cursos fueron creados para darse online, no son adaptaciones. Las explicaciones son muy amigable, con fotos,audios, videos, etc. Es muy fácil para que los chicos entiendan todas sus materias”, sostiene.

En el caso de su hijo mayor, como juega fútbol, la idea es que termine el bachillerato online. “Y para mi hija teníamos pensado que sea solo este año, pero la vemos tan feliz con sus clases, que lo más probable es que continúe por lo menos un año más de forma virtual, creo que es lo mejor para ellos porque pueden estudiar donde les toque”, comparte.

El vlogger Gary Vargas también eligió este tipo de educación para su niña, de 11 años. Dice que se puso a investigar desde el año pasado, tras conocer de cerca la experiencia de unos sobrinos. Trató de inscribir a su hija en noviembre de 2019, sin éxito, y cuando empezó la pandemia lo intentó nuevamente, y esta vez le respondieron.

En vista de que las clases virtuales en Bolivia no eran lo más eficientes porque solo se dedicaban a dar tareas por WhatsApp, me puse a buscar otras opciones. Ya tenía la referencia de este colegio en Estados Unidos, que se llama Joseph’s House School, que lleva años con este sistema, así que la tiene clara”, argumenta.

La hija de Vargas no sabe inglés, pasa clases en español, pero el vloger dice que el colegio está direccionado a los latinos que quieren aprender inglés o ir a estudiar a una universidad en Estados Unidos, “por ejemplo mi hija pasa inglés como tres veces a la semana”, comparte.

De acuerdo al vlogger, su pequeña está feliz porque todo el material es entretenido, didáctico, fácil de entender, “y hasta las actividades son diferentes, la ponen a hacer videos, audios, la preparan para lo multimedia”, destaca.

Actualmente, la niña lleva siete materias: Historia, Lenguaje, Matemáticas, Ciencias Naturales, Inglés, y como optativas, Artes Visuales y Artes Sonoras. Por ese ‘combo’ paga 120 dólares, que con las comisiones de envío del dinero llega a 150. Vargas se ahorra el pago de la tutoría, papel que cumple él. “Allá estoy pagando casi lo mismo que pagaba en Bolivia”, cuenta.

Vargas describe una clase. A su hija primero le dan el tema para investigar y recién después le pasan la clase. “Mandan un video de introducción al tema, bien producido, no llega de cero, y siempre con una historia. Después envían la lección en PDF, cuestionarios, audios y luego una evaluación del tema que hace el tutor, o sea yo. Y recién viene una clase online sobre el tema, en la que se despejan las dudas”, indica.

Materias complementarias

En el caso de Educación Física y Música, la coordinadora de Bolfuturo hace una recomendación.

No están dentro de la currícula, sí hay la parte teórica, pero siempre sugerimos a los padres que el resto del tiempo inscriban a sus hijos en una academia específica para aprender eso.

Parada dice que, en cinco años, el 60% de la población mundial estaría trabajando en línea y formándose de forma virtual, según datos internacionales. “Esta educación se apega más a la realidad del siglo XXI, es un chip sin fronteras”, asegura.