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Tenían la ilusión puesta en una noche de emociones. El desfile, la foto y la última fiesta como compañeros reflejaba el anhelo tantas veces soñado. Con la clausura del año escolar, todos los proyectos que unían a las promociones se estancaron sin un horizonte claro de retorno  

“No esperaba que termine así”, comenta Rebeca Montaño, bachiller del colegio Bautista Boliviano Brasileño. Se nota un dejo de tristeza en su respuesta, pero considera que ya superaron el primer momento y ahora toca pensar en lo que se viene. Como muchos otros jóvenes, la universidad es su próxima meta y toca prepararse.

Gabriel Montero, bachiller del colegio Don Bosco, tiene claro su interés por la carrera de Kinesiología. Para él, este tiempo le permite centrar su formación en contenidos vinculados a la carrera. Trata de sacar provecho ante “una mala opción que nos afecta directamente”. 

Gabriel es consciente que la suspensión de clases les afectará y aunque “nos informan que las clases virtuales seguirán, estarán marcadas por el desinterés de los estudiantes y de los profesores”. Ya no hay notas en juego y la realidad de los profesores también es diferente.

Para Fabián Rojas, bachiller del colegio Justo Leigue Moreno, “el colegio es parte fundamental de la educación”. En sus planes está continuar la carrera de Marketing, o quizá Informática, pero siente que “nos hemos quedado con contenidos pendientes, no hemos terminado una parte de matemáticas”. Este año, la etapa de formación ha sido muy corta y eso les puede perjudicar.

A su vez,  Johann Armijo Saavedra, bachiller del colegio Fe y Alegría La Merced, dice: “Nos teníamos que esforzar para aprender y entrar a la universidad”, y que piensa estudiar Ingeniería de Sistemas. Para él, la decisión de aprobar a todos los estudiantes le resta opciones de optar a becas e, incluso, puede complicar más su ingreso a la universidad pública. Ya ha hablado con algunos conocidos para que le acompañen este tiempo y se prepara para la prueba del PSA. En este momento, prefiere dejar de lado las fiestas de promoción y “completar el vacío investigando en internet sobre temas que me interesan estudiar”.

La mayoría de los estudiantes no han definido qué carrera estudiarán en la universidad, analizan varias opciones. Por ejemplo, Rebeca Montaño duda entre Diseño Gráfico, Marketing y Publicidad y Comunicación Social. Es consciente que la suspensión de clases genera un vacío en el aprendizaje, así que está pesando “hacer cursos para orientarme hacia la carrera y nivelarme académicamente; no hemos completado el año como debería ser”.

Las dificultades en el aprendizaje también han sido notorias para los estudiantes. Fabián Rojas es consciente que “ni he aprendido todo lo que quería, y eso supone una desventaja para encarar la universidad”. Sin embargo, sus ganas de superación le empuja para que vea la forma de complementar los contenidos pendientes. “Es un compromiso personal de cada uno”, añade.


Una despedida virtual

“Ayer hicimos la última llamada zoom con la tutora y nos dijo unas palabras muy bonitas”, comenta Rebeca y añade que el encuentro virtual tenía aroma de despedida. Es posible, confiesa, que ya no se vuelvan a encontrar todos. Y no era así, nunca lo fue, la forma de despedir el curso.

El estudiante Gabriel Montero también se deja llevar por la añoranza en estos días.  Es un momento de tristeza, pues “el último año de colegio marca momentos que quedan en la vida, en el recuerdo”. No solo es la fiesta, valora.

La economía se impone

La clausura del año escolar también incomoda a los padres de familia que acompañan en esta etapa de transición hacia la universidad. Por un lado, comparten la frustración de sus hijos, y por otro sienten la incertidumbre ante los gastos y compromisos asumidos para la fiesta de graduación.

Muchos padres de bachilleres 2020 se muestran preocupados por la frustración y tristeza que ven en sus hijos. No era la forma de concluir un año que esperaban con mucha expectativa. La graduación conlleva el desfile, la fiesta y, en algunos casos, un viaje en grupo. Son compromisos pendientes que no saben cómo se resolverán. 

Gloria Saldaña junto a otros padres del colegio Santo Tomás de Aquino habían acordado las fechas de promoción hace dos años, cuando agendaron al grupo musical Póker. También reservaron el salón de eventos e incluso pagaron un viaje a Cancún (México). Desde la agencia de viajes les informan que no podrán devolver el dinero, pero que pueden considerar unas fechas nuevas o modificar el destino.

Las juntas de padres y madres de familia están gestionando con salones y grupos musicales una salida dialogada. Desde el centro de convenciones Los Tajibos señalan su intención de “reprogramar las fechas para darles una solución a los padres de familia que quieran ver el festejo de sus hijos. Se ha flexibilizado con las fechas y están gestionando con los grupos organizadores”.

A pesar del interés por buscar soluciones, para muchos padres de familia es preferible la devolución del dinero. Así lo expresa Yovanka Prado, madre de un estudiante del Boliviano Americano, para quien “cada cosa tiene su momento y hacer la fiesta cuando los estudiantes ya están en la universidad, no es lo mismo”. Eso sí, es consciente que “a la hora de la verdad, ven a los otros y quieren sumarse”.

Regis Montero, otro padre de familia, reconoce que la clausura del año escolar supone “un alivio para nuestros bolsillos; nos conviene no pagar por un servicio que no van a recibir”, dice. Incluso cree conveniente que se devuelvan los fondos acumulados en la promoción para un mejor uso. De todas formas, como padre de Gabriel quiere utilizar esos recursos para “buscar otras alternativas para que su hijo llegue a la universidad bien preparado”.  

En opinión de varios padres de familia, resulta frustrante ver a sus hijos privados de esta convivencia única que se comparte en la promoción. “El último año forma parte de un recuerdo inolvidable, de una amistad que, en muchos casos, va más allá”, dice Gloria Saldaña. Piden la devolución de dinero o la postergación de la fiesta de promoción que ya tenía compromisos asumidos

Dificultades en las clases virtuales

La implementación de la educación virtual no ha satisfecho las expectativas de padres y estudiantes. Como madre de familia, Yovanka Prado manifiesta que ha tenido muchos problemas con el trabajo en plataformas y la conectividad que se requería. En su caso, con dos hijos, no era fácil compaginar los tiempos.

Como padres de familia se trata de considerar las oportunidades que complementen los estudios truncados. Marcelo Suárez, padre de familia, vela por el futuro de Rebeca y le anima “para aprovechar el tiempo que dispone para prepararse a la universidad”.