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El Covid-19 sigue cobrando vidas y el contagio aún no baja como para decir que el virus está controlado. En este momento hay 42 personas en las unidades de terapia intensiva de los diferentes establecimientos públicos, privados y de la seguridad social, de las cuales 38 están intubadas.

En el departamento cruceño hay más de 44.000 casos confirmados y aunque las cifras ya no alarman a la población, que ha relajado las medidas de bioseguridad, la letalidad es preocupante, porque va en aumento. En la primera semana epidemiológica de agosto se registró una tasa de letalidad del 3,6%, mientras que, en el último informe presentado al Comité de Emergencia Departamental (COED) se reportó una letalidad acumulada de 9,85 óbitos por cada 100 habitantes, es decir que se triplicó la cifra.

El director del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Marcelo Ríos, pidió que los encargados de los establecimientos que prestan servicios, tales como el transporte público, abastecimientos, incluso, de entretenimiento y actividades sociales, hagan cumplir los protocolos de bioseguridad.

“No nos olvidemos que cuando se flexibilizó las medidas se aprobó un protocolo de bioseguridad en todos los establecimientos, para permitirles ejercer una actividad económica, que genera un lucro a las personas.

“Esos mismos establecimientos son también responsables de que el ingreso sea con el cumplimiento de la bioseguridad, para que las estadísticas se mantengan lo más bajo posible y esta situación de rebrote llegue muy tarde o definitivamente no llegue a pasar, aunque los países europeos lo están viviendo muy duro y no tenemos que creer que esta situación está ajena a nosotros”, exhortó.

Patricio Gutiérrez, miembro del Comité Científico de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, cree que las cifras oficiales no reflejan lo que realmente está ocurriendo con el coronavirus, pues, mucha gente está “cursando la enfermedad en casa, tomando los medicamentos que ya se conocen”.

“Hay un coctel de medicamentos que se han popularizado, que se ofrecen en las farmacias y que, incluso, algunos municipios han repartido, a los que la gente recurre sin acudir a un centro sanitario o se trata con médicos que ofrecen servicio a domicilio. Esos casos no ingresan a la cifra oficial”, señala Gutiérrez.

Lo que más preocupa de esta situación es que, al tratarse en casa, recién buscan atención médica en un centro sanitario cuando presentan cuadros graves.

“La mayoría de los pacientes logran vencer la enfermedad sin problemas, pero los que se agravan están llegando a los hospitales con cuadros muy complicados porque acuden cuando ya han hecho de todo por curarse por cuenta propia y no lo han logrado. Como llegan muy tarde, ya no se les puede dar terapia antiviral, ya no se les puede dar plasma fresco porque ya no es de utilidad y lo que queda es conectarlos a un ventilador mecánico; muchos de ellos terminan falleciendo. Esa es la nueva realidad con la que nos estamos enfrentando. Se ha aliviado la saturación, pero los pacientes que nos llegan, lo hacen estado grave”, afirma el especialista.

Por duro que parezca, otro de los motivos por el cual ha bajado el índice de ocupación de camas en las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) es el alto costo que demanda mantener a un paciente en estos servicios, lo que obliga a los familiares a no internar a sus enfermos o a retirarlos cuando agotan sus recursos económicos.

Esto se ha acentuado más en las últimas semanas debido a que hay una escasez de medicamentos sedantes que se usan para dormir a los pacientes. “No hay medicamentos analgésicos, sedantes y relajantes musculares. No hay en el sistema público, no hay en la seguridad social y no hay en el sector privado. Las familias tienen que buscar donde pueden. Los que tienen más recursos se hacen traer del exterior; otros recurren a los medicamentos que, al parecer, están llegando por contrabando; y otros acaban solicitando el alta médica y se resignan a perder a un familiar”, señala Gutiérrez.

Según el galeno, mantener a un paciente en una unidad de terapia intensiva demanda unos Bs 3.000 por día solo en sedantes, lo que una familia de ingresos medios no puede cubrir. “Esa es una de las explicaciones para que las UTI no estén sobrecargadas de pacientes”, agrega Gutiérrez.

El especialista apunta en que la demora en buscar atención médica especializada, la falta de medicamentos, el costo elevado de los tratamientos, sumado a la falta de recursos humanos y equipamiento de los centros hospitalarios, ha elevado la letalidad de los pacientes de Covid-19 en las UTI del 30% al 55%.

En cuanto al tiempo de estadía de un enfermo de Covid-19 en los servicios de terapia intensiva, en promedio estos permanecen 30 días, con tiempo mínimo de 14 días y un máximo de 90.

Por su parte, el presidente del Colegio Médico Departamental, Wilfredo Anzoátegui, coincide en que preocupa el relajamiento ciudadano en las medidas de bioseguridad y asegura que ya se están dando algunas señales de un posible rebrote del coronavirus, como por ejemplo que, cada vez, se van engrosando los casos activos (personas que están con la enfermedad) en la región.

Y apunta a que las cifras oficiales así lo reflejan. Mientras en septiembre los activos se mantenían entre 200 y 300 casos, en este mes superan los 600. Por ejemplo, el reporte del lunes daba cuenta de 692 casos activos en Santa Cruz, mientras que los recuperados en esa jornada solo llegaban a los 16.

Velocidad del crecimiento

Otro de los parámetros en los que las autoridades sanitarias se basan para afirmar que aún no se ha logrado un control del coronavirus es la velocidad de propagación del virus. Si bien los datos oficiales muestran que se ha desacelerado el contagio, aún se atraviesa una situación de riesgo, porque la velocidad de contagio bordea 1.

Hasta la semana epidemiológica 43, es decir, hasta el 24 de octubre, el indicador se mantenía en 0,9; sin embargo, recién se puede decir que la situación está controlada cuando es menor a 0,5 por dos periodos de incubación de la enfermedad, es decir, durante cuatro semanas seguidas.

Las UTI

El especialista Gutiérrez cree que se debe seguir trabajando en el fortalecimiento de la capacidad hospitalaria. Asegura que, a la fecha, entre sistema público y de la seguridad social, hay 600 camas para terapia intensiva, y se necesitan 1.200 para cubrir la demanda en el todo el país.

Gutiérrez cree que es importante que se haga un informe de la letalidad en las terapias intensivas de cada hospital, que en algunos casos ha llegado al 95%.

Su mayor preocupación es que las terapias intensivas sigan siendo insuficientes para atender una segunda oleada del coronavirus, en caso de darse, o para atender otras patologías.

La CNS

Precisamente, la Caja Nacional de Salud (CNS) continúa equipando su terapia intensiva como lo hizo para esta emergencia del Covid-19 y ahora se prepara para un posible rebrote del Covid-19.

Este martes inauguró el Servicio de Terapia Intensiva Neurológica y Unidad de Stroke, que servirá para el paciente con enfermedad neurológica aguda y también permitirá descongestionar el servicio de la Unidad de Terapia Intensiva que en esta pandemia se ha visto más congestionada.
Con este servicio se podrá diagnosticar las lesiones neurológicas en tiempo récord y tratarlas de forma inmediata para evitar complicaciones posteriores.

Todos los pacientes neurocríticos serán supervisados en una unidad con el equipamiento adecuado. Cuenta con ocho camas y con el personal especializado en medicina crítica y terapia intensiva y licenciadas en enfermería.

Situación del Covid

El mapa de avance del coronavirus muestra que la capital cruceña sigue encabezando la lista de los municipios afectados, concentrando el mayor número de casos positivos como de muertes por esta causa.

Los rastrillajes casa por casa para llevar asistencia oportuna y controlar la propagación del virus ayudaron a frenar la expansión, pero persiste el riesgo por el relajamiento de la población.

Los datos presentados por el Sedes en la última reunión del COED muestran que el virus se propaga más entre los jóvenes, pero son las personas de la tercera edad las que más se complican y llegan a fallecer, como ha venido ocurriendo en otras partes del mundo.

De acuerdo con estas estadísticas, la mayoría de los infectados están en el rango de edad, de entre 19 y 40 años; seguido por el grupo comprendido entre los 41 y 59 años.

En cuanto a la mortalidad, el coronavirus se llevó más vidas entre los mayores de 60 años, seguidos por los que tienen entre 41 y 59 años.

La pandemia penetró al país y Santa Cruz hace ocho meses.

El 10 de marzo se conoció que dos mujeres provenientes del extranjero habían dado positivo al nuevo coronavirus. Una de ellas, que había llegado a San Carlos, se convirtió en el primer caso de departamento cruceño.

A partir ahí el virus se fue replicando y pronto sacó a relucir las deficiencias en el sistema de salud, las cuales se han ido arreglando en el camino.

Los meses de mayo, junio y julio fueron los más críticos, pero a partir de agosto la curva epidemiológica fue mostrando un descenso. En septiembre se llegó una esperada meseta de transmisión baja, en la que los casos por semana se mantuvieron estables.

Sin embargo, a inicios de octubre las autoridades sanitarias volvieron a encender las alertas de un inminente rebrote de la enfermedad, por las concentraciones que se generaron en la campaña electoral con miras al proceso eleccionario, que se vivió este 18 de octubre.