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Calle Campero. Hace años que ahí se pueden comprar artículos de dudosa procedencia. Como dicen los letreros: se compra y se vende de todo. Como ha comprobado EL DEBER, esa calle no ha cambiado nada en los últimos años. Se siguen haciendo transacciones sin que importe cuál es su procedencia. A simple vista, se puede encontrar cualquier cosa: ropa, joyas, herramientas, perros, pornografía, celulares. 


Un joven de 19 años confesó al fiscal Saúl Rosales y a policías investigadores que compró un revólver calibre 22 corto en la zona de los cachivacheros de Los Pozos. Se negó a dar más detalles; sin embargo, este hecho vuelve a encender las alarmas sobre lo que ocurre en esta zona, donde se compra y se vende de todo -como está pintado en ocho letreros de tiendas en la calle Campero- y el comprador no comprueba la procedencia del artículo que adquirirá.


El joven que compró el arma acudió al colegio de donde fue expulsado y realizó disparos, sin herir a nadie. Fue reducido por un maestro y en su poder se le encontró 27 proyectiles. Asegura haber comprado todo en Bs 100. “Es alarmante, urge más controles permanentes en esa zona”, dice Rosales, que afirma haber atendido y conocido cientos de casos en los que víctimas han recuperado sus objetos robados en tiendas de la calle Campero. 


En noviembre de 2009, el lugar fue intervenido y hasta llegó a estar militarizado. La Fiscalía, la Policía y la Alcaldía tomaron el lugar, hubo aprehendidos, órdenes de allanamientos y recuperación de gran cantidad de objetos robados que fueron devueltos a sus propietarios. 
Algunos ‘cachivacheros’ demostraron que funcionaban legalmente y, por orden judicial, consiguieron reabrir sus negocios. La zona estuvo controlada por un tiempo más y todo volvió a la “normalidad” de antes. 


En la esquina de la calle Adán Gutiérrez, a una cuadra del primer anillo, hay pequeños grupos que son los encargados de ‘saltar’ sobre alguna persona que ofrezca cualquier cosa: un generador eléctrico, muebles, teléfonos celulares y todo cuanto pueda ser revendido. “¿Qué vendés?, ¿qué vendés”, se escucha insistentemente cuando se transita por el lugar. 
“Esos son los filtros de todo lo que llega, de ahí lo derivan hacia los compradores”, señala un vecino de la calle, que prefiere no ser identificado. 


En un callejón, un joven abre un bolsón que está lleno de ropa. Lo rodean unas 10 personas y en menos de cinco minutos lo vende todo. “Eso no es robado, ese es un rescatista”, dice Juan José, un comprador que explica que hay personas que ‘rescatan’ las mejores prendas de la zona de la Cumabi y las llevan allí para venderlas a mejor precio. Siguiendo el recorrido, hay tiendas llenas de celulares y letreros que ofrecen ‘flasheo’, es decir, decodificar los teléfonos bloqueados, lo cual se oferta abiertamente en muchos puntos de la ciudad. Algunos comerciantes juegan cartas y toman licor o cerveza en lata. “¿Qué vendés?”, preguntan. 


Al llegar a la esquina de la calle 6 de Agosto, un niño de unos cinco años entrega unas monedas a un vendedor a cambio de una película de dibujos animados. Justo a la altura del rostro del niño, hay tres filas de películas pornográficas. “Si querés, te las ensayan las películas en la tele”, dice Juan José. 
La ‘movida’ es mayor en horas de la tarde, los vehículos avanzan muy lentamente porque los vendedores ambulantes están en plena calle. Es normal que los conductores compren desde las ventanillas de sus autos, demorando aún más el tráfico. 


Si se avanza unos pasos más, hay un microterritorio donde confluyen personas algo apartadas del resto, con olor a alcohol (no bebidas alcohólicas, sino alcohol) y con los ojos rojos, que ofrecen ropa muy gastada, aunque limpia. 

¿Se pueden conseguir armas?
¿De verdad es posible conseguir un arma en los cachivacheros? Bernardo A., de ocupación coreógrafo, afirma que hace un par de años, luego de haber sido atracado, un guardia le comentó que él vendía armas en un punto específico en la zona de los cachivacheros. El deportista J. Joseph N., a comienzos de año buscó un arma para cacería, pero sin éxito, aunque, preguntando en la zona, también obtuvo como referencia el mismo punto específico en los ‘cachis’. 


El exfiscal de distrito Jaime Soliz coincidió en señalar el mismo lugar como el punto donde se vendían armas, según las investigaciones realizadas en su época de autoridad. 
Se sabe que existe un ‘código’ para preguntar por ese lugar, para que no cualquier persona pueda acceder y para evitar filtrar información a agentes encubiertos. También hay la versión de que el punto o los puntos donde presumiblemente se vendían, se han trasladado. 

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